
La historia escolar suele presentar la Revolución de Mayo como un enfrentamiento directo entre criollos y españoles. Sin embargo, el 25 de mayo de 1810 dejó una escena mucho más compleja: dentro de la Primera Junta también hubo españoles que participaron del nacimiento del primer gobierno patrio. La Primera Junta quedó formada el 25 de mayo de 1810 tras la destitución del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, en el marco de la crisis política abierta por la caída de la Junta Central en España y la prisión de Fernando VII por Napoleón.
La Revolución de Mayo no fue tan simple como parece
Durante años, el relato más repetido señaló que los criollos querían liberarse de España y que los españoles defendían el antiguo orden colonial. Pero los hechos muestran una realidad con más matices: la Primera Junta tuvo nueve integrantes y dos de ellos habían nacido en España. Juan Larrea y Domingo Matheu, ambos catalanes, fueron vocales del gobierno surgido en Buenos Aires el 25 de mayo de 1810.
Este detalle cambia la forma de mirar la Revolución de Mayo. No se trató únicamente de una división por lugar de nacimiento, sino de una disputa por el poder político, el comercio, la soberanía y el futuro del Virreinato del Río de la Plata. La Junta decía gobernar en nombre de Fernando VII, aunque muchos historiadores interpretan esa fórmula como una estrategia política conocida como la “máscara de Fernando VII”.
Juan Larrea, el catalán que ayudó a financiar la Revolución
Uno de los casos más llamativos fue el de Juan Larrea, nacido en Mataró, Cataluña, en 1782. Llegó al Río de la Plata a comienzos del siglo XIX y rápidamente se vinculó con el comercio porteño. Además de comerciante, tenía conocimientos marítimos y participó en la defensa de Buenos Aires durante las Invasiones Inglesas como parte de cuerpos de voluntarios catalanes.

Larrea no fue una figura decorativa. Su importancia estuvo ligada a sus recursos, sus contactos comerciales y su capacidad para aportar al nuevo orden político. Fue vocal de la Primera Junta y, años después, integró la Asamblea del Año XIII, donde se impulsaron medidas como la eliminación de títulos nobiliarios y la prohibición de la tortura. También se lo recuerda por su vínculo con la organización de la primera escuadra naval argentina, clave para enfrentar a Montevideo, bastión realista en el Río de la Plata.
Su historia revela un dato potente: la Revolución necesitó oradores, militares y abogados, pero también comerciantes capaces de financiar decisiones urgentes. En una Buenos Aires todavía pequeña, donde el comercio era una de las llaves del poder, hombres como Larrea eran fundamentales.
Domingo Matheu, el otro español de la Primera Junta
El segundo español que ocupó un lugar central fue Domingo Matheu, también nacido en Mataró. Al igual que Larrea, era catalán, comerciante y participó en la defensa de Buenos Aires durante las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807. Ambos formaron parte de la Compañía de Miñones catalanes, un cuerpo integrado por hombres de origen catalán que tuvo actuación militar en la ciudad.

Matheu fue vocal de la Primera Junta y aportó recursos para sostener al flamante gobierno. También se lo vincula con tareas de abastecimiento, fabricación de armas y uniformes, áreas vitales para un proceso revolucionario que pronto debió defenderse militarmente. Más tarde llegó a presidir la Junta Grande, luego de la salida de Cornelio Saavedra.
Su presencia demuestra que no todos los españoles residentes en Buenos Aires defendían los mismos intereses. Algunos estaban ligados al comercio local y veían en el cambio político una oportunidad para romper restricciones económicas del viejo sistema colonial.
Por qué dos españoles apoyaron una revolución contra el poder virreinal
La clave está en el contexto. En 1810, España atravesaba una crisis profunda por la invasión napoleónica, la prisión de Fernando VII y la incertidumbre sobre quién tenía autoridad legítima para gobernar. Esa situación permitió que en América se planteara una pregunta decisiva: si el rey estaba cautivo, ¿quién debía ejercer la soberanía?

En Buenos Aires, esa discusión se expresó en el Cabildo Abierto del 22 de mayo y terminó con la formación de un gobierno propio el 25 de mayo. Juan José Castelli defendió la idea de la retroversión de la soberanía, según la cual, ante la ausencia del monarca legítimo, el poder volvía al pueblo.
Para comerciantes como Larrea y Matheu, el cambio político también tenía una dimensión económica. El monopolio comercial español limitaba operaciones y beneficios, mientras que la apertura del comercio aparecía como una alternativa atractiva para sectores mercantiles de Buenos Aires.
El dato que modifica la mirada sobre el 25 de Mayo
La presencia de españoles en la Primera Junta permite entender que la Revolución de Mayo no fue una pelea lineal entre “americanos” y “europeos”. Fue una disputa entre proyectos políticos y económicos distintos, atravesada por intereses locales, crisis internacionales y vínculos personales.
La Junta estuvo integrada por Cornelio Saavedra como presidente; Mariano Moreno y Juan José Paso como secretarios; y Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Domingo Matheu y Juan Larrea como vocales.
Larrea y Matheu fueron españoles, catalanes, comerciantes y revolucionarios. Ese dato, muchas veces olvidado, muestra que el inicio del camino hacia la independencia argentina fue más amplio, contradictorio y humano que la postal del Cabildo bajo la lluvia. La Revolución de Mayo no solo abrió una nueva etapa política: también dejó al descubierto que la historia argentina nació de alianzas inesperadas, tensiones internas y decisiones tomadas en medio de una crisis mundial.


















