
Para el 11 de septiembre de 2001, Lucas Berney tenía apenas cuatro años y vivía con su familia cerca de Central Park. Una mañana que parecía rutinaria se transformó en una escena de horror cuando vio por televisión el ataque a las Torres Gemelas y fue testigo del desesperado llanto de su madre.
“Una película de terror”: el desgarrador relato de Lucas Berney, un argentino que vivió de cerca el atentado del 11-S
Aquella mañana, Lucas estaba desayunando y mirando dibujos animados antes de ir al jardín, en el departamento que compartía con sus padres y hermanos cerca de Central Park.
Todo cambió cuando escuchó a su madre llorar y gritar mientras hablaba por teléfono. Poco después, ella cambió el canal y las imágenes de las Torres Gemelas en llamas aparecieron en televisión.
“Vi cómo el segundo avión se estrellaba con la segunda torre y la primera estaba llena de humo. No entendía, pensé que era una película de terror”, recordó Berney años después.
El pequeño, confundido por la situación, abrazó a su madre e intentó tranquilizarla: “Mamá, no llores, es solo una peli”. Después apagó el televisor. Ese recuerdo quedó grabado en su memoria, aunque muchos de los momentos posteriores se volvieron difusos.
Un recuerdo imborrable: el impacto del atentado en la vida de Lucas y su familia
Mientras Lucas permanecía en su casa, su padre se dirigía al Distrito Financiero. Había dejado a uno de sus hijos en el preescolar y se encontraba en el subte cuando ocurrieron los ataques.
La familia pasó minutos de enorme incertidumbre hasta que finalmente logró comunicarse con él. Al salir de la estación, el hombre observó el caos en las calles y las torres incendiadas.
Con el paso del tiempo, Lucas comprendió la verdadera dimensión de aquello que había presenciado. Mientras estudiaba la carrera de Estudios Internacionales en la Universidad Torcuato Di Tella, pudo dimensionar que aquella escena de su infancia había sido parte de un atentado que provocó casi 3.000 muertes y transformó la política y la seguridad internacional.
Por supuesto, los tiempos han cambiado y 25 años muchas veces hacen que las nuevas generaciones vivan de una manera diferente el recuerdo de aquellos ataques. En las aulas, los estudiantes conocen los hechos, pero no necesariamente comprenden el impacto emocional que provocaron. Las nuevas generaciones crecieron con controles aeroportuarios más estrictos, la amenaza terrorista y debates vinculados con la islamofobia como elementos habituales de su realidad.

Por eso, uno de los grandes desafíos docentes consiste en explicar cómo el 11-S moldeó el mundo actual. Las redes sociales y la enorme cantidad de información disponible también obligan a los profesores a enseñar el acontecimiento desde diferentes perspectivas.
A más de dos décadas de los ataques, el recuerdo sigue teniendo distintas dimensiones: para algunos jóvenes es historia; para otros, como Lucas Berney y su familia, permanece como una experiencia personal imposible de borrar.


















