
En el corazón de la Ciudad de Buenos Aires, entre la identidad barrial, el fútbol de potrero y la memoria colectiva argentina, aparece una historia que pocos conocen en profundidad: la del Club Atlético All Boys y su estadio Islas Malvinas, un nombre que no nació por casualidad, sino como una marca imborrable de época, pertenencia y sentimiento nacional.
All Boys fue fundado el 15 de marzo de 1913 en Floresta por un grupo de jóvenes apasionados por el fútbol. La institución nació originalmente como All Boys Athletic Club, en un contexto en el que muchos clubes argentinos adoptaban nombres en inglés, una moda heredada de los orígenes británicos del deporte en el país. El nombre elegido tenía una explicación tan simple como poderosa: sus fundadores eran “todos muchachos”, expresión que, traducida al inglés, terminó dando vida al histórico All Boys.
Aquella decisión, tomada por jóvenes del barrio, terminó construyendo una identidad que sobrevivió más de un siglo. El “Albo” o “Blanquinegro”, como se lo conoce popularmente, creció ligado a Floresta, aunque su estadio actual se encuentra en Monte Castro, en una zona que los hinchas siguen sintiendo como parte de su mapa emocional.
De los baldíos al sueño propio: los primeros pasos de All Boys
Como tantos clubes argentinos nacidos a comienzos del siglo XX, All Boys fue mucho más que un equipo de fútbol. Fue, primero, una excusa para reunirse, organizarse y competir contra otros barrios. En sus primeros años, la institución utilizó terrenos cedidos y canchas provisorias, hasta consolidar una vida deportiva cada vez más fuerte.

El primer campo importante estuvo en la zona de Gaona, Segurola, Morón y Sanabria, donde se levantaron estructuras básicas para que los jugadores pudieran cambiarse y jugar. Décadas después, el club se instaló en Segurola, una sede clave en su historia, hasta que la necesidad de mudarse abrió paso al gran proyecto: construir una nueva casa.
Ese proceso no fue sencillo. La historia del estadio actual comenzó en 1959, cuando se le otorgaron al club los terrenos comprendidos entre Mercedes, Miranda, Chivilcoy y Álvarez Jonte. Allí empezaría a tomar forma el estadio que hoy es símbolo del pueblo blanquinegro.
La inauguración del estadio: una fiesta de barrio con goleada histórica
El actual estadio de All Boys fue inaugurado el 28 de septiembre de 1963. Ese día, el equipo enfrentó a Deportivo Riestra y celebró su nueva casa con una goleada inolvidable: 7 a 0. Los goles fueron convertidos por Cesáreo Cortón, Héctor Sorroche y Fernando Marchesi, en una jornada que quedó grabada en la memoria del club.

El estadio, en sus comienzos, tenía apenas dos tribunas: una de tablones, heredada del antiguo campo de Segurola, y otra de cemento sobre la calle Mercedes. Detrás del arco que daba a Álvarez Jonte había un amplio playón que, con el tiempo, también sería parte de la vida social del club, especialmente por sus recordados carnavales.
Esa cancha no solo representaba ladrillos, tribunas y césped. Para All Boys significaba haber conseguido algo propio, construido con esfuerzo dirigencial, aporte de socios e hinchas, y una enorme voluntad colectiva.
Por qué el estadio de All Boys se llama Islas Malvinas
El dato que convierte a la cancha de All Boys en una de las más particulares del fútbol argentino es su nombre. Aunque el estadio fue inaugurado en 1963, recién en 1982 fue bautizado oficialmente como Estadio Islas Malvinas, luego del conflicto bélico entre Argentina y el Reino Unido.

De acuerdo con la historia institucional del club, durante la presidencia de Graciano Corniola, la dirigencia decidió nombrar al estadio en homenaje a las Islas Malvinas. El 24 de abril de 1982, antes de un partido frente a Defensores de Belgrano, se descubrió una plaqueta que dejó formalizado el nombre que permanece hasta la actualidad.
Desde entonces, cada vez que All Boys juega de local, no solo se menciona una cancha: se evoca una causa profundamente arraigada en la memoria nacional argentina. El nombre Islas Malvinas transformó al estadio en un espacio donde fútbol, historia y sentimiento patrio conviven en la misma tribuna.
Un estadio que creció con sus hinchas
Con el paso de los años, el Islas Malvinas fue cambiando su fisonomía. Tras el ascenso a Primera División en 1972, se realizaron ampliaciones en las cabeceras. Luego llegaron nuevas obras, remodelaciones y mejoras que acompañaron los distintos momentos deportivos e institucionales del club.
En 1998 se instaló iluminación artificial, un paso clave para modernizar el estadio. Más adelante, socios e hinchas impulsaron nuevas tribunas mediante rifas, cenas, donaciones y compra de materiales. Esa característica define como pocas cosas al universo All Boys: la cancha también fue levantada “a pulmón”.
En los años 2000 se concretaron nuevas obras, entre ellas la construcción de tribunas de cemento y la adecuación de sectores internos. Ya para 2010, con el equipo nuevamente en Primera División, se realizaron modificaciones en la platea baja, se instalaron más cabinas de transmisión y se adaptaron sectores para recibir la máxima categoría.
Más que una cancha: patrimonio, barrio y memoria
El Estadio Islas Malvinas no es únicamente el escenario donde All Boys disputa sus partidos. Es un símbolo cultural de Floresta y Monte Castro, un punto de reunión para generaciones de familias, socios e hinchas que heredaron el amor por el club de padres a hijos.
En 2023, al cumplirse 60 años de su inauguración, el club recordó que el estadio había sido testigo de más de mil partidos, cientos de victorias, goles históricos, fútbol femenino, eventos sociales y actividades culturales. Ese recorrido demuestra que la cancha fue mucho más que el lugar de los domingos: fue una extensión del barrio.
All Boys también mantiene viva su historia a través de recorridas institucionales, muestras de camisetas y acciones que refuerzan el valor patrimonial del club. En una de esas actividades, la institución destacó el rol del Islas Malvinas como espacio de memoria, integración y pertenencia comunitaria.
La identidad blanquinegra que resiste al tiempo
Más de 110 años después de aquella reunión de jóvenes fundadores, All Boys sigue llevando en su nombre la huella de esos “todos muchachos” que soñaron con tener un club propio. Y más de cuatro décadas después de 1982, su estadio continúa recordando a las Islas Malvinas cada vez que la pelota empieza a rodar.
La historia del Albo tiene algo profundamente argentino: nació de un grupo de amigos, creció con el esfuerzo de sus vecinos, sufrió mudanzas, crisis y reconstrucciones, y encontró en su estadio una forma de decir quién es.


















