En medio de la estepa de Tierra del Fuego, donde el viento y las bajas temperaturas condicionan la vida cotidiana, se encuentra una construcción que conserva una parte fundamental de la historia argentina.
Se trata de la Estancia María Behety, ubicada a unos 17 kilómetros de Río Grande. El establecimiento fue fundado en 1897 por el empresario José Menéndez y originalmente recibió el nombre de Segunda Argentina.
Con el paso del tiempo, fue rebautizado como María Behety, en homenaje a la esposa del fundador. Su crecimiento estuvo directamente relacionado con la expansión de la ganadería ovina en la Patagonia durante los últimos años del siglo XIX.
La estancia llegó a transformarse en uno de los complejos rurales más importantes del extremo sur. Cien años después de su creación, sus edificios fueron reconocidos oficialmente como parte del patrimonio histórico nacional.
Una propiedad de dimensiones sorprendentes
La Estancia María Behety ocupa actualmente unas 62.000 hectáreas, una superficie tan extensa que resulta difícil imaginarla desde las grandes ciudades.
En sus campos llegaron a criarse alrededor de 39.000 ovejas, además de vacunos, caballos y otros animales. Su producción de ejemplares de raza Corriedale alcanzó un importante reconocimiento y contribuyó a la formación de planteles ganaderos dentro y fuera del país.

Sin embargo, la construcción más impactante del complejo apareció varias décadas después de su fundación.
En 1935 se levantó un enorme galpón de esquila de aproximadamente 7.800 metros cuadrados, preparado para el trabajo simultáneo de unos 40 esquiladores.
El edificio tenía capacidad para mantener hasta 7.000 ovejas bajo techo, una cifra que revela la magnitud que llegó a alcanzar la producción lanera fueguina.
El gigantesco galpón que se destaca en la estepa
La estructura no solo sorprende por sus dimensiones. También posee detalles arquitectónicos poco habituales para una construcción rural.
Su diseño incluye elementos de inspiración neogótica, pináculos, veletas y cenefas decorativas. En el interior todavía se conservan herramientas, sistemas de trabajo y parte de la antigua maquinaria utilizada durante las jornadas de esquila.
Su característico color bordó permite distinguirlo desde la distancia. Rodeado de pastizales, corrales y viviendas, el galpón se convirtió en la imagen más reconocible de la estancia.
Durante décadas, la lana obtenida allí fue prensada en grandes fardos que podían alcanzar los 300 kilogramos. Parte de esa producción se destinaba al mercado nacional y otra era preparada para la exportación.
Una estancia que parecía un pueblo
Debido a su tamaño y aislamiento, María Behety necesitó desarrollar una organización prácticamente autosuficiente.
El casco histórico quedó integrado por viviendas familiares, casas para peones, dependencias para ovejeros, talleres, una capilla, una panadería y diferentes edificios productivos.
La disposición de las construcciones hacía que el establecimiento pareciera un pequeño pueblo levantado en medio de la estepa.
La mayoría de los edificios fueron construidos con estructuras y pisos de madera, mientras que sus exteriores fueron revestidos con chapa para resistir las duras condiciones climáticas.
El costado trágico de la expansión ganadera
La historia de las grandes estancias fueguinas también posee un capítulo doloroso. Antes de la llegada de los establecimientos ganaderos, esos territorios eran ocupados por el pueblo selk’nam.
La instalación de cercos, la introducción masiva de ovejas y la apropiación de grandes superficies alteraron sus territorios de caza y limitaron su movilidad.
Las comunidades originarias fueron víctimas de persecuciones, desplazamientos forzados, enfermedades y asesinatos. Por ese motivo, la expansión económica de la región no puede comprenderse sin observar también sus consecuencias humanas.
El crecimiento productivo que permitió levantar enormes establecimientos ocurrió al mismo tiempo que avanzaba la violencia contra quienes habitaban la isla desde hacía siglos.
Por qué se convirtió en patrimonio histórico
El 16 de mayo de 1997, un siglo después de la fecha considerada como su fundación, la Estancia María Behety fue declarada Bien de Interés Histórico Nacional mediante el Decreto 437/1997.
La protección reconoció el valor de sus construcciones como testimonio de la arquitectura de las grandes estancias patagónicas y de la importancia que tuvo la actividad ovina en el desarrollo económico de Tierra del Fuego.
Actualmente, el complejo conserva sus antiguas viviendas, sus galpones y buena parte de su identidad rural. Su historia reúne producción, arquitectura, aislamiento, riqueza y conflicto territorial.
Más de un siglo después de su creación, María Behety continúa en pie frente al viento fueguino. No es solamente una estancia: es una pieza imponente y compleja de la memoria argentina.


















