
Ricardo Iorio murió en octubre de 2023, pero algunas de sus frases siguen encontrando nuevas lecturas con el paso del tiempo. Una de ellas reapareció a partir del avance de la inteligencia artificial aplicada a la música: años atrás, durante una entrevista con Mario Pergolini en 2013, el líder de Almafuerte imaginó un programa capaz de analizar las mejores canciones de su banda y generar una nueva composición a partir de ellas. Hoy, herramientas como Suno llevan esa posibilidad a otro nivel y ya forman parte de una discusión que involucra a músicos, discográficas y empresas tecnológicas.
La inteligencia artificial ya forma parte de la discusión cotidiana sobre el futuro de la música. Las herramientas capaces de generar canciones, modificar voces, reconstruir sonidos o producir nuevas versiones a partir de indicaciones de los usuarios avanzan al mismo tiempo que la industria intenta establecer reglas sobre los derechos de los artistas y las obras utilizadas.
En ese escenario, una vieja entrevista de Ricardo Iorio con Mario Pergolini volvió a adquirir una dimensión particular. Años atrás, el músico había imaginado un programa capaz de tomar las canciones de Almafuerte y producir una nueva composición a partir de ellas.
La declaración despertó todo tipo de reacciones por la similitud entre aquella idea de Iorio y las posibilidades que hoy ofrecen las plataformas de inteligencia artificial generativa.

Qué le dijo Ricardo Iorio a Mario Pergolini
Durante aquella entrevista, Iorio le planteó a Pergolini una situación hipotética: imaginó un programa al que se le pudieran entregar las mejores canciones de Almafuerte para que a partir de ese material, generara una nueva canción.
“Si usted pusiese en ese gran programa que existe... hay un programa que vale creo un millón de dólares que pone los 35 mejores temas de Almafuerte, pone ese programa y le sale una super canción de Almafuerte ¿Lo conocía?”, le preguntó Iorio.
La respuesta de Pergolini fue directa: “No, no lo quiero”. Fiel a su estilo, Iorio insistió: “No, no lo quiero no ¡Patentalo boludo! ¿¡Qué no quiero?! Lo acabo de inventar”.
La frase quedó como una de esas ocurrencias que forman parte del archivo de entrevistas del músico. Pero con el desarrollo de la inteligencia artificial aplicada a la creación musical, la idea detrás de aquel intercambio empezó a resultar menos extraña.
De una idea imaginada a las herramientas de inteligencia artificial
El concepto que planteaba Iorio guarda relación con una de las posibilidades que ofrecen actualmente plataformas de generación musical mediante inteligencia artificial: utilizar determinadas referencias para producir una composición nueva.
Entre esas herramientas está Suno, una de las compañías que más avanzó en el desarrollo de música generativa. La plataforma permite crear canciones a partir de instrucciones y con sus nuevos modelos, incorporó herramientas de edición y generación cada vez más sofisticadas.
Además, la evolución de Suno muestra que la discusión dejó de ser solamente tecnológica. El 9 de septiembre de 2026, la compañía presentó su nueva generación de modelos V6 desarrollada en colaboración con Warner Music Group y BMG. El objetivo declarado es avanzar hacia modelos que utilicen música licenciada y establecer nuevas formas de participación y remuneración para artistas y compositores.
Es decir, aquella pregunta que Iorio formulaba en términos hipotéticos hoy se encuentra en el centro de una industria que busca determinar qué puede hacer una inteligencia artificial con la música existente, quién puede autorizarlo y quién debe recibir una compensación.
El nuevo vínculo entre las discográficas y la IA
El movimiento de Warner con Suno representó uno de los cambios más importantes en esa relación. La compañía discográfica y la plataforma de inteligencia artificial pasaron de una disputa por los derechos sobre la utilización de música a una asociación para desarrollar nuevos modelos.
Warner presentó el acuerdo como una posibilidad para generar ingresos vinculados directamente con la creación de música mediante IA, además de los ingresos tradicionales asociados al consumo de canciones. BMG también participa de esta nueva etapa, mientras que Suno anticipó una estrategia en la que los artistas puedan elegir si quieren participar de productos de inteligencia artificial y obtener ingresos por ello.
La tendencia no se limita a Warner. Universal Music Group y ElevenLabs anunciaron un acuerdo para desarrollar una plataforma de creación musical basada en un catálogo licenciado con la posibilidad de que los artistas decidan participar. El proyecto permitirá trabajar sobre canciones para crear nuevas interpretaciones, remixes y mashups.
De esta manera, las principales compañías de la industria comenzaron a explorar un camino distinto al de los primeros años de la música generativa: en lugar de discutir solamente cómo frenar la tecnología, buscan establecer mecanismos para incorporarla bajo acuerdos de licencia.
La otra cara: los músicos que cuestionan a Suno
El avance de estos acuerdos no cerró la discusión. A fines de agosto, el artista estadounidense Jason Isbell y otros artistas presentaron una demanda colectiva contra Suno. Los músicos sostienen que la plataforma permite generar canciones que imitan sus identidades y estilos sin autorización. Suno rechazó las acusaciones y sostiene que busca fomentar la creación original y que cuenta con mecanismos para impedir usos no autorizados.
El conflicto agregó otra dimensión al debate: ya no se trata solamente de determinar si una canción protegida por derechos de autor fue utilizada para entrenar un modelo, sino también de establecer hasta dónde puede llegar una herramienta cuando reproduce características reconocibles de un artista.
Por eso, mientras algunas discográficas avanzan hacia acuerdos de licencia y participación voluntaria, otros músicos continúan reclamando límites frente al uso de sus obras, sus nombres y sus identidades artísticas.

La frase de Iorio que volvió a encontrar otro contexto
Ricardo Iorio no habló de Suno, ni de los modelos generativos actuales, ni de las discusiones legales que hoy atraviesan a la industria musical. Su comentario apareció mucho antes de que estas herramientas alcanzaran el nivel de desarrollo actual, pero la idea era llamativamente concreta: introducir una serie de canciones en un programa y obtener a cambio una nueva composición.
Años después, esa escena imaginada por Iorio forma parte de una realidad tecnológica que ya no parece tan lejana. Las herramientas existen, las grandes compañías discográficas negocian con ellas y los músicos discuten cómo proteger sus obras e identidades frente a una tecnología que avanza con rapidez.























