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A comienzos del siglo XIX, Alejandro Aguado pasó de combatir en España a convertirse en uno de los hombres más ricos de Francia: fue el amigo que sostuvo a San Martín en el exilio

El banquero español construyó una fortuna extraordinaria y protegió al Libertador durante uno de los momentos más difíciles de su vida. Una amistad atravesada por la guerra, el exilio y una lealtad que sobrevivió al paso del tiempo.

Alejandro María Aguado
Alejandro María Aguado Foto: Wikipedia
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La vida de Alejandro María Aguado reunió guerras, negocios millonarios, títulos nobiliarios y una amistad decisiva con José de San Martín. Aunque su nombre no ocupa un lugar central en los manuales escolares argentinos, su ayuda resultó fundamental durante los complicados años europeos del Libertador.

Nacido en Sevilla a fines del siglo XVIII, Aguado perteneció a una familia acomodada y recibió una sólida educación. Desde muy joven eligió la carrera militar e ingresó al Ejército español, donde conoció la violencia y la incertidumbre de las guerras napoleónicas.

De militar a poderoso banquero de Europa

Antes de convertirse en uno de los hombres más ricos de Francia, Aguado fue soldado y participó en diferentes campañas militares. Su trayectoria estuvo marcada por los cambios políticos de España: primero combatió contra los franceses y luego prestó servicios en fuerzas vinculadas con el gobierno de José I Bonaparte.

Tras la derrota napoleónica, abandonó la vida militar y se trasladó a Francia. Allí comenzó una nueva etapa dedicada al comercio de vinos, aceites, frutas y otros productos procedentes de España y América.

Su habilidad para los negocios le permitió ingresar al mundo financiero. Durante la década de 1820 comenzó a operar en la Bolsa de París y participó en grandes negociaciones relacionadas con la deuda española.

Aguado llegó a ser uno de los banqueros más influyentes de Europa y una figura de confianza para la Corona española. Como reconocimiento por sus servicios, recibió el título de marqués de las Marismas del Guadalquivir.

El reencuentro con San Martín en Francia

Mientras Aguado construía una fortuna, José de San Martín atravesaba una realidad muy diferente. Después de liberar Argentina, Chile y Perú, el general se alejó de las disputas políticas de América y se instaló en Europa junto con su hija, Mercedes Tomasa de San Martín.

La gloria militar no le garantizó tranquilidad económica. El Libertador padeció problemas de salud, dificultades financieras e incertidumbre sobre el futuro de su familia.

San Martín y su mejor amigo español

San Martín y Aguado volvieron a encontrarse en Francia alrededor de 1830. Para entonces, uno era un banquero reconocido y el otro, un héroe americano que intentaba vivir discretamente lejos del poder.

A pesar de sus diferentes destinos, la amistad nacida durante sus años militares permanecía intacta.

La ayuda que sostuvo al Libertador durante su enfermedad

Aguado se convirtió en uno de los principales apoyos de San Martín. No solamente lo ayudó económicamente, sino que también lo acompañó durante sus enfermedades y lo asesoró para organizar sus recursos.

El propio Libertador llegó a llamar a Aguado su “bienhechor” y aseguró que le debía no haber terminado en un hospital como consecuencia de una larga enfermedad. Aquella declaración demuestra la importancia que tuvo el millonario español en su vida.

La casa de San Martín en Grand Bourg
La casa de San Martín en Grand Bourg

San Martín pasó parte de esos años en Grand Bourg, una zona tranquila situada cerca de París. Allí vivió junto con su familia y mantuvo un contacto frecuente con Aguado, cuya residencia se encontraba en las inmediaciones.

La relación entre ellos iba mucho más allá del dinero. Compartían recuerdos militares, conversaciones sobre Europa y noticias procedentes de América. Aguado trataba al Libertador como a un antiguo compañero, sin ceremonias ni homenajes exagerados.

La última prueba de una amistad incondicional

La confianza también funcionó en sentido contrario. Aguado designó a San Martín como albacea y responsable de importantes asuntos familiares, una tarea que solamente podía entregar a una persona de absoluta confianza.

El banquero murió en Gijón en abril de 1842. Tras su fallecimiento, San Martín debió ocuparse de cuestiones relacionadas con su patrimonio y su familia, cumpliendo con la voluntad de su amigo.

Alejandro María de Aguado
Monumento a Alejandro María de Aguado en Palermo Foto: weboeba

Alejandro Aguado había sido militar, comerciante, banquero, coleccionista y aristócrata. Sin embargo, en la historia argentina quedó recordado principalmente como el hombre que protegió a San Martín cuando ya no había ejércitos, celebraciones ni multitudes a su alrededor.

No cruzó los Andes ni participó en las campañas libertadoras, pero libró otra batalla junto al general: la de ayudarlo a sobrevivir con dignidad durante el exilio.

Más de 180 años después, su historia demuestra que detrás de los grandes protagonistas también existieron figuras silenciosas. Para San Martín, esa persona fue Alejandro Aguado, el millonario español que convirtió su fortuna en refugio y su amistad en una extraordinaria forma de lealtad.

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