
Este viernes 11 de septiembre, la CIA desclasificó 71 informes de inteligencia elaborados entre febrero de 1998 y septiembre de 2001, que permiten reconstruir qué información manejaba la agencia estadounidense sobre Osama bin Laden y Al Qaeda en los años previos a los atentados del 11 de septiembre. La publicación, que coincidió con los actos por el 25° aniversario de los ataques, fue presentada por el director de la CIA, John Ratcliffe, como la mayor desclasificación de documentos sobre el tema.
Del total de archivos difundidos, 69 nunca habían sido publicados. Los otros dos ya eran conocidos porque habían formado parte de la investigación de la comisión creada por el Congreso estadounidense para analizar los atentados.
Buena parte del material corresponde a evaluaciones preparadas para el Informe Diario del Presidente (PDB), el resumen de inteligencia de mayor nivel de reserva que reciben el mandatario estadounidense y sus principales asesores.

Las advertencias que aparecieron antes de los atentados
Uno de los documentos más relevantes lleva fecha del 10 de septiembre de 1998, tres años antes del 11-S. Allí se advertía que un grupo vinculado con Bin Laden “podría estrellar un avión cargado de explosivos contra una ciudad de Estados Unidos”.
La comisión que investigó los atentados concluyó posteriormente que el Centro Antiterrorista no profundizó en esa posibilidad ni analizó de qué manera una aeronave secuestrada o cargada con explosivos podía ser utilizada como arma. Otro informe, fechado el 4 de diciembre de ese mismo año, recogía información según la cual “Bin Laden y sus aliados se preparan para atacar Estados Unidos mediante el secuestro de aviones”.
El primer documento de la serie, del 13 de febrero de 1998, ya advertía sobre otros riesgos. Según ese reporte, Bin Laden y otros extremistas islámicos habían acordado “procurar sustancias químicas, biológicas y nucleares no especificadas en mercados abiertos”. El documento también describía al líder de Al Qaeda como poseedor de “un imperio financiero” que podía facilitar esa búsqueda.
Los informes también registraron el crecimiento de la influencia de Bin Laden en el narcotráfico afgano bajo protección talibán. Un reporte de octubre de 1999 sostuvo que había realizado “una inversión sustancial en 57 laboratorios de narcóticos” relacionados con el mulá Omar, entonces líder talibán.
Sin embargo, la comisión del 11-S concluyó posteriormente que no existía “evidencia confiable” de que Bin Laden financiara sus actividades mediante el tráfico de drogas.

Qué decía la inteligencia un mes antes del 11-S
Entre los documentos vinculados con 2001 aparece uno de los informes más conocidos de la etapa previa a los atentados: “Bin Ladin Determined To Strike in US”, fechado el 6 de agosto de ese año.
Ese memo ya había sido desclasificado en 2004 por pedido de la comisión investigadora. Allí se señalaba que información del FBI “muestra patrones de actividad sospechosa en este país compatibles con preparativos para secuestros u otros tipos de ataques, incluida vigilancia reciente de edificios federales en Nueva York”. Para ese momento, existían 70 investigaciones de campo completas relacionadas con Bin Laden en Estados Unidos.
La comisión determinó que aquel documento constituía “el trigesimosexto punto del PDB relacionado con Bin Laden o Al Qaeda ese año y el primero dedicado a la posibilidad de un ataque dentro de Estados Unidos”.
El nuevo paquete incluyó otros 18 documentos correspondientes a la administración de George W. Bush y elaborados antes de los atentados. La publicación también dejó en evidencia que todavía permanece bajo secreto parte del material de inteligencia de ese período.

