
Parece imposible que pueda existir una vivienda en un espacio tan reducido, pero en el corazón de Varsovia, en Polonia, una construcción de apenas unos centímetros de ancho desafía los límites de la arquitectura.
Se trata de la Casa Keret, una particular obra diseñada para ocupar el estrecho espacio que quedó entre dos edificios. La vivienda tiene entre 72 y 122 centímetros de ancho y una superficie aproximada de 14 metros cuadrados. A pesar de sus dimensiones, cuenta con los elementos básicos de una casa: cocina, baño, espacio de trabajo, dormitorio y áreas de descanso.

La construcción, diseñada por el arquitecto polaco Jakub Szczęsny, fue inaugurada en 2012 y rápidamente se convirtió en uno de los edificios más singulares y únicos de Varsovia.
Una casa de apenas 72 centímetros de ancho
La Casa Keret fue construida en un espacio que parecía imposible de aprovechar. Se encuentra encajada entre dos edificios de distintas épocas y utiliza su reducido terreno para desarrollarse principalmente en sentido vertical.
En su punto más angosto, la construcción tiene apenas 72 centímetros de ancho, mientras que en su parte más amplia alcanza los 122 centímetros.
El proyecto había sido presentado originalmente como una instalación artística en 2009, antes de convertirse en una estructura habitable. Su diseño obligó a aprovechar cada centímetro disponible y a crear ambientes extremadamente compactos.

Cocina, baño y dormitorio en apenas 14 metros cuadrados
A pesar de su tamaño, la vivienda fue pensada para que pudiera utilizarse realmente como una casa. En su interior hay una pequeña cocina, un baño con ducha, un espacio para trabajar y una zona destinada al descanso. Los diferentes niveles están conectados mediante una estrecha escalera que permite aprovechar la altura disponible.
La distribución hace que prácticamente ningún elemento ocupe espacio de manera innecesaria. Los muebles y objetos fueron diseñados o seleccionados teniendo en cuenta las dimensiones excepcionales de la construcción.
El predominio del blanco y el uso de materiales translúcidos también ayudan a generar una mayor sensación de amplitud dentro de un espacio que, a simple vista, parece demasiado pequeño para ser habitable.
Un espacio ligado al dolor de la Segunda Guerra Mundial
La vivienda está ubicada en la zona de Wola, entre los edificios de Chłodna 22 y Żelazna 74. El lugar tiene una particularidad histórica: durante la ocupación nazi, esa zona formaba parte del entorno del gueto de Varsovia, donde la población judía fue confinada por las autoridades alemanas.
Muy cerca del lugar donde hoy se encuentra la casa existió durante la guerra una pasarela que conectaba el llamado Pequeño Gueto con el Gran Gueto. La ubicación de la vivienda, por lo tanto, no fue elegida únicamente porque había un espacio estrecho disponible: el arquitecto Jakub Szczęsny quiso que el proyecto dialogara con la historia del lugar.

La construcción actual también tiene una particularidad visual: está insertada entre una casa de antes de la guerra y un edificio construido décadas después, en 1970. Para Szczęsny, esa grieta entre las dos construcciones representaba también distintas etapas de la historia de Varsovia: la ciudad anterior a la guerra y la ciudad que se reconstruyó después de la destrucción provocada por el conflicto.
La historia de la familia de Etgar Keret
La casa lleva el nombre de Etgar Keret, escritor israelí cuyos padres eran originarios de Polonia. Su madre, nacida en Varsovia en 1934, quedó atrapada junto con su familia en el gueto durante la Segunda Guerra Mundial. Sus familiares murieron durante el Holocausto, mientras que ella logró sobrevivir y posteriormente llegó a Israel pasando por Francia.
Su padre también había nacido en Polonia y sobrevivió a la guerra escondido junto con otros judíos en un pequeño refugio. Por eso, cuando Keret se convirtió en el primer habitante de la casa, el proyecto adquirió para él un significado que iba mucho más allá de la arquitectura.

La propia descripción de Culture.pl recoge que Keret veía la casa como una manera de recuperar un lugar para su familia en Polonia, después de que la persecución nazi hubiera destruido sus vínculos con ese territorio.
Con el tiempo, el espacio también comenzó a utilizarse para recibir a escritores y artistas, y se convirtió en una particular residencia artística.
Un espacio imposible que se convirtió en un símbolo de Varsovia
Uno de los aspectos más llamativos del proyecto es que sus dimensiones son tan extremas que la construcción no cumple con los requisitos habituales para ser considerada una vivienda convencional según las normas de construcción polacas. Por ese motivo, fue concebida y registrada como una instalación artística.
Sin embargo, la Casa Keret fue diseñada para ser habitable y efectivamente funcionó como residencia. De esta manera, el proyecto consiguió convertir una limitación arquitectónica en parte central de su identidad.

La Casa Keret demuestra cómo un espacio prácticamente descartado puede transformarse mediante la arquitectura. Su ubicación, entre edificios existentes y en una zona cargada de historia, hizo que la construcción adquiriera además un significado que va más allá de sus dimensiones.
Hoy, sus apenas 72 centímetros de ancho en el punto más estrecho la convierten en una de las construcciones más sorprendentes de Varsovia y en un ejemplo extremo de cómo la arquitectura puede desafiar las limitaciones del espacio urbano.












