
En el corazón de la Ciudad de Buenos Aires, entre avenidas concurridas, cafés notables y edificios centenarios, se encuentra Almagro. El barrio celebra su día cada 28 de septiembre, una fecha vinculada con la operación de tierras que dio origen a su nombre.
Aunque no existe un acta formal de fundación, su historia puede rastrearse hasta 1839, cuando el comerciante español Julián de Almagro adquirió una parte de los terrenos pertenecientes al portugués Carlos Dos Santos Valente.
Desde entonces, la propiedad comenzó a ser conocida como la “Quinta de Almagro”. Con el paso de los años, aquella denominación terminó identificando a toda la zona.
Por qué el Día del Barrio de Almagro es el 28 de septiembre
El 28 de septiembre de 1839 quedó asociado al nacimiento simbólico de Almagro debido a la compra realizada por Julián de Almagro. Mucho tiempo después, la Legislatura porteña estableció oficialmente esa fecha como el día destinado a recordar la identidad y la historia del barrio.

Antes de convertirse en una zona densamente poblada, el territorio estaba formado por quintas, terrenos abiertos y caminos transitados por carretas. Uno de esos senderos era conocido como el “camino de los huesos”, debido a los restos de animales que quedaban después del paso de las tropas rumbo a los antiguos mataderos.
La apertura de nuevos caminos también impulsó el desarrollo de la zona. Uno de ellos contribuyó a formar la actual avenida Rivadavia, una de las arterias más importantes de Buenos Aires.
La estación ferroviaria que transformó el barrio
El gran crecimiento de Almagro comenzó en 1857, con la puesta en funcionamiento del Ferrocarril del Oeste, considerado el primero de la Argentina.
Julián de Almagro cedió parte de sus terrenos para construir una estación que llevó su apellido. Aquella parada ayudó a extender el nombre por toda la zona, aunque funcionó solamente durante unas tres décadas.

La llegada del tren aceleró el loteo de las antiguas quintas y favoreció la instalación de viviendas, comercios, escuelas e industrias. Más tarde, los tranvías reforzaron la conexión con otros sectores de la ciudad.
Otro acontecimiento decisivo fue la epidemia de fiebre amarilla de 1871. Numerosas familias abandonaron el centro porteño y buscaron instalarse en zonas más alejadas. Así, Almagro comenzó a dejar atrás su aspecto rural para adquirir un perfil residencial.
Carlos Gardel, Evita y las figuras que pasaron por Almagro
Uno de los nombres más relacionados con el barrio es Carlos Gardel. El cantante estudió en el Colegio Salesiano Pío IX y formó parte del coro de la parroquia San Carlos, ubicada en la esquina de Quintino Bocayuva e Hipólito Yrigoyen.

Durante sus primeros años artísticos, Gardel también habría cantado en un bar de la avenida Rivadavia, mientras un compañero pasaba el sombrero entre los clientes para reunir algunas monedas.
El tango encontró en Almagro un territorio fundamental. El músico Osvaldo Fresedo pasó parte de su infancia en una casa de la calle Billinghurst, mientras que el compositor Sebastián Piana nació en el barrio.

También residieron allí el artista plástico Antonio Berni, creador de Juanito Laguna y Ramona Montiel, y Eva Duarte, antes de transformarse en una de las figuras políticas y sociales más influyentes de la Argentina.
Los tesoros que todavía conserva Almagro
Entre sus edificios más destacados aparece la Basílica de María Auxiliadora y San Carlos, uno de los templos más imponentes de la ciudad. Otro símbolo es la tradicional Confitería Las Violetas, ubicada en la esquina de Rivadavia y Medrano.
La identidad barrial también permanece viva en la Plaza Almagro, el Boliche de Roberto, la pizzería Pin Pun y los numerosos teatros y centros culturales independientes.
Cada 28 de septiembre, Almagro no solo celebra un nuevo aniversario. También recuerda cómo una zona de quintas y caminos rurales se convirtió en uno de los barrios con mayor identidad cultural de Buenos Aires. Entre el tango, los cafés y las fachadas históricas, su pasado todavía acompaña a quienes recorren sus veredas.


















