
El mensaje que nos legó Perón, verdadero estadista y profundo pensador, hoy está presente en la voz de muy pocos dirigentes que se dicen peronistas. Algunos olvidaron la doctrina y abandonaron el proyecto. Usan su nombre, pero no siguen su ejemplo.
Perón no dejó solamente una liturgia, dejó una idea de país: producción, trabajo, justicia social y comunidad organizada; y nos enseñó que primero está la Patria, después el Movimiento y, por último, los hombres.
En tiempos donde abundan las disputas personales, las divisiones internas y la mirada de corto plazo, vale la pena volver a las ideas fundantes, no para repetir consignas del pasado, sino para encontrar respuestas a los desafíos del presente.

El peronismo no es un club de herederos, es una responsabilidad con el pueblo. Si vamos a nombrarlo, que sea para aplicar sus enseñanzas. Si vamos a cantar la Marcha, que sea con el país en la cabeza y el pueblo en el corazón. Porque el peronismo sin Perón corre el riesgo de convertirse en una cáscara vacía.
La vigencia de una doctrina no se mide por la cantidad de veces que se la menciona, sino por la capacidad de convertir sus principios en políticas concretas al servicio de la comunidad. Allí reside el verdadero desafío de quienes se reconocen peronistas: interpretar su tiempo sin renunciar a los valores que dieron origen al Movimiento.
El legado no se hereda con un sello ni con una consigna, se honra con hechos.
Antonio E. Arcuri











