
Ryan Hulance tenía apenas 10 años cuando decidió buscar una manera de ayudar a las personas que atravesaban dificultades económicas y, al mismo tiempo, colaborar con el cuidado del medioambiente. Tres años después, su iniciativa se convirtió en un proyecto solidario que logró reciclar alrededor de 1,5 millones de latas de aluminio y recaudar unas 18.000 libras esterlinas, equivalentes a cerca de US$24.000.
El adolescente vive en Solihull, en la región de West Midlands, Inglaterra, y creó We Can CIC, una iniciativa que recolecta latas de bebidas descartadas por comercios y particulares para luego venderlas como chatarra de aluminio. Todo el dinero obtenido se destina a organizaciones benéficas y bancos de alimentos de la zona.

Cómo nació el proyecto de reciclaje de Ryan
La idea surgió en 2023, cuando Ryan tenía 10 años. Después de ver a sus padres ayudar con alimentos a una familia que atravesaba dificultades, comenzó a buscar una manera de colaborar sin pedir dinero a otras personas.
El adolescente se puso en contacto con comercios cercanos a su vivienda y les preguntó si podían entregarle las latas de aluminio que ya no utilizaban. Al principio, juntaba apenas unos cientos por semana y las almacenaba en su casa.
Para reducir el volumen, sus padres ayudaban a aplastarlas utilizando el auto familiar antes de llevarlas a los centros de reciclaje. Con el tiempo, la iniciativa comenzó a crecer y cada vez más empresas y vecinos se sumaron a la propuesta.
Lo que empezó como una actividad doméstica se transformó en una red de recolección de gran escala. Actualmente, Ryan recibe material de alrededor de 200 proveedores y llega a reunir unas 20.000 latas por semana. Para poder procesar semejante cantidad, la familia incorporó una máquina industrial que permite triturar y compactar el aluminio en grandes bloques, facilitando su traslado hasta las empresas recicladoras.

Según medios británicos, las empresas de reciclaje pagan entre 20 y 90 peniques por kilogramo de aluminio, dependiendo de las condiciones del mercado. Unos 65 envases equivalen aproximadamente a un kilogramo de este material.
En 2025, Ryan llegó a recolectar unas ocho toneladas de latas, con las que consiguió alrededor de 6.000 libras. Ese dinero fue destinado a una organización benéfica dedicada a ayudar a mujeres.
Cuánto dinero recaudó Ryan con el reciclaje
A lo largo de aproximadamente tres años, el adolescente recicló cerca de 1,5 millones de latas y consiguió alrededor de 18.000 libras esterlinas para distintas causas benéficas. La cifra equivale a unos US$24.000, de acuerdo con las conversiones difundidas por medios que cubrieron su historia.
Una parte importante del dinero se destinó a comprar alimentos y otros productos para bancos de alimentos y familias que atraviesan dificultades económicas.
El proyecto también recibió apoyo de empresas y organizaciones de la comunidad. En 2025, por ejemplo, el Birmingham Airport Community Trust Fund otorgó una subvención de 5.000 libras a We Can CIC para ayudar a incrementar su capacidad de procesamiento de latas.

Una iniciativa que se convirtió en empresa social
A medida que la cantidad de material recolectado aumentó, We Can dejó de ser simplemente una iniciativa familiar y pasó a tener una estructura formal como Community Interest Company (CIC), una figura jurídica británica destinada a organizaciones que buscan generar un beneficio para la comunidad.
El proyecto mantiene como uno de sus principales objetivos combatir la pobreza alimentaria en Solihull y sus alrededores mediante la transformación de residuos en recursos para organizaciones sociales.
En enero de 2026, el crecimiento del proyecto incluso llevó a sus responsables a buscar un espacio industrial más grande. Hasta entonces, las latas recolectadas se almacenaban en una vivienda particular, una situación que ya no resultaba adecuada debido al volumen de material. En ese momento, We Can informaba que reunía más de una tonelada de aluminio por mes y buscaba alcanzar entre 3,5 y 5 toneladas mensuales.
Ryan dedica 20 horas semanales al proyecto
Aunque todavía tiene 13 años y continúa con sus estudios, Ryan dedica alrededor de 20 horas por semana a la iniciativa. Parte de ese tiempo lo utiliza para recoger las latas, clasificarlas y procesarlas antes de enviarlas a reciclar.
El propio adolescente reconoció que en ocasiones preferiría dedicar ese tiempo a jugar con sus amigos, pero aseguró que encuentra una motivación especial en saber que su trabajo permite ayudar a otras familias.

La propuesta también consiguió involucrar a residencias, comercios, escuelas y distintas organizaciones locales, que funcionan como puntos de recolección o colaboran con el proyecto.
El reciclaje como herramienta para ayudar a los demás
La historia de Ryan muestra cómo una actividad cotidiana, como separar y reciclar una lata de aluminio, puede convertirse en una fuente de recursos para quienes más lo necesitan.
Su proyecto combina dos objetivos: reducir la cantidad de residuos y transformar el material recuperado en fondos destinados a combatir la pobreza alimentaria.
Desde que comenzó, la iniciativa no dejó de crecer. Lo que empezó con unas pocas bolsas de latas recolectadas por un niño de 10 años terminó convirtiéndose en una red comunitaria que procesa toneladas de aluminio y canaliza el dinero obtenido hacia bancos de alimentos y organizaciones benéficas de su región.




















