
Quienes se enamoran de una casa de más de 100 años suelen enfrentar el temor de que la restauración sea un desastre o un gasto imposible. Sin embargo, la interiorista Raquel Chamorro compartió sus consejos para renovar este tipo de viviendas sin perder su esencia y sin arruinarse en el intento.
Con más de 25 años de experiencia restaurando interiores de edificios, viviendas y almacenes, Chamorro remarcó la importancia de respetar la historia de cada casa. “Son casas que tienen alma, no hay que dársela, solo sacar su brillo y recuperar la importancia que tuvieron en el pasado”, aseguró.
Los primeros pasos antes de empezar la reforma
El proceso arranca con un análisis detallado del interior, el exterior y el entorno de la vivienda. Conocer la historia y las particularidades de la zona ayuda a tomar mejores decisiones.

Chamorro recomendó valorar y conservar cualquier elemento curioso o de valor cultural y estético. “Debemos mantener todo lo que podamos restaurar, tengan o no valor económico, porque así conservamos parte de la personalidad original de la vivienda, adaptándola al siglo XXI y a los gustos del cliente”, explicó. En algunos casos, si una puerta está demasiado dañada, la solución puede ser hacer una réplica fiel.
Cómo renovar sin perder la lógica ni el estilo original
La clave está en respetar los elementos constructivos antiguos y adaptarlos a las necesidades actuales, incorporando tecnología y comodidad. Por ejemplo, las fresqueras —espacios frescos en cocinas y pasillos donde antes se guardaban alimentos— pueden tener nuevos usos sin perder su esencia.
El paso del tiempo deja huellas en las casas, pero lejos de afearlas, esas marcas aportan valor y cuentan historias.

Qué elementos vale la pena restaurar y cómo hacerlo
Columnas: Las columnas de hierro, con su basamento y capitel, son piezas de gran belleza y sostén. “Se pueden decapar y dejar en su estado original, o pintarlas de negro, plata o cobre, según el proyecto”, detalló Chamorro.
Suelos: Los pisos de madera o hidráulicos son tesoros arquitectónicos. Si no pueden salvarse, se pueden reemplazar por otros similares, manteniendo el diseño y el aire distinguido de la vivienda. Chamorro recordó una reforma en Mallorca donde destacó un suelo réplica de una abadía del siglo XI, rodeándolo con hormigón bruñido en tonos que armonizaban con el original.
Puertas de entrada: Estas puertas suelen ser únicas, pero requieren blindaje y lacado para sumar seguridad sin perder el carácter de la fachada y la escalera. Aunque es más costoso que instalar una puerta nueva, el resultado mantiene intacto el estilo original.
Mobiliario: Muchas veces, piezas antiguas aparecen olvidadas en desvanes o armarios. “Las limpiamos y les damos un uso diferente: pueden convertirse en apliques, mesas o bases de mesillas, y sumar un toque simbólico y decorativo”, señaló la interiorista.
Ventanas: Aunque suelen ser difíciles de aislar, Chamorro recomendó conservar los miradores y cristales originales, colocando ventanas nuevas por dentro para mejorar el aislamiento sin perder el impacto visual.
Textiles: Los textiles antiguos suelen perder color, pero existen firmas que reproducen diseños clásicos con materiales actuales y sostenibles. Otra opción es crear un diseño propio y estamparlo en telas lisas, logrando que el motivo combine perfectamente con el ambiente.















