
Buenos Aires tiene calles capaces de cambiar por completo su identidad en unas pocas cuadras. Una de ellas es la avenida Pueyrredón, una arteria que comienza junto a la avenida Rivadavia, frente a Plaza Miserere, atraviesa Balvanera y avanza hacia el norte hasta llegar a Recoleta.
Su recorrido conecta lo que muchos porteños consideran “dos mundos”. En un extremo aparece el ritmo acelerado de Once, con sus comercios, colectivos, galerías y miles de pasajeros. En el otro se encuentran plazas, edificios elegantes, centros culturales y algunos de los lugares turísticos más visitados de la Ciudad.
La avenida también guarda una esquina instalada en la memoria colectiva: el cruce de Corrientes y Pueyrredón, vinculado durante décadas con una famosa publicidad de compra, venta y tasación de joyas.
De Once a Recoleta: una avenida que transforma su paisaje
La avenida Pueyrredón recorre aproximadamente 27 cuadras entre Rivadavia y Presidente Figueroa Alcorta. En su trayecto cruza avenidas fundamentales, como Corrientes, Córdoba, Santa Fe, General Las Heras y Del Libertador.

Su punto inicial se encuentra en una de las zonas con mayor circulación de Buenos Aires. Alrededor de Plaza Miserere, conocida popularmente como Plaza Once, confluyen el ferrocarril Sarmiento, varias líneas de colectivos y las líneas A y H del subte.
Pero el paisaje cambia después de cruzar Córdoba. Los negocios mayoristas y las marquesinas ceden espacio a edificios residenciales, consultorios, hoteles, bares y construcciones señoriales. Así, Pueyrredón funciona como un puente entre el Once comercial y popular y la Recoleta elegante y aristocrática.
El antiguo nombre de la avenida Pueyrredón
Antes de tener su denominación actual, la avenida era conocida como Centro América. Algunos sectores también fueron llamados calle de Cueli y Anchorena. En 1902 comenzó a llevar el apellido de Juan Martín de Pueyrredón, militar, político y Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
La elección del nombre mantiene una relación con la zona. Cerca de los antiguos Corrales de Miserere, Pueyrredón reunió hombres y recursos para enfrentar a las tropas británicas durante las invasiones inglesas.
Por esta arteria también circularon tranvías de tracción a sangre, cuando Once todavía no tenía el tránsito, las torres ni el movimiento comercial que lo caracterizan en la actualidad.
El arroyo oculto debajo de Pueyrredón
Uno de sus secretos permanece bajo tierra. Debajo de un tramo de la avenida corre el antiguo arroyo Manso, también llamado Tercero del Norte.
Antes de ser entubado, atravesaba terrenos rurales y contaba con brazos que se extendían por las actuales calles Austria y Tagle hasta desembocar en el Río de la Plata.

Por entonces, Recoleta estaba formada por quintas, barrancas y zonas poco pobladas. Su nombre apareció con la llegada de los frailes recoletos, quienes construyeron el convento y la iglesia de Nuestra Señora del Pilar, inaugurada en 1732.
El área comenzó a transformarse profundamente después de la epidemia de fiebre amarilla de 1871. Las familias adineradas dejaron el sur de Buenos Aires y se trasladaron hacia las zonas más altas de Retiro y Recoleta. Allí levantaron grandes residencias y palacios de inspiración europea.
La esquina famosa por su propaganda de joyas
En el cruce de Corrientes y Pueyrredón funciona la joyería El Tasador, cuya publicidad convirtió a la ubicación en una referencia conocida por varias generaciones de argentinos.

La firma nació en Once en 1973 y se especializó en la tasación y compraventa de oro, alhajas, relojes y objetos de valor. Su local se encuentra en avenida Corrientes 2810, a metros de Pueyrredón, una dirección repetida durante años en diferentes campañas comerciales.
La línea H reforzó la unión entre los dos barrios
Actualmente, gran parte de la línea H del subte corre bajo la avenida. Sobre su recorrido se encuentran las estaciones Once, Corrientes, Córdoba, Santa Fe, Las Heras y Facultad de Derecho.
De esta manera, Pueyrredón mantiene la función que cumple desde hace más de un siglo: conectar sectores sociales, comerciales y arquitectónicos diferentes.
En apenas 27 cuadras, la avenida pasa del bullicio de Once a las barrancas de Recoleta, atraviesa importantes corredores porteños, esconde un arroyo y conserva una esquina asociada a una inolvidable propaganda de joyas. Más que una vía de circulación, es una síntesis de la historia y las contradicciones de Buenos Aires.















