
Cuando la lechuga pasa varios días en la heladera, es común que sus hojas se vean marchitas y blandas, lo que suele terminar en desperdicio. Sin embargo, el reconocido chef español Jordi Cruz compartió un método sencillo para devolverle buena parte de su textura y lograr que luzca como recién cosechada.
El procedimiento arranca sumergiendo las hojas en un recipiente con agua tibia, a unos 35 °C, durante tres o cuatro minutos. Según Cruz, este paso ayuda a “aflojar la estructura” de la lechuga, como si las hojas pasaran por “un pequeño spa vegetal”.
El secreto está en el contraste de temperaturas
Después del baño tibio, llega el momento clave: pasar las hojas directamente a un recipiente con agua muy fría o con hielo. El chef asegura que este cambio brusco de temperatura es fundamental para que la lechuga recupere su firmeza.
“Al ponerla, en vuestros dedos notaréis que coge un vigor increíble”, explicó Cruz, y agregó que la lechuga “se pone tersa, dura y súper crunchy”. El contraste térmico, según el chef, es lo que necesita la ensalada para estar “increíble”.

Cómo terminar el proceso y cuándo funciona el truco
Una vez que las hojas recuperaron textura, hay que retirarlas del agua fría y secarlas bien, ya sea con papel absorbente o con una centrifugadora para ensaladas. Es importante eliminar el exceso de agua antes de usarlas.
Cruz aclaró que este método sirve para lechugas que solo perdieron firmeza por el paso del tiempo o la deshidratación, pero no para aquellas que ya están deterioradas o en mal estado. El objetivo es devolverles frescura y crocancia antes de consumirlas.
El resultado, según el chef, puede sorprender: “Una ensalada que parece recién llegada de la huerta”.
















