Boedo vuelve a oler a pizza: la mítica pizzería de los años 70 que reabrió y revive la memoria del barrio
Allí vuelve a mandarse pizza al molde, mucha mozzarella y memoria barrial en cada porción. No es solo un regreso gastronómico: es una historia que el barrio se debía contar otra vez.

Boedo, en sus fachadas de ladrillo visto o en las ochavas, aún conservan el pulso del barrio obrero y cultural. Boedo guarda su historia también en los sabores. Y en esa geografía sentimental, la reapertura de Antonito, una pizzería nacida en los años 70, funciona como mucho más que una noticia gastronómica: es un acto de justicia con el pasado.
Ubicada en Carlos Calvo 4335, sobre una de las arterias clásicas del barrio, Antonito fue durante décadas una parada obligada para vecinos, familias y, sobre todo, para los hinchas de San Lorenzo cuando el Gasómetro todavía latía en Avenida La Plata. Ir a la cancha y después comer pizza al molde era parte de un ritual que definía a Boedo tanto como sus cafés literarios o sus bibliotecas populares.
La historia de una pizzería que nunca se fue
Antonito nació en los años 70, en una Buenos Aires atravesada por cambios sociales, culturales y políticos. Su fundador, Antonio apostó desde el inicio a una fórmula simple pero infalible: pizza al molde, abundante muzzarella y espíritu porteño.

Durante los 80 y 90, el local fue testigo de encuentros cotidianos y también de momentos extraordinarios. Músicos, periodistas, vecinos ilustres y habitués anónimos compartieron mesas sin saber que estaban construyendo patrimonio cultural. Con el paso del tiempo, los cambios de dueños y, finalmente, la pandemia, el lugar cerró. Pero en Boedo, cerrar no siempre significa desaparecer.
“El nombre seguía flotando en el barrio”, cuentan quienes trabajaron en su recuperación. Porque Antonito nunca dejó de ser un recuerdo vivo en la memoria colectiva.
Boedo: un barrio con historia, cultura y mesa compartida
Hablar de Antonito es hablar de Boedo, uno de los barrios con mayor identidad cultural de Buenos Aires. Oficializado en 1882, Boedo nació como una zona obrera y semi‑rural que con el tiempo se transformó en epicentro de literatura social, tango y vida de café.
El barrio debe su nombre al prócer Mariano Joaquín Boedo, firmante del Acta de la Independencia, y creció alrededor de la avenida homónima, que aún hoy estructura su vida comercial y social.
Boedo también fue cuna delGrupo Boedo, un movimiento literario comprometido con las problemáticas sociales, y escenario habitual de letras de tango, encuentros culturales y bodegones históricos. En ese entramado,las pizzerías siempre ocuparon un lugar central: como punto de reunión, refugio nocturno y símbolo de identidad barrial.
Recuperar el espacio, desenterrar la historia
La restauración del local fue casi arqueológica. Bajo capas de reformas modernas aparecieron techos originales, ladrillos a la vista y estructuras que devolvieron al lugar su estética auténtica. No se trató de “modernizar”, sino de volver a escuchar lo que el espacio tenía para decir.

Hoy, Antonito vuelve con una carta breve y contundente: mozzarella generosa, media masa como manda la tradición, moscato frío y porciones que se comen de pie o en mesa, como siempre se hizo en Buenos Aires. Nada de reinterpretaciones forzadas. Nada de modas pasajeras.
Cuando el barrio se reconoce en un plato
La reapertura de Antonito confirma algo que Boedo siempre supo: la identidad barrial no se declama, se practica. Está en los rituales simples, en las sobremesas, en los lugares que sobreviven al tiempo porque alguien decide no dejarlos morir.
En una ciudad donde todo parece acelerado, Boedo vuelve a poner la pausa en una porción de pizza caliente. Y Antonito, otra vez con las luces encendidas, demuestra que hay historias que no cierran aunque bajen sus persianas.
















