
Cada año, millones de prendas descartadas recorren miles de kilómetros desde Europa hasta el norte de Chile. Muchas de ellas terminan formando una gigantesca montaña de ropa en el desierto de Atacama, un basural textil que ya supera las 60.000 toneladas y que, según imágenes satelitales, continúa expandiéndose año tras año.
La acumulación se encuentra en las cercanías de Alto Hospicio, en la región de Tarapacá, y alcanzó tal magnitud que puede distinguirse desde el espacio mediante imágenes de alta resolución. La empresa SkyFi confirmó el crecimiento del sitio al señalar: “Podemos confirmar que la enorme pila de ropa en el desierto de Chile existe y está creciendo”.
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La situación encendió las alarmas de organismos internacionales. La ONU calificó este enorme basural como una “emergencia ambiental y social para el planeta”, al considerar que representa una de las consecuencias más visibles del modelo de consumo acelerado impulsado por la industria de la moda.
Por qué hay una montaña de 60.000 toneladas de ropa en el desierto de Atacama
El origen del problema está directamente vinculado al crecimiento del consumo de ropa y a la expansión de la denominada fast fashion. De acuerdo con datos del Parlamento Europeo, cada uno de los casi 450 millones de habitantes de la Unión Europea compra en promedio 26 kilos de textiles por año y desecha 11 kilos.
Una parte importante de esas prendas viaja hacia América Latina con la intención de ser revendida como ropa de segunda mano. Sin embargo, miles de artículos nunca encuentran compradores y terminan abandonados en el desierto chileno.
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Las investigaciones realizadas por la ONG Ekō y el colectivo Desierto Vestido revelaron que entre las prendas descartadas aparecen marcas reconocidas internacionalmente como:
- H&M.
- Zara.
- Hugo Boss.
- Adidas.
- Levi’s.
- Old Navy.
- Under Armour.
- Tommy Hilfiger.
- Nike.
Además de ropa completamente nueva con etiquetas intactas. La mayoría corresponde a prendas de baja calidad o sin valor comercial, por lo que resulta más económico abandonarlas que gestionar correctamente su disposición final.
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El rol de Europa en la crisis: la Unión Europea lidera la exportación mundial de ropa descartada
Según un informe de la ONU publicado en 2024, la Unión Europea concentra el 30% de las exportaciones mundiales de ropa usada, ubicándose por encima del Reino Unido (16%) y Estados Unidos (15%).

Este flujo permanente de textiles responde al crecimiento sostenido del consumo y a la rápida rotación de colecciones que caracteriza a la industria de la moda.
El propio organismo internacional indicó que el comercio mundial de ropa de segunda mano se multiplicó por siete en los últimos 40 años, impulsado principalmente por el fenómeno de la moda rápida.
El circuito del desecho: del puerto de Iquique al abandono definitivo en Alto Hospicio
El recorrido de estas prendas comienza en Europa y finaliza en el norte de Chile. Los cargamentos llegan al puerto de Iquique, cuya zona franca permite almacenar mercancías sin pagar impuestos mientras permanecen en tránsito. Allí, los importadores buscan comercializar la ropa en distintos países latinoamericanos.
El problema aparece cuando gran parte de esa mercadería no logra venderse. Ante el elevado costo que implica retirarla o reciclarla, numerosos operadores simplemente la abandonan en terrenos cercanos a Alto Hospicio, donde el enorme vertedero continúa creciendo sin control.

Según informó Infobae en enero de 2026, Chile recibe entre 120.000 y 180.000 toneladas de ropa usada por año, lo que lo convierte en el cuarto importador mundial de indumentaria de segunda mano.
En 2025, el Primer Tribunal Ambiental de Antofagasta responsabilizó al Estado chileno por no impedir la disposición ilegal de residuos textiles y ordenó elaborar un plan de reparación ambiental con una duración de diez años. Sin embargo, la sentencia fue apelada y la decisión definitiva aún permanece pendiente.
Alerta global de la ONU: por qué califican al basural textil como una emergencia ambiental
El crecimiento del vertedero llamó la atención de investigadores, ambientalistas y organismos internacionales. Las primeras imágenes difundidas en 2020 por el colectivo Desierto Vestido generaron repercusión mundial. Desde entonces, estudios realizados con imágenes del programa Copernicus, de la Agencia Espacial Europea (ESA), comprobaron que la superficie ocupada por los residuos textiles continúa expandiéndose.
La directora del Observatorio de la Sostenibilidad de la Universidad de Chile, Reinalina Chavarri, explicó que cerca del 70% de la ropa postconsumo en Chile se dona o termina desechada, mientras que apenas el 1% logra reciclarse.

Como respuesta, el Gobierno chileno incorporó al sector textil dentro de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor, obligando a importadores y fabricantes a hacerse cargo de los residuos que generan.
Incendios y toxicidad: los efectos de la quema de indumentaria en el aire y las aguas subterráneas
Además del impacto visual, el basural provoca graves consecuencias ambientales. Ante la enorme cantidad de prendas acumuladas, parte de la ropa es enterrada y otra parte es incendiada para reducir el volumen.
Bastian Barria, cofundador de Desierto Vestido, describió el paisaje que dejan los incendios: “Parece petróleo solidificado, pero en realidad son los restos de ropa que se ha fundido con el fuego”, señaló.
La quema de fibras sintéticas, principalmente poliéster derivado del petróleo, libera sustancias tóxicas que contaminan el aire y pueden afectar las aguas subterráneas. La Scientific Plastic Pollution Alliance of Chile (SPLACH) advirtió que la combustión conjunta de plásticos y tejidos sintéticos genera mezclas químicas cuyos efectos sobre la salud aún no pueden determinarse completamente.

Durante estos episodios, los habitantes de Alto Hospicio deben permanecer dentro de sus viviendas con puertas y ventanas cerradas para evitar la exposición al humo. El alcalde de la ciudad, Patricio Ferreira, resumió la situación con una frase que refleja el sentimiento de los vecinos: “Tenemos la sensación de que nuestra tierra ha sido sacrificada. Somos la basura del mundo y aún no hay conciencia para resolver este problema”.
Por su parte, la integrante de Desierto Vestido Karla Aviles explicó el impacto que esta situación tuvo sobre la imagen de la ciudad: “En internet, cuando buscas Alto Hospicio, aparecen vídeos que dicen que aquí está el lugar más feo del mundo. Somos una pequeña ciudad escondida en el norte de Chile, y la gente nos conoce por esto”.
Consumo masivo y descarte: cuántos kilos de textiles compra y tira un habitante europeo al año
Las cifras muestran la dimensión del fenómeno. El Parlamento Europeo estima que cada ciudadano de la Unión Europea compra 26 kilos de ropa y otros textiles por año, mientras que descarta alrededor de 11 kilos anualmente.
Ese volumen de residuos, sumado a la sobreproducción de la industria de la moda rápida, alimenta el circuito global de exportación de ropa usada hacia países como Chile.
Aunque existen iniciativas para reutilizar parte de esos materiales, como la empresa EcoFibra, que fabrica paneles aislantes utilizando prendas abandonadas, los especialistas advierten que la solución requiere reducir el consumo, mejorar el reciclaje y asumir la responsabilidad sobre los residuos desde el origen.
Mientras tanto, cada semana siguen llegando nuevos cargamentos de ropa al norte chileno y la gigantesca montaña textil del desierto de Atacama continúa creciendo, consolidándose como uno de los mayores símbolos del impacto ambiental del consumo masivo de indumentaria.



















