
La Selección Argentina ya tiene un nuevo desafío mundialista: Egipto, un rival con presente competitivo, figuras de jerarquía internacional y una historia tan curiosa como desconocida en la Copa del Mundo. El cruce entre argentinos y egipcios por los octavos del Mundial 2026 está previsto para este martes 7 de julio, desde las 13, en Atlanta, según el calendario informado para la fase eliminatoria.
Pero detrás del equipo africano que hoy sueña con dar el golpe ante la vigente campeona del mundo, hay una anécdota que parece escrita para una película: Egipto pudo haber jugado el primer Mundial de la historia, Uruguay 1930, pero no llegó porque se le fue el barco. Sí, literalmente.
La increíble historia de Egipto en Uruguay 1930: el Mundial que no pudo jugar
El primer Mundial de fútbol se disputó en Uruguay en 1930, en un contexto completamente distinto al actual. No había vuelos chárter, logística moderna ni calendarios hiperprofesionales: para llegar desde Europa o África a Sudamérica había que cruzar el océano en barco, con viajes que podían durar más de dos semanas. FIFA recuerda que, por entonces, los vuelos comerciales transatlánticos eran excepcionales, carísimos y ligados a dirigibles, por lo que las selecciones debían trasladarse en tren y buque.

Egipto había sido invitado a participar y podía convertirse en el primer representante africano en una Copa del Mundo. Sin embargo, el mal tiempo complicó su traslado desde Egipto hacia el puerto europeo desde donde debía embarcarse rumbo a Uruguay. La delegación egipcia tenía previsto sumarse al viaje histórico que llevaría a varias selecciones hacia Montevideo, pero las demoras provocadas por una tormenta hicieron que no pudiera llegar a tiempo.
El Conte Verde, el barco que llevó la Copa del Mundo y cambió la historia
Uno de los grandes protagonistas de aquella epopeya fue el Conte Verde, un transatlántico italiano que zarpó desde Génova el 20 de junio de 1930. A bordo viajaba inicialmente la delegación de Rumania, y luego se sumaron Francia en Villefranche-sur-Mer y Bélgica en Barcelona. También iban dirigentes, árbitros mundialistas y el propio presidente de la FIFA, Jules Rimet, quien llevaba consigo el trofeo que luego se convertiría en símbolo máximo del fútbol mundial.
El barco hizo escalas en Lisboa, Madeira, Canarias y Río de Janeiro, donde subió la delegación brasileña, antes de llegar finalmente a Montevideo el 4 de julio, luego de aproximadamente 15 días de travesía. Para las selecciones europeas, el viaje fue una aventura deportiva y humana: entrenar era casi imposible, los jugadores debían mantenerse activos como podían sobre la cubierta y muchos habían tenido que pedir permisos laborales para representar a sus países.
Egipto, en cambio, quedó afuera por una cuestión logística. No fue eliminado en la cancha, no perdió una clasificación ni cayó ante otro rival: simplemente no llegó a embarcarse a tiempo.
Por qué Egipto no jugó el primer Mundial
La explicación es tan simple como insólita: una tormenta retrasó a la delegación egipcia. Al no alcanzar el barco previsto, no había otra forma realista de llegar a Uruguay antes del inicio del torneo, que comenzó el 13 de julio de 1930. En aquella edición no existían las alternativas de viaje actuales, y perder una conexión marítima podía significar perder directamente una Copa del Mundo.

Así, el Mundial inaugural terminó disputándose con 13 selecciones: Uruguay, Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú, México, Estados Unidos, Francia, Bélgica, Rumania y Yugoslavia. La presencia europea fue mínima por los costos, la distancia y la dificultad de liberar a futbolistas que, en su mayoría, todavía tenían otros trabajos fuera del fútbol.
De perder un barco a enfrentar a Argentina: el salto histórico de Egipto
Casi un siglo después, Egipto vuelve a aparecer en el camino grande de la Copa del Mundo. Esta vez, no como una selección que se quedó en el muelle, sino como un rival que llegó a una instancia histórica. En el Mundial 2026, el equipo africano avanzó a octavos tras superar a Australia por penales luego de igualar 1-1, y se ganó el derecho de enfrentar a Argentina.
El seleccionado dirigido por Hossam Hassan cuenta con nombres de peso como Mohamed Salah, emblema histórico del fútbol egipcio, y Omar Marmoush, una de sus cartas ofensivas más peligrosas. Durante el torneo, Egipto mostró orden defensivo, capacidad para competir bajo presión y una estructura preparada para apostar al contraataque.
La curiosidad que une a Argentina, Egipto y Uruguay 1930
La historia tiene un condimento especial para Argentina. En Uruguay 1930, la Albiceleste llegó hasta la final y cayó ante el anfitrión por 4-2 en el Estadio Centenario. Aquel torneo marcó el nacimiento de la obsesión mundialista y dejó relatos que todavía sobreviven: viajes interminables, barcos compartidos, pelotas discutidas y selecciones que apenas podían entrenar antes de competir.
Egipto no pudo formar parte de ese capítulo inicial por una demora climática. Argentina, en cambio, fue protagonista desde el primer día de la historia mundialista. Ahora, casi 100 años después, ambos seleccionados se cruzan en un escenario completamente diferente: estadios modernos, transmisiones globales, figuras millonarias y un fútbol que ya no depende de llegar a tiempo al puerto.
El dato histórico que pocos conocen antes del Argentina-Egipto
Mientras la previa se concentra en Salah, en el planteo de Hossam Hassan y en las decisiones de Lionel Scaloni, hay una historia que merece volver a contarse: Egipto pudo haber debutado en los Mundiales en 1930, pero el mal tiempo le hizo perder el barco y también su lugar en la primera Copa del Mundo.
Es una de esas anécdotas que explican cómo nació el torneo más importante del planeta: con improvisación, sacrificio y una épica que hoy parece imposible. Egipto, el próximo rival de Argentina, carga con una rareza única: antes de intentar eliminar al campeón del mundo, alguna vez quedó afuera del Mundial más antiguo de todos por no alcanzar una embarcación.
















