
Ramos Mejía es movimiento. Es el sonido del tren, las veredas llenas, los comercios y las mesas que comienzan a ocuparse cuando cae la tarde. Sin embargo, antes de convertirse en uno de los centros urbanos más importantes de Zona Oeste, este rincón de La Matanza estaba dominado por chacras, caminos de tierra y enormes casas quintas.
La localidad celebra su aniversario cada 28 de agosto, aunque detrás de esa fecha existe una particularidad: en 1858 no se fundó formalmente el pueblo, sino que comenzó el proceso que transformaría para siempre la zona. El verdadero punto de partida fue la llegada del Ferrocarril del Oeste y la instalación de una estación en terrenos de la familia Ramos Mejía. La delimitación del pueblo se produciría años más tarde.
El tren que cambió para siempre a Ramos Mejía
Las tierras pertenecían a la familia Ramos Mexía, propietaria de la histórica Chacra de los Tapiales. Tras la muerte de Francisco Hermógenes Ramos Mejía, su esposa, María Antonia Segurola, heredó una parte importante de la propiedad.

Cuando se conoció que el ferrocarril atravesaría esos terrenos, Segurola cedió el espacio necesario para construir una estación. Aquella decisión permitió que la actividad comenzara a concentrarse alrededor de las vías.
La estación fue inaugurada el 25 de septiembre de 1858 y se convirtió en la primera parada ferroviaria instalada fuera de los límites de la actual Ciudad de Buenos Aires. En sus comienzos se llamó General San Martín; durante un breve período fue denominada Lavalle y luego adoptó el nombre de Ramos Mejía.
Hasta allí llegaba La Porteña, una locomotora que arrastraba una pequeña formación de pasajeros. A su alrededor todavía no había edificios ni grandes avenidas: predominaban los caminos rurales, los puestos de estancia, las arboledas y antiguos establecimientos como la pulpería La Blanqueada.
De las antiguas quintas a un pueblo en crecimiento
Después de la muerte de María Antonia Segurola, en 1860, las tierras fueron divididas entre sus herederos. Poco después comenzó a organizarse el trazado del futuro pueblo, aunque documentos históricos sitúan sus pasos fundacionales durante la década de 1870.

Hacia fines del siglo XIX aparecieron las primeras casas quintas, rodeadas de eucaliptos, jardines y árboles frutales. Eran elegidas por familias porteñas que buscaban descanso y tranquilidad lejos del centro de Buenos Aires.
La cercanía con la Capital y la conexión ferroviaria aceleraron el crecimiento. Durante las primeras décadas del siglo XX se multiplicaron los loteos y llegaron nuevas familias, muchas de ellas de origen europeo.

Entre los años 30 y 40, la industrialización modificó nuevamente su perfil. Las fábricas textiles, entre ellas Hilandería Danubio, San Marco y Bossi, ayudaron a convertir a Ramos Mejía en un polo productivo y atrajeron habitantes provenientes de diferentes lugares del país.
El vínculo oculto entre Ramos Mejía y Juan Domingo Perón
Uno de los capítulos menos conocidos de la historia ramense está relacionado con la familia de Juan Domingo Perón.
Su abuelo paterno, el médico y legislador Tomás Liberato Perón, tuvo una casa quinta ubicada a unas diez cuadras de la estación. Allí descansaba, cultivaba rosas y participaba de la vida social de la comunidad. También figuró como socio protector de la Sociedad de Socorros Mutuos de Matanza, fundada en 1887.

Existen, además, registros parroquiales vinculados con la familia. Tomás Liberato Perón contrajo matrimonio con Dominga Dutey en 1881 y murió en Ramos Mejía el 1 de febrero de 1889, como consecuencia de una neumonía.
El vínculo se vuelve todavía más significativo porque Juan Domingo Perón habría pasado parte de su infancia en la quinta de su abuelo, bajo el cuidado de su abuela paterna. De esta manera, Ramos Mejía formó parte del entorno familiar del hombre que décadas después llegaría tres veces a la Presidencia de la Nación.
Ramos Mejía se convierte en ciudad
El crecimiento comercial, industrial y residencial llevó a que el 17 de septiembre de 1964 Ramos Mejía fuera declarada ciudad mediante la Ley provincial 6.802. Para entonces, el antiguo pueblo ferroviario ya era uno de los núcleos más importantes de La Matanza.
Entre sus edificios históricos se destaca la Casa de Cultura Miguel Carlos Victorica, inaugurada en 1964. Un año después abrió el Teatro Municipal Leopoldo Marechal, que todavía ocupa un lugar central en la actividad cultural local.
La estación también continúa siendo uno de sus grandes símbolos. Todos los días recibe a miles de pasajeros y recuerda que el origen de la ciudad estuvo directamente relacionado con la expansión del ferrocarril.
De “ciudad del comercio” a polo gastronómico de Zona Oeste
Con el paso de los años, Ramos Mejía consolidó una nueva identidad. Su centro comercial, desplegado alrededor de la estación, la avenida Rivadavia y la avenida de Mayo, se convirtió en uno de los más convocantes del oeste bonaerense.
La apertura de restaurantes, cafeterías, bares y cervecerías impulsó una vida nocturna tan intensa que comenzó a ser conocida como la “Palermo del Oeste”. Sin embargo, Ramos Mejía tiene una personalidad propia: combina gastronomía, comercio, cultura e historia en pocas cuadras.

Hoy, detrás de una fachada moderna todavía puede aparecer una casa antigua. Junto a los nuevos edificios sobreviven construcciones de otras épocas y, debajo del ruido cotidiano, permanece la huella del tren que llegó en 1858.
Ramos Mejía nació entre quintas, creció alrededor de las vías, alojó a la familia de Perón y terminó convertida en el gran circuito gastronómico de Zona Oeste. Su secreto mejor guardado es que, aunque cambió casi todo, nunca dejó de construir su identidad alrededor de la historia.




















