Las últimas horas de Evita: el pedido a Perón, el voto femenino y el país que quedó en silencio

Evita murió el 26 de julio de 1952, pero sus últimas horas todavía conmueven: enfermedad, poder, amor por los humildes y un pedido final que quedó grabado en la historia argentina.

Eva Perón
Eva Perón Foto: Archivo
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El 26 de julio de 1952, a las 20.25, la Argentina recibió una noticia que paralizó al país: Eva Duarte de Perón había muerto a los 33 años en la residencia presidencial, víctima de un cáncer de cuello uterino que avanzó con crudeza durante sus últimos meses. La comunicación oficial anunció que la llamada “Jefa Espiritual de la Nación” había fallecido, y desde entonces esa hora quedó grabada en la memoria política y popular argentina.

Evita, la mujer que entendió que su final estaba cerca

En sus últimas horas, Evita ya no era solo la primera dama más influyente de la historia argentina: era una figura consumida por la enfermedad, pero todavía consciente del impacto simbólico de cada gesto. Según reconstrucciones históricas, había llegado a pesar cerca de 37 kilos y atravesaba dolores intensos, tratados con morfina, mientras su salud se deterioraba de manera irreversible.

Último 17 de octubre de Eva Perón en 1951
Último 17 de octubre de Eva Perón en 1951

Durante la noche previa a su muerte, quienes la acompañaban percibieron que Eva sabía que el desenlace era inminente. Aun en ese estado, conservó una preocupación central: Perón y los sectores populares. De acuerdo con testimonios citados en reconstrucciones periodísticas e históricas, una de sus últimas advertencias a Juan Domingo Perón habría sido no abandonar nunca a los pobres, a quienes consideraba el sostén más fiel del movimiento que ambos habían construido.

El pedido indeclinable a Perón y una frase que quedó en la historia

El vínculo entre Evita y Perón fue político, afectivo y estratégico. Ella no ocupó un cargo formal de gobierno, pero su influencia fue decisiva en áreas vinculadas al trabajo, la asistencia social, la movilización femenina y el vínculo directo con los sectores populares. Britannica la define como una líder política no oficial, venerada por las clases trabajadoras y clave en la aprobación del sufragio femenino en la Argentina.

En ese contexto, el pedido final a Perón condensaba una idea que atravesó toda su vida pública: la lealtad hacia los “descamisados”. Para Evita, la política no era solo una estructura partidaria, sino una relación emocional y directa con quienes se sentían históricamente excluidos. Por eso, sus últimas palabras atribuidas a esa preocupación social fueron interpretadas como una especie de testamento político.

La enfermedad que avanzó mientras ella seguía en escena

Los primeros síntomas serios habían aparecido años antes: cansancio extremo, anemia, hemorragias y dolores persistentes. Su diagnóstico terminó de confirmarse en 1951, cuando fue operada en el Hospital Presidente Perón de Avellaneda por el cirujano estadounidense George Pack, especialista vinculado al Sloan-Kettering Cancer Center de Nueva York. La enfermedad ya estaba avanzada y su recuperación era cada vez más improbable.

A pesar del cuadro clínico, Evita insistió en participar de momentos centrales de la vida política nacional. El 1 de mayo de 1952 habló por última vez desde el balcón de la Casa Rosada, en un acto por el Día del Trabajador. Poco después, el 4 de junio, apareció públicamente en la asunción del segundo mandato presidencial de Perón, sostenida físicamente para poder permanecer de pie.

El voto femenino, una conquista que marcó su legado

Uno de los hitos más importantes asociados a Evita fue la sanción de la Ley 13.010, que reconoció los derechos políticos de las mujeres argentinas. La norma fue sancionada el 9 de septiembre de 1947 y publicada en el Boletín Oficial el 27 de septiembre de ese mismo año. Su artículo primero estableció que las mujeres argentinas tendrían los mismos derechos políticos y obligaciones que los varones argentinos.

Eva Perón, voto femenino, Día de la Mujer
Eva Perón, voto femenino, Día de la Mujer

La primera elección presidencial en la que votaron las mujeres fue la de 1951. Evita, ya internada y debilitada por la enfermedad, emitió su voto desde una cama de hospital. Esa imagen se convirtió en una de las postales más potentes del siglo XX argentino: la mujer que había impulsado la ampliación de derechos políticos participaba, enferma, del primer comicio nacional con sufragio femenino efectivo.

La coquetería final: el detalle íntimo que no quiso abandonar

Incluso en el tramo final de su vida, Evita cuidó su imagen pública. La reconstrucción de sus últimas horas incluye un gesto íntimo y revelador: habría pedido que, tras su muerte, le quitaran el esmalte rojo de las uñas y las dejaran con un brillo natural. Ese detalle, lejos de ser menor, muestra hasta qué punto entendía el poder de la imagen, la puesta en escena y la memoria visual.

La muerte de Eva Perón paralizó al país y abrió uno de los capítulos más emotivos de la historia argentina
Eva Perón Foto: Archivo

La estética de Evita fue parte de su construcción política. Sus vestidos, sus peinados, sus joyas y su manera de aparecer ante las multitudes formaban parte de una identidad pública que combinaba cercanía popular con solemnidad institucional. En sus últimos días, esa preocupación por cómo sería recordada convivió con la fragilidad extrema de su cuerpo.

El país en duelo: radios, luto y un velorio multitudinario

Tras el anuncio oficial, el Gobierno decretó duelo nacional y luto oficial. Las radios modificaron su programación y durante días la muerte de Evita ocupó el centro absoluto de la vida pública. El comunicado oficial fue emitido por la Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia y notificó al país el fallecimiento a las 20.25 del 26 de julio de 1952.

El funeral de Eva duró 16 días
Velorio de Evita Perón Foto: Archivo

El velatorio se transformó en un fenómeno de masas. Millones de personas se acercaron para despedirla y las ceremonias se extendieron durante varios días, con escenas de dolor popular que marcaron a una generación. La BBC registró que su cuerpo fue llevado al Ministerio de Trabajo y Previsión, un lugar cargado de simbolismo porque desde allí Evita había construido buena parte de su relación con sindicatos, trabajadores y sectores humildes.

Un cuerpo, una disputa y una memoria que sigue viva

La historia no terminó con su muerte. Tras el derrocamiento de Perón en 1955, el cuerpo embalsamado de Evita fue ocultado, trasladado y enterrado en secreto bajo una identidad falsa en Italia. Recién años después fue recuperado por Perón, y finalmente quedó en el Cementerio de la Recoleta, donde todavía hoy recibe flores y visitas.

A más de siete décadas de su muerte, Evita sigue siendo una de las figuras más intensas, discutidas y recordadas de la historia argentina. Su vida condensó poder, tragedia, ascenso social, militancia, devoción popular y conflicto político. Sus últimas 24 horas no solo narran el final de una mujer joven frente a una enfermedad implacable: también explican por qué su nombre continúa ocupando un lugar central en la memoria nacional.

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