
La relación entre Argentina y Reino Unido atraviesa un nuevo momento de tensión. El Gobierno argentino intimó a Londres a detener las operaciones vinculadas con el proyecto petrolero Sea Lion, previsto en la Cuenca Malvinas Norte, y anunció que podría avanzar con un procedimiento de arbitraje internacional.
El nuevo cruce expuso una relación marcada por una disputa territorial todavía abierta. Sin embargo, la historia presenta una llamativa paradoja: en 1902, Reino Unido no fue una de las partes del conflicto, sino el árbitro elegido para resolver una controversia que había llevado a Argentina y Chile al borde de la guerra.
A finales del siglo XIX, los países vecinos mantenían fuertes diferencias por sus límites en la Cordillera de los Andes y la Patagonia. La complejidad del terreno impedía establecer una frontera aceptada por ambas naciones y la discusión comenzó a trasladarse del terreno diplomático al militar.
Argentina y Chile fortalecieron sus fuerzas y protagonizaron una costosa carrera armamentista naval. En ese contexto, el Gobierno británico fue convocado para encontrar una salida pacífica.
El tratado que no logró resolver la frontera
El origen de la disputa se encontraba en el Tratado de Límites de 1881, firmado para establecer las bases de la extensa frontera compartida. El acuerdo indicaba que el límite debía avanzar por la Cordillera siguiendo las cumbres más elevadas que dividieran las aguas.
La fórmula parecía clara sobre el papel, pero era difícil aplicarla en el terreno. Las montañas más altas no siempre coincidían con la separación de las cuencas hidrográficas.

Argentina defendía principalmente el criterio de las altas cumbres, mientras que Chile privilegiaba la divisoria continental de aguas. La diferencia afectaba lagos, valles y extensas regiones patagónicas de gran importancia estratégica.
Los trabajos de demarcación aumentaron las discrepancias. La controversia alcanzaba sectores como la cuenca del lago Lácar, la región entre Nahuel Huapi y el lago Viedma, el paso de San Francisco y las inmediaciones del seno de Última Esperanza.
Argentina y Chile estuvieron cerca de una guerra
Durante la década de 1890, la tensión se trasladó al plano militar. Los dos países compraron buques de guerra y ampliaron sus escuadras en una competencia que consumió importantes recursos económicos.
Una guerra en la Cordillera habría representado enormes dificultades logísticas, pero también podía provocar enfrentamientos navales y alterar el equilibrio político regional.
Frente a ese escenario, el 17 de abril de 1896, ambos gobiernos acordaron que las diferencias que no pudieran resolver sus especialistas serían sometidas a una decisión británica. La controversia fue presentada durante el reinado de la reina Victoria, aunque la resolución llegaría después de su muerte.
El Abrazo del Estrecho anticipó una salida pacífica
Mientras Reino Unido analizaba los argumentos, Argentina y Chile protagonizaron un gesto político que ayudó a disminuir la tensión.
El 15 de febrero de 1899, el presidente argentino Julio Argentino Roca se reunió con su par chileno, Federico Errázuriz Echaurren, frente a Punta Arenas. El encuentro pasó a la historia como el Abrazo del Estrecho.

La reunión no estableció una nueva frontera, pero demostró la voluntad de evitar un enfrentamiento. También fue un antecedente de los Pactos de Mayo, firmados el 28 de mayo de 1902 para consolidar la relación bilateral, establecer mecanismos de arbitraje y frenar la carrera armamentista.
Un rey británico definió la frontera en 1902
Reino Unido no tomó su decisión únicamente a partir de mapas. Una comisión británica recorrió sectores del territorio, examinó los accidentes geográficos y evaluó las propuestas presentadas por ambos gobiernos.
Finalmente, el 20 de noviembre de 1902, el rey Eduardo VII emitió el histórico laudo arbitral. La resolución no aceptó completamente ninguna de las interpretaciones enfrentadas, sino que estableció una línea de compromiso adaptada a la geografía de cada región.

El fallo adjudicó a Argentina la cuenca del lago Lácar y varios valles cordilleranos, entre ellos Cholila, Corcovado y la Colonia 16 de Octubre. Chile recibió otras áreas relacionadas con las cuencas inferiores de distintos ríos patagónicos.
Algunos lagos quedaron atravesados por el límite internacional. El ejemplo más conocido es el lago llamado San Martín en Argentina y O’Higgins en Chile, compartido actualmente por ambos países.
La decisión que cambió el mapa de la Patagonia
El laudo británico permitió ordenar una parte fundamental de la frontera y contribuyó a desactivar un conflicto de consecuencias imprevisibles. Sin embargo, la paz no dependió exclusivamente de Reino Unido. También fueron fundamentales las negociaciones diplomáticas, los acuerdos bilaterales y la decisión de los dos gobiernos de aceptar el arbitraje.
Más de un siglo después, la controversia por las Islas Malvinas ofrece un fuerte contraste histórico. Mientras Argentina mantiene una disputa de soberanía con Reino Unido, en 1902 aceptó, junto con Chile, que Londres actuara como árbitro de sus diferencias.
Reino Unido no trazó por sí solo toda la frontera entre Argentina y Chile, pero su intervención fue decisiva para resolver uno de los capítulos territoriales más delicados de la Patagonia. El fallo de Eduardo VII modificó el mapa regional y demostró que, incluso cuando los países se preparaban para combatir, todavía era posible encontrar una salida diplomática.




















