
Ubicada en la costa oeste de Escocia, la ciudad de Greenock atraviesa una de las crisis de despoblación más severas de la región. Con una pérdida de más de 22.000 habitantes desde 1981 y una proyección que anticipa una nueva caída del 16% en los próximos 20 años, las autoridades locales buscan alternativas para evitar que la comunidad siga reduciéndose.
Lejos de endurecer su postura frente a la migración, el ayuntamiento de Inverclyde decidió apostar por la llegada de inmigrantes y refugiados como una herramienta para revitalizar la economía, sostener los servicios públicos y atraer nuevos residentes a una ciudad que lucha por mantenerse activa.
Del esplendor industrial al declive económico
Durante el siglo XIX, Greenock fue uno de los grandes polos industriales de Escocia. Conocida como “Sugaropolis” por su importante actividad de refinación de azúcar, también se destacó durante siglos por su tradición en la construcción naval.

Sin embargo, la desaparición progresiva de las industrias que impulsaban la economía local provocó un fuerte éxodo de trabajadores. El cierre de grandes empleadores, como IBM en 2016, la salida posterior de Amazon y los recientes recortes en los astilleros profundizaron la pérdida de empleo y aceleraron el envejecimiento de la población.
La situación social refleja ese deterioro. Según el pastor Jonathan Fleming, en la comunidad se celebran “muchos más funerales que bodas y bautizos”, mientras que vecinos jóvenes describen la ciudad como un lugar con escasas oportunidades laborales y comerciales.
Inmigrantes y refugiados, una oportunidad para revitalizar la ciudad
Frente a este escenario, los nuevos residentes comenzaron a desempeñar un papel cada vez más importante. La llegada de familias africanas y refugiados de distintas nacionalidades impulsó la apertura de nuevos negocios y ayudó a cubrir necesidades laborales en sectores clave.

Christianah Omilana, propietaria de una tienda de alimentos africanos en Greenock, destaca la hospitalidad de los habitantes locales y considera que la diversidad puede convertirse en una fortaleza para la comunidad. En la misma línea, Stephen McCabe, líder del consejo de Inverclyde, sostiene que sin la contribución de los inmigrantes servicios esenciales, como el sistema de salud, enfrentarían serias dificultades.
No obstante, tanto las autoridades como los nuevos residentes coinciden en que el éxito de la estrategia dependerá de la creación de empleo. La disponibilidad de puestos de trabajo será determinante para atraer y retener población en los próximos años.
Entre desafíos y esperanza: el futuro de Greenock
El proceso de integración no estuvo exento de tensiones. En los últimos años se registraron protestas contra centros de alojamiento para solicitantes de asilo y algunos vecinos expresaron dudas sobre la capacidad de la ciudad para ofrecer oportunidades tanto a los residentes históricos como a los recién llegados.

A pesar de ello, la postura predominante en la región sigue siendo favorable a la acogida. Los resultados electorales recientes mostraron un respaldo limitado a las propuestas antiinmigración, reflejando que gran parte de la comunidad considera que la diversidad puede ser una pieza clave para revertir décadas de declive.
Mientras intenta reinventarse tras la caída de su histórico modelo industrial, Greenock se convirtió en un ejemplo singular dentro de Europa: una ciudad que ve en la inmigración no un desafío, sino una posible vía para garantizar su supervivencia y construir un nuevo futuro.



















