La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones presidenciales de Brasil volvió a poner su figura en el centro de la escena regional. Entre los análisis políticos y el impacto de su regreso al poder por cuarta vez, reapareció una pregunta que desde hace años despierta curiosidad dentro y fuera del país: ¿por qué Lula tiene solo nueve dedos?
La respuesta remite a una historia personal que antecede por décadas a su carrera política y que ayuda a entender parte de su identidad como referente de la clase trabajadora brasileña.
El dramático accidente que cambió para siempre la vida de Lula
En 1964, cuando tenía apenas 17 años, Lula trabajaba en una fábrica de tornillos en São Paulo. Durante un turno nocturno, sufrió un grave accidente laboral con un torno mecánico que terminó aplastándole el dedo meñique de la mano izquierda.
Años más tarde, el propio dirigente explicó que el incidente se produjo por una falla en el mantenimiento de la máquina. Según relató, un compañero soltó el soporte del torno y el mecanismo atrapó uno de sus dedos.
La situación se agravó por las demoras para recibir atención médica. Cuando finalmente fue atendido, cerca de las siete de la mañana, los médicos determinaron que el dedo ya no podía salvarse y debieron amputarlo.
La frase de un médico que Lula jamás olvidó
Con el correr del tiempo, Lula convirtió aquel episodio en una de las historias más impactantes de su biografía. Durante una entrevista con el presentador Jô Soares, recordó las dificultades que enfrentó al llegar al hospital y una frase que lo marcó para siempre.
“Llegué a las tres de la mañana oliendo a overol de trabajo, oliendo a grasa. El médico me miró a la cara y dijo: ‘¿Para qué necesita 10 dedos un peoncito? Voy a quitártelo’”, contó.
El entonces obrero sostuvo que el profesional decidió amputar el resto del dedo en lugar de conservar parte del muñón. Décadas después, siguió utilizando esa experiencia como ejemplo de las desigualdades que enfrentaban los trabajadores más humildes en Brasil.
El difícil proceso de aceptar su discapacidad
La amputación no solo tuvo consecuencias físicas. Lula reconoció que durante mucho tiempo sintió vergüenza de mostrar su mano. “Hoy lo llevo bien, pero pasé un año en el que iba avergonzado en el autobús. No quería que nadie viera mi dedo”, recordó durante un acto oficial en 2010.
Según contó, solía esconder la mano en los bolsillos o cubrirla con una toalla para evitar las miradas ajenas. También tuvo que reaprender acciones cotidianas que antes realizaba de manera automática.
“Tenía dificultades porque cuando iba a lavarme la cara, el agua se caía antes de llegar. Me llevó un tiempo hasta que aprendí”, explicó. Sin acceso a programas de rehabilitación, desarrolló por su cuenta nuevas formas de adaptarse a la pérdida.
De obrero metalúrgico a cuatro veces presidente de Brasil
Lejos de transformarse en un obstáculo definitivo, aquel accidente terminó formando parte de una historia de resiliencia que acompañó toda su trayectoria.
En 1968 inició su actividad sindical en el Sindicato de Metalúrgicos de São Bernardo do Campo, donde comenzó a construir el liderazgo que años más tarde lo convertiría en una de las figuras políticas más influyentes de América Latina.
Desde entonces protagonizó una larga carrera pública que incluyó su paso por el Congreso y tres mandatos presidenciales previos, entre 2003 y 2011 y desde 2023.
A pesar de las teorías que intentaron vincular la pérdida de su dedo con una estrategia de construcción política, su ascenso se apoyó principalmente en décadas de militancia sindical y en su identificación con los trabajadores brasileños.
Hoy, mientras se prepara para asumir nuevamente la conducción del gigante sudamericano, la mano de nueve dedos continúa siendo una de las imágenes más reconocibles de Lula. Más que una curiosidad física, representa el recorrido de un joven obrero que sobrevivió a un accidente laboral y terminó llegando a la máxima magistratura de Brasil.
















