
Durante la primera mitad del siglo XX, el mapa argentino incluyó una división territorial que hoy pocos recuerdan. Estaba ubicada en una de las regiones más inhóspitas del país, había surgido después de una disputa con Bolivia y Chile y desapareció sin llegar a convertirse oficialmente en provincia.
Se trataba del Territorio Nacional de Los Andes, una gobernación que existió entre 1900 y 1943 sobre una superficie superior a los 60.000 kilómetros cuadrados. Aunque suele ser mencionada como una provincia desaparecida, técnicamente dependía del Gobierno nacional y era administrada por funcionarios designados desde Buenos Aires.
Su creación respondió a razones estratégicas. La Argentina necesitaba consolidar su soberanía sobre la Puna de Atacama, una región de límites recientemente definidos que también despertaba interés por sus recursos minerales.
Cuál fue la provincia argentina que existió durante 43 años
La división desaparecida fue el Territorio Nacional de Los Andes, creado el 31 de enero de 1900 mediante la Ley 3906.
Su origen se relacionó directamente con la disputa por la Puna de Atacama. Durante la época colonial, la zona había dependido de la Intendencia de Potosí. Después de las independencias quedó vinculada a Bolivia, pero su situación cambió con la Guerra del Pacífico, iniciada en 1879, cuando Chile ocupó parte del territorio boliviano.

En 1889, la Argentina y Bolivia firmaron un tratado de límites. El Gobierno argentino abandonó sus reclamos sobre Tarija y recibió los derechos bolivianos sobre una parte de la Puna. Sin embargo, esas tierras estaban controladas por Chile.
La controversia fue resuelta en 1899, con la participación del diplomático estadounidense William Buchanan. El acuerdo dividió el territorio disputado entre la Argentina y Chile. Un año después, sobre la fracción oriental incorporada al país, se creó la Gobernación de Los Andes.
Dónde estaba ubicada la provincia extinta de la Argentina y cómo fue la participación territorial
El territorio se extendía por la Puna argentina, una región situada a más de 3.600 metros sobre el nivel del mar, caracterizada por su extrema aridez, sus salares, volcanes, fuertes vientos y grandes amplitudes térmicas.
Abarcaba áreas que actualmente pertenecen a Jujuy, Salta y Catamarca. Estaba dividido en cuatro departamentos: Susques, Pastos Grandes, Antofagasta de la Sierra y San Antonio de los Cobres.

Su enorme superficie contrastaba con la escasa cantidad de habitantes. Hacia 1912, contaba con aproximadamente 2.348 pobladores, distribuidos en caseríos y parajes separados por extensiones casi desérticas.
Muchas comunidades mantenían vínculos comerciales y culturales con Bolivia y Chile. El intercambio de ganado, minerales, tejidos y alimentos formaba parte de una dinámica regional anterior a las fronteras modernas.
Para consolidar su presencia, el Estado argentino instaló escuelas, dependencias administrativas, fuerzas policiales y oficinas públicas. El objetivo no era solamente organizar el territorio, sino también afirmar la soberanía nacional.
San Antonio de los Cobres: la capital de la gobernación perdida
La primera sede administrativa se instaló en Navarro o Novarro, en la zona de Pastos Grandes. Sin embargo, las fuertes nevadas y las dificultades de acceso obligaron a buscar una ubicación más conveniente.
En 1902, San Antonio de los Cobres fue incorporada al territorio y elegida como nueva capital. Su cercanía con la quebrada del Toro facilitaba la comunicación con la ciudad de Salta, que ejerció una creciente influencia política y económica sobre la gobernación.

En 1908 se levantó allí el edificio de la Gobernación, construido con piedra, adobe, madera y techos de chapa. La antigua sede sobrevivió a la desaparición del territorio y, después de ser restaurada, pasó a albergar el Museo Regional Andino.
Otro momento decisivo ocurrió en 1929, cuando el ferrocarril llegó a San Antonio de los Cobres. La obra, vinculada con el actual recorrido del Tren a las Nubes, mejoró las comunicaciones, aunque no consiguió resolver completamente el aislamiento.
Por qué el Gobierno argentino decidió disolver este territorio en 1943
Las expectativas económicas depositadas en Los Andes nunca se concretaron. La explotación de boratos, cobre, plata y plomo enfrentaba grandes obstáculos: falta de caminos, costos elevados, escasez de trabajadores y poca inversión.
A esto se sumaban la baja población, los conflictos de jurisdicción con las provincias vecinas y el costo de sostener una administración propia.
Finalmente, el 21 de septiembre de 1943, el Decreto 9375 ordenó disolver el territorio. El Gobierno argumentó que su estructura dificultaba el desarrollo y generaba gastos sin ofrecer ventajas suficientes para los pobladores.
El reparto se realizó de la siguiente manera: Susques pasó a Jujuy; Pastos Grandes y San Antonio de los Cobres fueron incorporados a Salta; y Antofagasta de la Sierra quedó en Catamarca.
Qué impacto tuvo la desaparición del territorio en los pobladores locales
La medida provocó un cambio profundo de jurisdicción. Los habitantes pasaron a depender de tres gobiernos provinciales diferentes, con capitales ubicadas a cientos de kilómetros.
Además, la división fragmentó un espacio con fuertes conexiones culturales y productivas. Muchas de sus comunidades indígenas se identificaban principalmente con la Puna y mantenían relaciones históricas que atravesaban las fronteras provinciales e internacionales.
Aunque la incorporación a Jujuy, Salta y Catamarca permitió una integración institucional gradual, los problemas de aislamiento, infraestructura y acceso a servicios continuaron durante décadas.
Hoy, el antiguo territorio vuelve a despertar interés por los minerales presentes en sus salares. Detrás de esa riqueza permanece una historia poco conocida: la de una gobernación creada para asegurar las fronteras argentinas, sostenida durante 43 años y eliminada antes de convertirse en provincia.





















