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Escocia y el referéndum que hizo temblar al Reino Unido: la historia detrás de una independencia que todavía sigue abierta

En 2014, más de 3,6 millones de personas participaron de una votación que pudo cambiar para siempre el mapa europeo. El “No” ganó con el 55,3%, pero el Brexit y una disputa de más de tres siglos volvieron a colocar el futuro de Escocia en el centro de la escena.

La historia detrás de una independencia que todavía sigue abierta
La historia detrás de una independencia que todavía sigue abierta Foto: REUTERS
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La unidad del Reino Unido atravesó uno de sus momentos más delicados el 18 de septiembre de 2014, cuando los habitantes de Escocia respondieron una pregunta histórica: “¿Debería Escocia ser un país independiente?”

El “No” se impuso con el 55,3%, frente al 44,7% obtenido por el “Sí”. Sin embargo, el resultado estuvo lejos de cerrar un conflicto político, económico e identitario que comenzó varios siglos antes.

La consulta convocó a 3.623.344 electores y alcanzó una participación del 84,6%, una cifra extraordinaria para la historia electoral británica. El “No” reunió 2.001.926 votos, mientras que el “Sí” consiguió 1.617.989.

Escocia antes del Reino Unido: guerras, coronas e independencia

Para entender el referéndum de 2014 es necesario retroceder hasta la Edad Media. Escocia fue durante siglos un reino independiente, enfrentado en numerosas oportunidades con Inglaterra.

Las Guerras de Independencia escocesas de los siglos XIII y XIV dejaron figuras convertidas en símbolos nacionales, como William Wallace y Robert the Bruce.

Cuando Escocia quiso ser libre
Escocia votó, el “No” ganó y el Reino Unido nunca volvió a ser el mismo Foto: REUTERS

Uno de los episodios más importantes ocurrió en 1314, cuando las fuerzas de Robert the Bruce derrotaron al ejército inglés en la batalla de Bannockburn. El triunfo fortaleció la independencia escocesa y se convirtió en una referencia histórica para el nacionalismo moderno.

En 1603 tuvo lugar la denominada Unión de las Coronas. Jacobo VI de Escocia heredó el trono inglés y también se convirtió en Jacobo I de Inglaterra. Aunque ambos territorios comenzaron a compartir un monarca, conservaron parlamentos, leyes e instituciones diferentes.

El acuerdo de 1707 que cambió el destino escocés

El punto de inflexión llegó con las Actas de Unión de 1707, que integraron políticamente a Escocia e Inglaterra y crearon el Reino de Gran Bretaña.

Los parlamentos nacionales dejaron de funcionar por separado y la representación política quedó concentrada en Westminster. Pese a ello, Escocia conservó su sistema jurídico, su Iglesia nacional y una tradición educativa propia.

La unión estuvo precedida por una profunda crisis económica. Entre sus antecedentes apareció el fracaso del Proyecto Darién, un intento escocés de establecer una colonia comercial en el istmo de Panamá a finales del siglo XVII.

La iniciativa generó importantes pérdidas económicas y debilitó al reino escocés antes del acuerdo con Inglaterra.

El nacionalismo escocés se convirtió en una fuerza decisiva

El reclamo moderno tomó forma con la creación del Partido Nacional Escocés, conocido como SNP, en 1934. Durante décadas fue una fuerza minoritaria, pero ganó protagonismo gracias al debate sobre la autonomía y los recursos energéticos del mar del Norte.

Antes de discutir la independencia, Escocia avanzó hacia la descentralización. En 1997, sus ciudadanos aprobaron mediante un referéndum la creación de un Parlamento propio.

Escocia y el referéndum que hizo temblar al Reino Unido Foto: REUTERS

La Ley de Escocia fue sancionada en 1998 y el nuevo Parlamento escocés comenzó a funcionar en 1999, recuperando una institución legislativa que había desaparecido en 1707.

El organismo recibió competencias sobre salud, educación, vivienda, transporte y gobierno local. Westminster, en cambio, conservó el control sobre defensa, política exterior, moneda y asuntos constitucionales.

El acuerdo que permitió celebrar el referéndum

La consulta de 2014 fue posible gracias al Acuerdo de Edimburgo, firmado en octubre de 2012 por el entonces primer ministro británico, David Cameron, y el ministro principal escocés, Alex Salmond.

Londres transfirió temporalmente las facultades necesarias para que el Parlamento escocés organizara una votación legal y reconocida por ambas administraciones.

Millones fueron a votar, ganó la unidad y Escocia mantuvo vivo su sueño independentista Foto: REUTERS

La campaña independentista fue encabezada por Yes Scotland, mientras que Better Together reunió a quienes defendían la continuidad dentro del Reino Unido.

Además, los jóvenes de 16 y 17 años pudieron votar, una decisión inédita que amplió considerablemente el padrón electoral.

Petróleo, libra y armas nucleares: las claves del debate

Los defensores de la independencia sostenían que Escocia podía administrar directamente los ingresos del petróleo y el gas del mar del Norte, desarrollar su potencial energético y establecer políticas sociales propias.

Los unionistas advertían sobre la incertidumbre fiscal, la deuda pública y el futuro de la moneda. El Gobierno escocés proponía mantener la libra esterlina, pero Londres se negaba a garantizar una unión monetaria.

También se discutió el futuro de la base naval de Faslane, donde se encuentra parte del sistema nuclear británico Trident. Una separación habría obligado a negociar el traslado de armamento y una nueva estrategia de defensa.

El Brexit reabrió una discusión que parecía cerrada

El escenario cambió en 2016. Mientras el conjunto del Reino Unido votó por abandonar la Unión Europea, Escocia respaldó la permanencia con el 62% de los votos.

Para el nacionalismo, el Brexit modificó las condiciones existentes durante la consulta de 2014. Los escoceses habían decidido permanecer dentro de un Reino Unido integrado a Europa, pero quedaron fuera del bloque pese al resultado registrado en su territorio.

En noviembre de 2022, la Corte Suprema británica resolvió que el Parlamento escocés no puede convocar unilateralmente otra consulta independentista, porque la unión es una cuestión reservada a Westminster.

Una votación que nunca quedó completamente atrás

El referéndum de 2014 no produjo una Escocia independiente, pero transformó la política británica. Demostró que millones de ciudadanos estaban dispuestos a abandonar una unión con más de 300 años de historia.

El “No” ganó en las urnas, pero no logró terminar con el debate. El Brexit, las tensiones entre Edimburgo y Londres y los límites legales para organizar una nueva votación mantienen abierta una pregunta que todavía puede cambiar el futuro del Reino Unido.

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