El faro más antiguo del país Inaugurado en 1884
El faro más antiguo del país Inaugurado en 1884 Foto: Instagram @findelmundo.gob.ar

En el extremo más austral del país, donde el viento no da tregua y el mar parece no terminar nunca, se levanta una construcción que marcó un antes y un después en la historia de la navegación argentina. No es el más fotografiado ni el más visitado, pero sí el más antiguo de la Argentina. Se trata del Faro San Juan de Salvamento, una estructura cargada de épica, naufragios, silencio y leyenda.

Dónde está el faro más antiguo de la Argentina

El Faro San Juan de Salvamento se encuentra ubicado en la Isla de los Estados, al noreste del archipiélago fueguino, provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. Esta isla, conocida como “la isla de los mil naufragios”, está separada de la Isla Grande de Tierra del Fuego por el temido estrecho de Le Maire, una de las zonas más peligrosas para la navegación marítima.

Cómo se convirtió en el verdadero “Faro del Fin del Mundo” Foto: Instagram @findelmundo.gob.ar

A diferencia de otros faros argentinos fácilmente accesibles, este se emplazó en un sitio prácticamente aislado, rodeado de acantilados, corrientes violentas y condiciones climáticas extremas. Su ubicación no fue casual: buscaba dar una última señal de orientación a los barcos que se dirigían hacia el Cabo de Hornos, uno de los pasos más temidos del mundo.

Cuándo y por qué se construyó

El faro fue inaugurado el 25 de mayo de 1884, durante la presidencia de Julio Argentino Roca, en el marco de una política de afirmación de soberanía en el sur del país. La obra estuvo a cargo de la División Expedicionaria al Atlántico Sur, comandada por el comodoro Augusto Lasserre.

En el extremo más austral de la Argentina, aislado entre vientos implacables y mares traicioneros Foto: Wikipedia

Su función era clara: reducir la enorme cantidad de naufragios que se producían en la zona y asistir a los barcos en caso de accidentes. De hecho, junto al faro funcionaban una estación de salvamento, un pequeño penal militar y viviendas para los seis fareros que se turnaban en el lugar.

Cómo era el faro original

El primer Faro San Juan de Salvamento no se parecía a las torres altas que solemos imaginar. Era una construcción octogonal de madera de lenga, de apenas cinco metros de altura, con una cúpula metálica en la parte superior. La iluminación se lograba mediante lámparas a querosén con lentes de Fresnel, una tecnología avanzada para la época pero insuficiente para ese entorno hostil.

Paradójicamente, su ubicación elevada y la constante nubosidad hacían que muchas veces la luz quedara oculta, lo que derivó en nuevos accidentes marítimos. Por este motivo, el faro fue desactivado definitivamente en 1902 y reemplazado por una señal más efectiva en la Isla Año Nuevo.

El faro que inspiró a Julio Verne

Aunque muchos turistas creen que el famoso Faro del Fin del Mundo es Les Éclaireurs, cerca de Ushuaia, lo cierto es que el faro que inspiró a Julio Verne fue San Juan de Salvamento. Su novela El faro del fin del mundo, publicada en 1905, tomó como referencia este sitio inhóspito y solitario, dándole proyección internacional a esta esquina olvidada del mapa.

El Faro San Juan de Salvamento guarda una historia de naufragios, soberanía y leyenda Foto: Instagram @findelmundo.gob.ar

Gracias a esa obra, el faro se convirtió en símbolo de aventura, resistencia y aislamiento extremo.

Reconstrucción y legado histórico

El faro original quedó en ruinas durante décadas, hasta que en 1998 fue reconstruido de manera idéntica mediante un proyecto argentino-francés impulsado por la Asociación del Faro del Fin del Mundo. Hoy funciona con energía solar y permanece automatizado, sin personal permanente.

Los restos originales se conservan en el Museo Marítimo de Ushuaia, donde pueden verse piezas auténticas del faro más antiguo del país.

Un símbolo silencioso de la historia argentina

Lejos de las grandes ciudades y del turismo masivo, el Faro San Juan de Salvamento sigue cumpliendo su función como testigo del pasado y emblema de soberanía. Es, sin discusión, una de las construcciones más importantes —y menos conocidas— de la historia argentina.