
Lo que alguna vez fueron dos antiguas propiedades ganaderas en Nueva Gales del Sur, Australia, hoy es un refugio para la naturaleza. Jill y Ken Hooper compraron los campos de Moona en 2002 y Bingel en 2006, cerca del río Edward y de la localidad de Deniliquin, y decidieron apostar por la restauración ambiental en lugar de la producción agropecuaria.
Ambos terrenos presentaban serios problemas: malezas invasoras, residuos y humedales alterados por el manejo previo. En vez de volver a la ganadería, la pareja se propuso recuperar el paisaje original, con foco en los humedales de eucaliptos rojos de río, los bosques de caja gris y las zonas de vegetación sobre suelos arenosos.
El proceso de recuperación y el acuerdo de conservación
La tarea no fue sencilla. Los Hooper invirtieron tiempo y recursos en mejorar el ingreso de agua a los humedales y restaurar áreas donde la vegetación nativa había sido degradada. El trabajo incluyó aprendizaje constante y la colaboración con especialistas para devolverle vida a los ecosistemas.

En 2018, la pareja firmó un acuerdo de conservación con el Biodiversity Conservation Trust de Nueva Gales del Sur, que garantiza la protección de 970 hectáreas de manera permanente. Así, el esfuerzo realizado no se perderá aunque la propiedad cambie de manos en el futuro.
El impacto en la fauna y el valor de preservar
La transformación también se notó en la fauna local. Según relató Jill Hooper, desde que comenzaron la restauración, observaron un aumento en la presencia de lagartos, serpientes, aves y zarigüeyas, que encontraron mejores condiciones de hábitat.
“Estamos haciendo algo por esta tierra que debería hacerse. Vamos con la tierra, no luchamos contra ella”, expresó Jill, según el organismo australiano.
Hoy, las dos antiguas explotaciones rurales se convirtieron en un proyecto de conservación a largo plazo, orientado a recuperar la vegetación nativa y preservar los ambientes naturales de la región.



















