
En plena llanura bonaerense, rodeada por árboles centenarios y edificios que conservan las huellas de otra época, se encuentra la Estancia San Martín. La propiedad está ubicada en Vicente Casares, una localidad perteneciente al partido de Cañuelas.
Durante la segunda mitad del siglo XIX, el empresario y productor rural Vicente Lorenzo Casares convirtió estas tierras en el escenario de un proyecto revolucionario. Su intención era controlar todo el circuito de la leche: desde la crianza del ganado y el ordeñe hasta el procesamiento y la distribución del producto.
Así nació La Martona, fundada en 1889 y considerada la primera gran industria láctea de la Argentina. La empresa introdujo procedimientos sanitarios y tecnológicos que cambiaron para siempre la manera en que los habitantes del país producían, conservaban y consumían leche.
La estancia de 7.000 hectáreas que tenía 52 tambos
En su etapa de mayor esplendor, la propiedad alcanzó una extensión aproximada de 7.000 hectáreas. Dentro de esos campos funcionaban 52 tambos, encargados de abastecer a la planta industrial construida cerca de la estación ferroviaria.
La ubicación no fue casual. El tren permitía trasladar los productos rápidamente hacia la ciudad de Buenos Aires, donde La Martona llegó a contar con establecimientos comerciales propios.
Antes de fundar la empresa, Casares había intentado producir quesos. Sin embargo, las dificultades para refrigerar y conservar los alimentos perjudicaron aquella primera experiencia. Lejos de abandonar su iniciativa, analizó métodos europeos y diseñó un sistema integrado de producción, industrialización y comercialización.
La fábrica que cambió la producción de leche
Uno de los objetivos principales de Casares era mejorar la higiene de los productos. La Martona incorporó procesos de filtrado, clasificación, control y pasteurización de la leche, cuando esas prácticas todavía eran poco habituales en el país.
La empresa también innovó en sus envases. Desde 1890 utilizó papel sulfurizado para envolver la manteca, en reemplazo de las telas usadas hasta ese momento. En 1893 comenzó a exportar manteca a Inglaterra y, durante los primeros años del siglo XX, inició la producción industrial de dulce de leche.

Con el paso del tiempo, la compañía incorporó desnatadoras, camiones térmicos, envases de cartón y modernas máquinas embotelladoras. Su desarrollo fue tan importante que, en 1989, Cañuelas recibió la declaración de Cuna Nacional de la Industria Lechera.
Una residencia rodeada por un parque de Carlos Thays
El casco de la Estancia San Martín comenzó a construirse alrededor de 1865. La residencia fue ampliada en diferentes oportunidades y terminó combinando elementos ingleses, franceses, italianizantes e hispánicos.
Una de las últimas modificaciones importantes ocurrió en 1940, cuando se levantó su característica torre con reloj. La mezcla de estilos convirtió a la casona en una construcción singular dentro del patrimonio rural bonaerense.
Otro de sus grandes atractivos es el parque diseñado por Carlos Thays, el reconocido paisajista responsable de numerosos espacios verdes argentinos. En el terreno crecieron robles, olmos, magnolias, araucarias, cedros del Líbano, cipreses y ejemplares de ginkgo biloba.
El final de La Martona y el legado que todavía permanece
La Martona funcionó hasta 1978, cuando terminó una etapa fundamental de la industria alimentaria nacional. Sin embargo, sus innovaciones y su influencia permanecieron en otras compañías que continuaron modernizando la producción láctea argentina.
La estancia fue reconocida como Monumento Histórico Nacional y todavía conserva su casco, parte del parque centenario y diferentes estructuras relacionadas con la antigua fábrica.
Más de un siglo después de su nacimiento, el establecimiento continúa contando una historia marcada por la producción, la arquitectura y el progreso. Lo que comenzó como la iniciativa de un empresario dentro de un campo bonaerense terminó provocando una transformación cotidiana: la leche pasó a producirse bajo mayores controles sanitarios y pudo llegar de forma más segura a las mesas de miles de argentinos.



















