
A unos 45 kilómetros de la ciudad de Córdoba, cerca del río Xanaes, se conserva una construcción colonial que fue testigo de los últimos días de Manuel Belgrano como jefe militar.
Se trata de la Capilla Histórica de Pilar, un pequeño templo del siglo XVIII en el que el prócer se refugió durante 1819, cuando su salud estaba profundamente deteriorada.
Belgrano llegó acompañado por integrantes del Ejército Auxiliar del Alto Perú, que acamparon en los terrenos cercanos. El lugar se transformó en un refugio temporal para un hombre agotado después de años de campañas militares, viajes y conflictos políticos.
El 10 de septiembre de 1819, el creador de la bandera entregó allí el mando de sus tropas al coronel mayor Francisco Fernández de la Cruz. Aquella decisión marcó, en los hechos, el final de su carrera militar.
La capilla de Córdoba que nació dentro de una estancia
La historia del edificio comenzó mucho antes del paso de Belgrano. A fines del siglo XVII, María Vélez de Herrera hizo levantar un pequeño oratorio de adobe, sauce y paja dedicado a Nuestra Señora del Pilar.

Con el crecimiento de la población de la zona, el espacio resultó insuficiente. Su hija, María Gregoria Sobradiel, impulsó entonces la construcción de una capilla más grande entre 1714 y 1734.
La propiedad estaba ubicada cerca del Camino Real, la ruta colonial que conectaba Buenos Aires con Córdoba y las provincias del norte. Por allí pasaban comerciantes, funcionarios, mensajeros, carretas y ejércitos.
La capilla posee aproximadamente 134 metros cuadrados, muros de adobe y ladrillo, revoques a la cal y un techo con tejas españolas. Su arquitectura sencilla conserva las características de los templos rurales construidos durante la época colonial.
Por qué Manuel Belgrano se refugió en Pilar
A comienzos de 1819, las autoridades porteñas ordenaron que el Ejército del Norte se trasladara hacia el Litoral para participar en los conflictos internos que enfrentaban a Buenos Aires con las fuerzas federales.
Belgrano debía movilizar a sus hombres mientras padecía fuertes dolores, hinchazón y graves dificultades para trasladarse. Aunque continuaba ocupándose de sus soldados, ya no podía soportar las exigencias físicas del mando.

El general solicitó una licencia al director supremo José Rondeau y permaneció temporalmente en Pilar. Allí pasó parte del invierno cordobés rodeado por tropas que también sufrían enfermedades y falta de recursos.
Algunos soldados murieron durante el campamento. En una restauración realizada durante el siglo XX se encontraron restos humanos atribuidos a aquellos hombres, posteriormente depositados en una urna dentro de la capilla.
El documento que terminó con su carrera militar
El 10 de septiembre de 1819, Belgrano firmó el documento mediante el cual delegó el mando en Francisco Fernández de la Cruz. El manuscrito quedó resguardado en el Archivo Histórico de Córdoba y constituye un testimonio del último acto militar del prócer.

Después de abandonar Pilar, viajó hacia Tucumán con la esperanza de recuperar su salud. Sin embargo, su estado continuó empeorando y finalmente decidió regresar a Buenos Aires.
Belgrano murió el 20 de junio de 1820, apenas nueve meses después de aquella despedida. Tenía 50 años y atravesaba graves dificultades económicas. Su fallecimiento ocurrió durante una profunda crisis política, en la jornada recordada como el“Día de los Tres Gobernadores”.
Qué pasó con la histórica capilla
La fundación de la Villa del Pilar en 1888 provocó el progresivo abandono del antiguo templo. Hacia mediados del siglo XX, la construcción se encontraba casi en ruinas.
En 1969, la Capilla del Pilar fue declarada Monumento Histórico Nacional. Esa protección permitió su restauración y posterior reinauguración en 1978.
Actualmente, sus paredes conservan uno de los episodios más humanos de la vida de Belgrano: la despedida de un prócer enfermo que entregó su fortuna, su salud y gran parte de su vida a un país que todavía estaba naciendo.





















