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Recibió 110 hectáreas donde cultivaban maíz y soja y plantó árboles de madera dura: años después la fauna ya no lo dejaba pensar de tanto ruido

Mark Magura convirtió antiguos campos agrícolas en humedales, praderas y bosques. La transformación hizo regresar aves, ranas y otros animales.

Magura llamó a su esposa casi llorando de alegría para contarle que quizá habían sido “demasiado exitosos” en el nuevo bosque de Indiana.
Magura llamó a su esposa casi llorando de alegría para contarle que quizá habían sido “demasiado exitosos” en el nuevo bosque de Indiana. Foto: Google Gemini.
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Mark Magura compró a comienzos de los años 2000 un terreno de 272 acres, unas 110 hectáreas, en el condado de Starke, Indiana, Estados Unidos. Durante más de una década, alrededor de 89 hectáreas fueron arrendadas a productores agrícolas y el paisaje estuvo dominado principalmente por maíz y soja. Con el tiempo decidió cambiar su destino y terminó recuperando más de 80 hectáreas para la fauna.

Cómo comenzó a transformar los campos de maíz y soja

Magura comenzó a trabajar con el Natural Resources Conservation Service (NRCS), organismo del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, por los problemas que generaban las zonas húmedas de la propiedad.

Durante las siguientes tres décadas plantaron más de 11.000 pinos ponderosa y alerces occidentales.
La restauración se extendió durante tres años y convirtió antiguos campos agrícolas en un mosaico de humedales, praderas y sectores forestados. Foto: Google Gemini.

En 2006 instaló franjas de pastos junto a los drenajes. En 2009 plantó árboles de madera dura para generar hábitat para el murciélago de Indiana y, al año siguiente, incorporó pastos nativos destinados a codornices y otras aves. Pronto comenzaron a aparecer también faisanes y más ciervos.

Más de 80 hectáreas volvieron a ser humedales y praderas

En 2018 incorporó 200,6 acres, unas 81 hectáreas, al programa Wetland Reserve Easement. La restauración se extendió durante tres años y convirtió antiguos campos agrícolas en un mosaico de humedales, praderas y sectores forestados.

La historia empezó en la década de 1970, cuando los Miner atravesaron el noreste de Washington durante un viaje hacia Canadá y quedaron cautivados por el paisaje.
En 2006 instaló franjas de pastos junto a los drenajes; en 2009 plantó árboles de madera dura para generar hábitat para el murciélago de Indiana. Foto: Google Gemini.

También se crearon unas 6,5 hectáreas de depresiones capaces de retener agua. Para construirlas se desplazaron aproximadamente 42.800 metros cúbicos de tierra, según el NRCS.

La fauna regresó y terminó con el silencio

Una tarde, Magura se sentó en la terraza buscando tranquilidad. Pero los pájaros cantaban, las ranas croaban y otros animales llenaban de sonidos el paisaje. El NRCS relata que había tanto ruido que ya no podía ni escuchar sus propios pensamientos.

Magura llamó a su esposa casi llorando de alegría para contarle que quizá habían sido “demasiado exitosos”. Las recorridas posteriores registraron codornices, ranas y aves utilizando los nuevos ambientes, mientras que en la propiedad también aparecieron ciervos, faisanes y águilas.

Las más de 81 hectáreas quedaron protegidas de manera permanente: incluso si la propiedad cambia de dueño, esa superficie no podrá volver a cultivarse ni sufrir alteraciones importantes del paisaje.

Este artículo fue elaborado por un periodista de Canal 26 con la asistencia de la IA.

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