
Mark Magura compró a comienzos de los años 2000 un terreno de 272 acres, unas 110 hectáreas, en el condado de Starke, Indiana, Estados Unidos. Durante más de una década, alrededor de 89 hectáreas fueron arrendadas a productores agrícolas y el paisaje estuvo dominado principalmente por maíz y soja. Con el tiempo decidió cambiar su destino y terminó recuperando más de 80 hectáreas para la fauna.
Cómo comenzó a transformar los campos de maíz y soja
Magura comenzó a trabajar con el Natural Resources Conservation Service (NRCS), organismo del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, por los problemas que generaban las zonas húmedas de la propiedad.

En 2006 instaló franjas de pastos junto a los drenajes. En 2009 plantó árboles de madera dura para generar hábitat para el murciélago de Indiana y, al año siguiente, incorporó pastos nativos destinados a codornices y otras aves. Pronto comenzaron a aparecer también faisanes y más ciervos.
Más de 80 hectáreas volvieron a ser humedales y praderas
En 2018 incorporó 200,6 acres, unas 81 hectáreas, al programa Wetland Reserve Easement. La restauración se extendió durante tres años y convirtió antiguos campos agrícolas en un mosaico de humedales, praderas y sectores forestados.

También se crearon unas 6,5 hectáreas de depresiones capaces de retener agua. Para construirlas se desplazaron aproximadamente 42.800 metros cúbicos de tierra, según el NRCS.
La fauna regresó y terminó con el silencio
Una tarde, Magura se sentó en la terraza buscando tranquilidad. Pero los pájaros cantaban, las ranas croaban y otros animales llenaban de sonidos el paisaje. El NRCS relata que había tanto ruido que ya no podía ni escuchar sus propios pensamientos.
Magura llamó a su esposa casi llorando de alegría para contarle que quizá habían sido “demasiado exitosos”. Las recorridas posteriores registraron codornices, ranas y aves utilizando los nuevos ambientes, mientras que en la propiedad también aparecieron ciervos, faisanes y águilas.
Las más de 81 hectáreas quedaron protegidas de manera permanente: incluso si la propiedad cambia de dueño, esa superficie no podrá volver a cultivarse ni sufrir alteraciones importantes del paisaje.
Este artículo fue elaborado por un periodista de Canal 26 con la asistencia de la IA.




















