
Durante décadas, los tapados de piel fueron considerados un símbolo de lujo, elegancia y poder económico. Esa tendencia internacional también llegó a la Argentina y dio origen a un proyecto productivo que terminaría modificando los ecosistemas de la Patagonia.
En la década de 1930, distintas iniciativas públicas y privadas promovieron la instalación de criaderos de visón americano en el sur del país. La intención era utilizar su codiciada piel para abastecer una industria que parecía prometedora.
Sin embargo, el negocio no funcionó como se esperaba. Algunos establecimientos cerraron, otros tenían instalaciones deficientes y muchos animales escaparon o fueron liberados intencionalmente. Así comenzó una invasión silenciosa que continúa hasta la actualidad.
El animal que llegó a la Argentina por la moda
Originario de América del Norte, el visón americano es un mamífero carnívoro de cuerpo alargado, patas cortas y pelaje resistente al agua. Estas características hicieron que su piel fuera especialmente valorada para fabricar tapados y otras prendas.
Entre las décadas de 1930 y 1970 se instalaron criaderos en diferentes puntos de Chubut, Neuquén, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Algunos establecimientos llegaron a albergar decenas de miles de ejemplares.

El clima frío de la Patagonia parecía ideal para desarrollar esa actividad. Además, la industria era presentada como una oportunidad para diversificar las economías regionales. En aquel momento, todavía no existía una conciencia generalizada sobre los riesgos de introducir especies en ambientes ajenos a su lugar de origen.
Los escapes que iniciaron la invasión
Cuando los criaderos comenzaron a dejar de ser rentables, mantener a los animales se volvió demasiado costoso. En algunos casos, los propietarios decidieron abrir las jaulas y liberarlos.
El primer registro conocido de una liberación en la Argentina se remonta a 1948, en Tierra del Fuego. Para la década de 1960 ya existían poblaciones establecidas en la naturaleza.
Los visones comenzaron a desplazarse siguiendo ríos, arroyos, lagos y humedales. Su capacidad para nadar y recorrer grandes distancias les permitió colonizar sectores de los bosques andino-patagónicos, la estepa y las costas del Atlántico Sur.
Actualmente, la especie puede encontrarse desde Neuquén hasta Tierra del Fuego, sobre una enorme superficie del territorio argentino.
Por qué el visón amenaza a la fauna patagónica
Aunque su tamaño puede resultar engañoso, el visón es un depredador rápido, voraz y oportunista. Su alimentación incluye peces, crustáceos, anfibios, pequeños mamíferos, reptiles y aves.
El problema es especialmente grave para las especies que construyen sus nidos sobre el suelo o cerca del agua. Muchos animales patagónicos evolucionaron sin convivir con un cazador de estas características y no poseen mecanismos eficaces para defenderse.
Entre las aves afectadas se encuentra el macá tobiano, una especie emblemática y amenazada de la Patagonia austral. El visón también puede atacar gallineros y generar pérdidas en establecimientos rurales y criaderos de peces.
Del negocio millonario a un problema ambiental
La industria peletera comenzó a derrumbarse durante las últimas décadas del siglo XX. La aparición de materiales sintéticos y una mayor preocupación por el bienestar animal redujeron la demanda internacional.
Durante los años noventa cerraron numerosos criaderos, pero el daño ya estaba hecho: los visones llevaban décadas reproduciéndose en libertad.
En la actualidad se realizan programas de captura y control en áreas protegidas. La prioridad es reducir su presencia en zonas donde sobreviven aves amenazadas o existen colonias reproductivas vulnerables.
La historia del visón americano muestra cómo una decisión económica puede generar consecuencias inesperadas durante generaciones. La industria de los tapados desapareció, pero los animales permanecieron y transformaron para siempre buena parte de la Patagonia.

















