El Castillo de los Leones: el edificio “embrujado” de Belgrano que terminó de la peor manera

Fue una de las mansiones más misteriosas de Belgrano: estilo medieval, puertas tapiadas, mitos de fantasmas y un final trágico. La increíble historia del Castillo de los Leones.

Fue una de las mansiones más misteriosas de Belgrano
Fue una de las mansiones más misteriosas de Belgrano Foto: Archivo General de la Nación
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En una de las zonas más distinguidas de Belgrano, donde hoy el tránsito y los edificios modernos parecen haberse comido el pasado, alguna vez existió una construcción que durante décadas hizo correr escalofríos entre vecinos, curiosos y hasta vigilantes. El Castillo de los Leones, una residencia de impronta medieval ubicada en la actual esquina de José Hernández y Luis María Campos, fue mucho más que una rareza arquitectónica: se convirtió en una de las historias más inquietantes de la Ciudad de Buenos Aires.

Levantado a comienzos del siglo XX sobre una barranca, el inmueble no solo llamaba la atención por su estética de castillo europeo, sino también por el clima de misterio que lo rodeó desde muy temprano. El abandono repentino, las puertas tapiadas, los rumores de apariciones y el silencio de sus dueños terminaron por transformarlo en una auténtica “casa de los fantasmas” porteña.

Qué ocultaba, quiénes lo habitaron y por qué su historia todavía estremece al barrio Foto: Archivo General de la Nación

Con los años, la mansión quedó en ruinas, fue demolida y se volvió leyenda. Pero su historia sigue viva porque condensa varias obsesiones de Buenos Aires: la arquitectura perdida, los mitos urbanos, las fortunas opacas y los secretos que nadie logró explicar del todo.

Una reliquia de Belgrano: qué fue el Castillo de los Leones y por qué fue demolido

El Castillo de los Leones comenzó a construirse en 1907 y sobresalía por una estética muy poco habitual para la Buenos Aires de entonces. Tenía dos plantas, una torre octogonal con mirador, almenas, ladrillos a la vista, ventanas ojivales y una doble escalinata de acceso, lo que le daba el aspecto de una fortaleza medieval incrustada en pleno Belgrano. Su nombre surgió por las dos figuras de leones ubicadas en la entrada principal.

El Castillo de los Leones se convirtió en la “casa de los fantasmas” de Belgrano Foto: Archivo General de la Nación

La residencia fue impulsada por un commendatore italiano que, según distintas reconstrucciones históricas, había llegado al país como financista y promovía una “caja internacional mutua de pensiones”, una especie de sistema previsional privado en tiempos en los que todavía no existían cajas jubilatorias para amplios sectores del trabajo privado. Cuando ese esquema colapsó, el hombre se fundió, la propiedad quedó vacía y su figura desapareció del mapa.

Ese fue el comienzo del declive. Luego de quedar abandonado, el castillo fue subastado y pasó a manos de Teófilo Lacroze, hijo del empresario Federico Lacroze. Sin embargo, lo que parecía el rescate de una joya arquitectónica terminó alimentando todavía más el misterio: tras instalarse allí por un corto período, la familia también dejó la propiedad. No hubo explicaciones públicas claras, pero sí una decisión que marcaría la leyenda: el nuevo dueño hizo tapiar puertas, ventanas y portones.

A partir de entonces, el deterioro se aceleró. La mansión quedó clausurada, aislada y cada vez más deteriorada, mientras el barrio crecía a su alrededor. Finalmente, ya en ruinas, fue demolida en la década del 40, en el contexto de la sucesión posterior a la muerte de Teófilo Lacroze en 1941. Donde antes se levantaba ese castillo imposible, hoy hay construcciones modernas, comercios y edificios, además de establecimientos de salud en la zona.

Edificio “embrujado”: qué mitos y leyendas hacían temer a todo el barrio porteño

Si la arquitectura del castillo ya era llamativa, lo que terminó de convertirlo en mito fue el universo de relatos que crecieron a su alrededor. Con la casa cerrada y sin habitantes, los vecinos empezaron a contar que de noche se oían ruidos de cadenas, crujidos, lamentos y silbidos, como si adentro todavía hubiera una presencia imposible de apagar.

La fama de edificio “embrujado” se consolidó con versiones todavía más oscuras. Una de las más repetidas señalaba que un sereno habría muerto mientras custodiaba el lugar. Otra historia afirmaba que quienes se animaban a pasar la noche en la mansión terminaban mal, víctimas del miedo o de algún episodio inexplicable. Nada de eso pudo probarse de manera documental, pero el impacto en la imaginación barrial fue enorme.

El Castillo de los Leones se convirtió en la “casa de los fantasmas” de Belgrano Foto: Archivo General de la Nación

También circuló durante años la imagen de una mujer mulata vestida de celeste que supuestamente aparecía entre la vegetación del jardín y llegaba hasta la vereda. Esa figura, mitad fantasma y mitad fábula vecinal, reforzó el apodo de “la casa de los fantasmas”, con el que la propiedad comenzó a ser conocida en Belgrano mucho después de haber sido abandonada.

A las leyendas sobrenaturales se sumó una versión más terrenal pero igual de atractiva: según relatos citados por investigadores barriales, habría existido un pasadizo subterráneo que conectaba el castillo con el Club Belgrano, y ese túnel habría sido utilizado para ingresar a la propiedad y participar de juegos clandestinos. Verdadera o no, la historia terminó de completar el aura novelesca de la mansión.

Qué pasó con los propietarios que adquirieron esta misteriosa propiedad

La historia de sus dueños también ayudó a volver inolvidable al Castillo de los Leones. El primer propietario, el financista italiano que lo mandó a construir, quedó asociado a un emprendimiento económico fallido que habría perjudicado a numerosos ahorristas. Tras la caída de su negocio, se esfumó y la mansión quedó sin su creador, como si el edificio hubiera sido abandonado por la misma ambición que lo levantó.

Después llegó Teófilo Lacroze, que pertenecía a una familia central en la historia del transporte porteño. Pero lejos de devolverle vida a la propiedad, su paso por el lugar profundizó el enigma. Se mudó, se retiró al poco tiempo y decidió no venderla ni alquilarla, aun cuando el terreno tenía valor creciente en una zona codiciada de la ciudad. Ese gesto, tan tajante como inexplicable, alimentó durante décadas toda clase de conjeturas.

Construido en 1907 y demolido en la década del 40 Foto: Instagram @fotos.antiguas.ba

Tras la muerte de Lacroze, sus sucesores resolvieron desprenderse del inmueble, que ya estaba deteriorado y sin destino claro. La decisión derivó en la demolición del castillo, y con eso se cerró el capítulo material de una de las residencias más extrañas que tuvo Belgrano. Pero la demolición no alcanzó para borrar la leyenda: el Castillo de los Leones siguió vivo en las fotos de archivo, en la memoria oral del barrio y en la fascinación porteña por los edificios que parecen haber escondido demasiado.

Porque hay construcciones que desaparecen del mapa, pero no del todo. Y esa es, acaso, la peor manera de terminar: ser demolido, pero seguir inquietando para siempre.