Un exfuncionario de inteligencia señaló que numerosos puntos del PDB con advertencias sobre la amenaza, algunos de ellos fechados desde 1996, no fueron incluidos en esta desclasificación. Tampoco aparecieron otros documentos correspondientes a 2001. Los documentos permiten observar cómo distintas líneas de información sobre Al Qaeda aparecían en los reportes y luego perdían peso sin que la agencia lograra reconstruir el conjunto de la amenaza.
De hecho, un informe del 3 de agosto de 1999 planteaba la posibilidad de que parte de la información recibida fuera una operación destinada a confundir a los servicios de inteligencia. “Los diversos objetivos mencionados en los reportes, combinados con una alta incidencia de contactos espontáneos vinculados a Bin Laden, sugieren un esfuerzo deliberado por engañarnos”, escribió la agencia.
La preocupación volvió a aparecer en 2001. Un informe del 24 de julio señalaba que, por segunda vez en dos semanas, “una operación terrorista inminente presuntamente patrocinada por Bin Laden ha sido pospuesta, pero los preparativos para otros ataques a corto plazo podrían seguir en marcha”.
El último documento previo a los atentados, fechado el 28 de agosto de 2001, sostenía que Al Qaeda continuaba siendo una amenaza. Sin embargo, no mencionaba un ataque con aviones dentro de Estados Unidos. Entre las posibilidades enumeradas aparecían “asesinatos, secuestros, uso de cohetes, morteros y otras armas de largo alcance, así como ataques químicos o biológicos rudimentarios”.
Ese mismo informe incluía una observación que cobraría otro significado con el paso de los años: “Los mensajeros inexpertos o los suicidas también cometen errores que exponen detalles de los complots”.
Qué ocurrió después del 11-S
El último documento de la nueva tanda fue elaborado a las 4 de la madrugada del 12 de septiembre de 2001, horas después de los atentados. El llamado “informe de situación” reunía la información más reciente disponible sobre Bin Laden. “La evidencia creciente indica que los extremistas suníes en Afganistán y el Golfo Pérsico sabían recientemente que ataques dirigidos por Bin Laden eran inminentes”, señalaba el reporte.
El documento también mencionaba un posible conflicto entre Bin Laden y el mulá Omar por la decisión de lanzar los ataques. A su vez, un “árabe con base en Kandahar” afirmó que la operación había sido planificada durante dos años y era “el comienzo de la ira”. Según esa fuente, el Capitolio y la Casa Blanca también podían haber sido objetivos.
Jamie Gorelick, integrante de la comisión que investigó el 11-S y exfiscal general adjunta durante la administración de Clinton, afirmó que los documentos ahora públicos “son consistentes con la evaluación de la comisión sobre la inteligencia previa al ataque”.
El director de la CIA, John Ratcliffe, calificó la publicación como “un acto de transparencia excepcional”. En un comunicado, afirmó: “Hace 25 años, los ataques del 11 de septiembre golpearon a nuestra nación, pero no nos quebraron. Generaciones de oficiales de la CIA se han dedicado desde entonces a asegurar justicia para nuestros compatriotas caídos y a garantizar que Al Qaeda nunca vuelva a dañar a nuestro país”.

La Casa Blanca, consultada por la divulgación, remitió a otro conjunto de documentos publicado el mismo viernes por los Archivos Nacionales. Ese material incluye entrevistas realizadas entre 2002 y 2004 a funcionarios de seguridad nacional de los gobiernos de Bill Clinton y George W. Bush como parte de la investigación de la comisión del 11-S.
Los nuevos informes refuerzan una de las principales conclusiones del reporte final de 2004: las agencias de inteligencia estadounidenses habían recibido numerosas advertencias sobre Al Qaeda, pero no lograron comprender a tiempo la magnitud ni la naturaleza concreta del ataque que el grupo preparaba. La propia comisión atribuyó parte de las fallas a “fallos de imaginación, de política, de capacidades y de gestión” y sostuvo que “el fallo más importante fue uno de imaginación”.
Los atentados del 11 de septiembre dejaron cerca de 3.000 muertos y provocaron una profunda reorganización del sistema de seguridad estadounidense. Después de los ataques se creó el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y la Oficina del Director de Inteligencia Nacional, con el objetivo de mejorar la coordinación entre el FBI, la CIA y otros organismos.
Semanas después, Estados Unidos invadió Afganistán, donde el régimen talibán había dado protección a Bin Laden. El entonces líder talibán, el mulá Omar, abandonó Kandahar junto con su familia.



















