
Hay canciones que simplemente gustan y otras que producen algo distinto: unos segundos alcanzan para que aparezcan escalofríos, se erice la piel o una sensación recorra la espalda. Ese fenómeno, conocido en la literatura científica como musical chills o frisson, fue estudiado mediante técnicas de neuroimagen y mediciones fisiológicas para entender qué sucede en el cerebro y el cuerpo durante esos momentos musicales.
La evidencia expuso que esas reacciones no son solamente una forma de hablar sobre la emoción. Durante los llamados “escalofríos musicales”, se registran cambios en variables como la frecuencia cardíaca, la respiración y la conductancia de la piel, mientras distintas investigaciones encontraron actividad en circuitos cerebrales relacionados con el placer, la emoción y la recompensa.
Qué ocurre cuando una canción provoca escalofríos
Uno de los trabajos más conocidos sobre el tema fue realizado por investigadores de la Universidad McGill y publicado en Nature Neuroscience. Los científicos analizaron qué sucedía en el cerebro de personas mientras escuchaban canciones que ellas mismas habían elegido porque les provocaban una respuesta emocional intensa.
El estudio combinó tomografía por emisión de positrones (PET) y resonancia magnética funcional (fMRI). Los resultados mostraron que la música placentera estaba asociada con la liberación de dopamina, un neurotransmisor relacionado con los mecanismos de recompensa y motivación. La actividad aparecía tanto durante la anticipación del momento musical como durante el pico de placer.
La investigación también permitió observar que distintas regiones del circuito de recompensa participan en diferentes momentos de la experiencia. En otras palabras, el cerebro no solamente responde cuando llega “esa parte” de la canción, también puede activarse mientras espera que llegue.
Ese mecanismo ayuda a explicar por qué una introducción, una melodía conocida, un cambio de armonía o el momento previo a un estribillo pueden generar tanta expectativa.

La piel de gallina también tiene una explicación física
El fenómeno no ocurre únicamente en el cerebro. Cuando aparecen los escalofríos musicales, también pueden registrarse modificaciones en el funcionamiento del sistema nervioso autónomo.
Una revisión de estudios sobre las respuestas fisiológicas asociadas a los chills encontró que estas experiencias pueden estar acompañadas por un aumento de la actividad electrodérmica, una medida vinculada con la activación del sistema nervioso simpático. También se observaron cambios en la frecuencia cardíaca y otros parámetros fisiológicos.
La llamada piel de gallina, por su parte, es una respuesta corporal que normalmente está asociada con mecanismos de regulación de la temperatura. En el caso de los escalofríos provocados por una experiencia estética, esa reacción aparece sin que necesariamente exista frío. Por eso los investigadores utilizan términos como aesthetic chills o “escalofríos estéticos” para describir estas respuestas.
Cabe resaltar que no existe una canción universal que provoque escalofríos en todas las personas. De hecho, una de las características más importantes de este fenómeno es su fuerte componente individual.
Las investigaciones encontraron que pueden estar relacionados con determinadas características musicales, pero también con la experiencia previa de quien escucha. La familiaridad, las expectativas, los recuerdos asociados a una canción y las preferencias personales pueden modificar la respuesta emocional. Por eso una misma canción puede provocar una reacción física muy intensa en una persona y resultar completamente indiferente para otra.
También hay elementos propios de la estructura musical que pueden contribuir. Cambios repentinos, contrastes de intensidad, determinadas combinaciones de sonidos y momentos que cumplen o rompen las expectativas del oyente aparecen entre los factores estudiados en la literatura científica. Un trabajo experimental, por ejemplo, encontró que al modificar las secciones de canciones que previamente habían provocado escalofríos disminuía la frecuencia de esas respuestas.

La expectativa también forma parte del placer
Una de las claves está justamente en lo que ocurre antes del momento que genera la emoción. La investigación de McGill identificó una diferencia entre la fase de anticipación y el momento de máximo placer: la dopamina aparece involucrada en ambas etapas, aunque participan distintas zonas del circuito de recompensa. Los investigadores relacionaron este mecanismo con conceptos musicales como la tensión y la resolución.
Eso permite entender por qué, en algunas canciones, el instante previo al estribillo puede resultar casi tan emocionante como el estribillo mismo. El cerebro reconoce patrones, genera expectativas y luego responde cuando esas expectativas se cumplen, se modifican o toman un camino inesperado.
De esta manera, las investigaciones sobre música y emoción muestran que la experiencia musical involucra una interacción entre procesos cerebrales y respuestas corporales. La revisión publicada en Nature Reviews Neuroscience señaló que el placer provocado por la música se relaciona con el circuito dopaminérgico mesolímbico de recompensa y con regiones vinculadas con la emoción, entre ellas la amígdala, la ínsula y distintas áreas de la corteza prefrontal.
A su vez, estudios específicos sobre los escalofríos musicales encontraron que estos picos emocionales coinciden con modificaciones fisiológicas medibles. La sensación subjetiva de “se me puso la piel de gallina” tiene, por lo tanto, un correlato corporal que puede ser registrado en un laboratorio.

Incluso investigaciones más recientes continúan estudiando por qué algunas personas tienen este tipo de respuestas con mayor frecuencia que otras y cómo influyen las características individuales en la experiencia. Un trabajo publicado en 2024, por ejemplo, señala que todavía existen preguntas abiertas sobre los mecanismos precisos que conectan las sensaciones corporales con la experiencia consciente del placer estético.
Es por eso que que muchas veces esa reacción aparece durante una canción -un escalofrío, la piel erizada o un cambio repentino en la respiración- y no es solamente una metáfora para describir cuánto nos gusta un tema, sino que es una respuesta en la que participan el cerebro, el sistema nervioso y el propio cuerpo.
Y quizás ahí esté una de las particularidades de la música: algo tan abstracto como una melodía puede terminar produciendo una reacción que, literalmente, se siente en la piel.













