
Cada 9 de Julio, millones de argentinos recuerdan la imagen de los congresales reunidos en Tucumán para declarar la Independencia. Sin embargo, detrás de aquella escena histórica existe una protagonista que pocas veces ocupa el centro del relato: Francisca Bazán de Laguna, la mujer propietaria de la vivienda donde se realizó la sesión que cambió para siempre el destino del país.
Mientras los nombres de los diputados quedaron grabados en los libros de historia, la vida de Francisca después de aquella jornada de 1816 permanece prácticamente desconocida. Su historia permite comprender no solo cómo era la sociedad de la época, sino también el papel fundamental que tuvieron muchas mujeres en la construcción de la Argentina.
Quién era Francisca Bazán, la mujer que abrió las puertas de la historia
Francisca Bazán Esteves nació en San Miguel de Tucumán alrededor de 1744 en el seno de una familia acomodada y de gran influencia en la región. Era hija de Juan Antonio Bazán y Petrona Esteves y heredó una importante propiedad colonial que formaba parte del patrimonio familiar.

En 1762 contrajo matrimonio con el comerciante español Miguel de Laguna y Ontiveros. De esa unión nacieron varios hijos, entre ellos Nicolás Valerio Laguna Bazán, quien años más tarde tendría una destacada participación política al apoyar la Revolución de Mayo, integrar la Asamblea del Año XIII y convertirse en gobernador de Tucumán en distintas ocasiones.
La casa familiar, construida durante el siglo XVIII, era una de las residencias más importantes de la ciudad. Poseía amplios patios, numerosas habitaciones y una arquitectura característica del norte colonial, con las famosas columnas salomónicas que hoy forman parte de la identidad visual de la Casa Histórica.
Por qué se eligió su casa para el Congreso de Tucumán
Cuando las Provincias Unidas decidieron convocar un Congreso para definir el futuro político del territorio, Tucumán fue elegida por su posición estratégica. Sin embargo, la ciudad carecía de edificios públicos adecuados para alojar a los diputados.
Ante esa situación, la vivienda de Francisca Bazán apareció como una de las pocas opciones capaces de albergar las sesiones. La casa fue alquilada por las autoridades y sometida a modificaciones para crear un salón de reuniones más amplio. Para ello se derribaron paredes interiores y se unieron ambientes hasta conformar el histórico Salón de la Jura.
El 9 de julio de 1816, cuando los diputados declararon la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Francisca tenía aproximadamente 72 años.
Qué pasó con Francisca Bazán después del 9 de Julio de 1816
Tras aquella jornada histórica, la vida de Francisca continuó lejos de los grandes reflectores políticos.
A diferencia de otros protagonistas de la Independencia, no ocupó cargos públicos ni buscó notoriedad. Permaneció en Tucumán mientras el Congreso seguía funcionando temporalmente en la ciudad y luego se trasladaba a Buenos Aires en 1817.

Los registros históricos muestran que continuó vinculada a su familia y a la vida cotidiana tucumana durante los años posteriores a la Independencia. Para entonces ya era una figura respetada dentro de una de las familias más influyentes de la provincia.
Finalmente, murió en 1823, apenas siete años después de la declaración independentista. Falleció sin llegar a ver consolidado el país cuya emancipación había tenido como escenario su propia casa.
Un dato poco conocido: su casa ya había participado de la guerra antes de la Independencia
Mucho antes de convertirse en la sede del Congreso de Tucumán, la vivienda de Francisca Bazán ya había sido utilizada para colaborar con la causa revolucionaria.
Diversas investigaciones históricas indican que la propiedad sirvió como espacio de apoyo y asistencia durante el período posterior a la Batalla de Tucumán de 1812, cuando las Provincias Unidas enfrentaban la amenaza realista en el norte del territorio.
Además, desde 1815 el inmueble fue utilizado por el gobierno revolucionario para tareas administrativas, depósitos y dependencias vinculadas al esfuerzo bélico. Esto demuestra que la casa tuvo un papel relevante incluso antes de la declaración de la Independencia.
Cómo era la vida en la casa de Francisca Bazán
La vivienda colonial no era habitada únicamente por el matrimonio y sus hijos.
Según los estudios sobre la Casa Histórica, el núcleo familiar podía superar las quince personas si se contabilizaban criados, esclavos y otros integrantes de la familia extensa. La organización de los espacios reflejaba la estructura social de la época.
El primer patio estaba reservado para la familia y las visitas importantes. El segundo concentraba actividades domésticas y de servicio. Detrás se ubicaban sectores destinados a la cocina, dependencias auxiliares y áreas productivas.
Estos detalles permiten comprender que la Casa de Tucumán no era un edificio oficial, sino una residencia privada que se transformó circunstancialmente en el centro político del proceso independentista.
El destino de la histórica propiedad
Después de la muerte de Francisca, la casa permaneció durante décadas en manos de sus descendientes. Con el paso del tiempo sufrió deterioros, reformas y cambios de uso.

En 1874 el Estado Nacional adquirió el inmueble para preservar el lugar donde se había declarado la Independencia. Sin embargo, parte de la construcción original fue modificada y posteriormente demolida a comienzos del siglo XX.
El único sector que logró conservarse fue el histórico Salón de la Jura. A partir de fotografías, planos y documentos de época, la Casa Histórica fue reconstruida en 1943 para recuperar el aspecto colonial que hoy conocen los visitantes.
El legado de una mujer que cambió la historia argentina
Francisca Bazán nunca fue diputada, militar ni dirigente política. Sin embargo, su nombre quedó unido para siempre al nacimiento de la Nación argentina.
Su aporte fue silencioso, pero decisivo. En tiempos de incertidumbre, guerras y divisiones internas, puso a disposición una propiedad que terminó convirtiéndose en el escenario de uno de los momentos más trascendentales de la historia nacional.
Dos siglos después, millones de personas reconocen la fachada de la Casa Histórica de Tucumán, pero pocos conocen el destino de la mujer que vivió entre esos muros y que fue testigo privilegiada del nacimiento de un país.
Sin Francisca Bazán, probablemente la imagen más emblemática del 9 de Julio no existiría tal como la conocemos hoy. Su legado demuestra que la historia argentina también fue construida por mujeres cuyos nombres merecen ser recordados mucho más allá de las efemérides.

















