
En medio de la llanura bonaerense existe un pequeño pueblo donde las calles silenciosas, los edificios antiguos y las enormes palmeras parecen haber detenido el tiempo. Se trata de Ernestina, una localidad perteneciente al partido de 25 de Mayo que conserva una historia estrechamente relacionada con el ferrocarril.
El destino cuenta con apenas 184 habitantes, según los datos poblacionales de 2022, y se encuentra a aproximadamente 180 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires. Su tamaño permite recorrerlo caminando y descubrir rincones que recuerdan la época de mayor esplendor de los pueblos rurales.
A diferencia de otros destinos bonaerenses conocidos por sus restaurantes y ferias, Ernestina cautiva por su tranquilidad, su patrimonio arquitectónico y sus historias poco conocidas. La antigua estación, el Teatro Argentino, la iglesia neogótica y su boulevard de palmeras son sus principales atractivos.
Ernestina, el pueblo de Buenos Aires que nació con el ferrocarril
Los orígenes de la localidad se remontan a la segunda mitad del siglo XIX. En 1852, Henry Keen adquirió tierras en la región y comenzó a destinarlas a la producción agropecuaria.
Posteriormente, su hijo, Enrique Agustín Keen, continuó con la actividad rural y promovió la creación de un núcleo urbano. El pueblo fue fundado en 1896 y recibió su nombre como homenaje a Ernestina Gándara Casares de Keen, esposa de su fundador.

Al igual que sucedió con numerosas localidades bonaerenses, la llegada del ferrocarril impulsó el crecimiento económico y demográfico. Los trenes trasladaban cereales y productos del campo, pero también acercaban pasajeros, correspondencia, mercadería y noticias.
Durante sus mejores años, Ernestina contó con hotel, farmacia, correo, bares, comercios, sastrería, colegio, club y teatro. La magnitud de aquellos edificios permite imaginar la importancia que alcanzó durante las primeras décadas del siglo XX.
El boulevard que fue preparado para recibir a un príncipe
Una de las historias más llamativas del pueblo ocurrió en 1925, cuando el entonces príncipe de Gales, quien luego se convertiría brevemente en el rey Eduardo VIII, viajó en tren por la zona rumbo a la estancia Huetel.
Ante la posibilidad de que descendiera en Ernestina, el boulevard principal fue tratado con brea y alquitrán, algo extraordinario para una pequeña localidad rural de aquella época.

Durante años se afirmó que el príncipe había caminado por sus calles. Sin embargo, otros testimonios sostienen que nunca bajó del tren y continuó directamente hacia la estancia. Pese a las diferentes versiones, su paso quedó incorporado a la memoria colectiva de los habitantes.
La actual avenida San Martín conserva parte de aquella imagen señorial. El boulevard tiene aproximadamente dos cuadras y está acompañado por altas palmeras Phoenix canariensis, que habrían llegado desde las islas Canarias hacia finales del siglo XIX.
Un teatro centenario y una iglesia de estilo neogótico
Entre las construcciones más importantes sobresale el Teatro Argentino, cuya fachada de piedra y ladrillos recuerda el período de mayor actividad cultural del pueblo.
También se destaca la iglesia Nuestra Señora de Luján, inaugurada en 1912. El templo llama la atención por su estilo neogótico, sus vitrales y sus detalles ornamentales, poco habituales para una localidad de dimensiones tan reducidas.

Otro sitio fundamental es el antiguo colegio Enrique Keen, que funcionó como establecimiento pupilo. A pocos metros se encuentra la vieja estación ferroviaria, desde donde comienza el boulevard principal.
El cierre del ferrocarril que transformó al pueblo
La reducción de los servicios ferroviarios modificó profundamente la vida de Ernestina. Sin el tren, el pueblo perdió su principal conexión con las grandes ciudades y numerosos habitantes comenzaron a buscar oportunidades en otras localidades.
La mecanización de las tareas rurales también disminuyó la cantidad de puestos de trabajo. Como consecuencia, cerraron comercios, se marcharon familias y varios edificios quedaron abandonados.
A pesar de este proceso, Ernestina logró conservar una parte importante de su patrimonio. Actualmente, su atractivo reside justamente en caminar sin apuro, fotografiar las fachadas antiguas y reconstruir su historia a través de cada edificio.
Qué hacer durante una escapada a Ernestina
El recorrido puede comenzar en la antigua estación ferroviaria y continuar por la avenida San Martín. Desde allí es posible visitar el Teatro Argentino, la iglesia Nuestra Señora de Luján y el antiguo colegio.

También se puede conocer el entorno de la laguna Ernestina, un espacio rodeado por el paisaje típico de la llanura bonaerense. Antes de viajar conviene verificar las condiciones de acceso, especialmente después de jornadas de lluvia.
Debido a que se trata de una localidad muy pequeña, es recomendable llevar agua, alimentos y combustible suficiente. La oferta comercial es limitada, aunque esa característica forma parte de su ambiente tranquilo y alejado de las multitudes.
Dónde queda Ernestina y cómo llegar
Ernestina se encuentra en el partido bonaerense de 25 de Mayo, a unos 180 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires. El viaje en auto puede demandar alrededor de dos horas y media, dependiendo del tránsito y del camino elegido.
Con sus palmeras centenarias, su teatro, su iglesia neogótica y la historia del príncipe que pasó en tren, Ernestina reúne todos los elementos para una escapada distinta por la provincia de Buenos Aires. Un pueblo pequeño donde las huellas del pasado todavía permanecen visibles en cada rincón.



















