
Entre los acantilados de Península Valdés, frente a las aguas del Golfo Nuevo, se encuentra Puerto Pirámides, la única localidad estable dentro de esta reserva natural de Chubut declarada Patrimonio Mundial por la Unesco.
Mucho antes de convertirse en un destino famoso por sus ballenas, el pueblo dependía de una actividad completamente diferente. Puerto Pirámides nació alrededor de la explotación de la sal y de un pequeño ferrocarril que atravesaba la meseta patagónica.
Cuando aquella industria entró en crisis, las vías fueron levantadas y numerosos habitantes abandonaron el lugar. Sin embargo, algunas familias permanecieron y, décadas más tarde, el turismo de naturaleza le dio al pueblo una segunda oportunidad.
Puerto Pirámides, el pueblo que nació alrededor de un tren salinero
La fundación de la localidad se remonta al 14 de julio de 1900, cuando el Gobierno nacional autorizó la construcción de un ferrocarril destinado a unir la costa con las salinas del interior de la península.
El tren recorría aproximadamente 34 kilómetros y trasladaba la producción hasta un puerto natural protegido. Desde allí, la sal era enviada hacia ciudades como Buenos Aires, Bahía Blanca y Montevideo.
La línea tenía locomotoras a vapor, vagones de carga, talleres y depósitos. Durante sus años de mayor actividad, llegó a transportar alrededor de 12.000 toneladas de sal por año.
Este movimiento generó puestos de trabajo y atrajo a obreros, comerciantes y familias. Alrededor del muelle comenzaron a levantarse viviendas, almacenes y construcciones vinculadas con la empresa salinera.
La crisis que dejó al pueblo cerca de desaparecer
El período de crecimiento fue breve. La actividad salinera perdió rentabilidad, la empresa quebró en 1919 y el ferrocarril dejó de funcionar hacia 1920. Finalmente, las vías fueron levantadas en 1943.

Sin tren ni otra industria capaz de sostener la economía local, Puerto Pirámides comenzó a quedar despoblado. Numerosos trabajadores se marcharon y las instalaciones fueron deteriorándose bajo el viento y la arena.
Además, la escasez de agua potable dificultaba la permanencia de nuevas familias. Durante décadas, el pueblo sobrevivió con pocos habitantes, construcciones dispersas y restos de su pasado ferroviario.
Las ballenas que cambiaron su historia para siempre
La recuperación comenzó durante la segunda mitad del siglo XX, cuando nuevos pobladores descubrieron el potencial turístico de sus playas y sus aguas protegidas.
En la década de 1970, buzos y navegantes comenzaron a organizar las primeras excursiones para observar a la ballena franca austral. Estos enormes animales llegaban al Golfo Nuevo para aparearse, parir y cuidar a sus crías.
El interés de los visitantes creció rápidamente. Así, el pueblo reemplazó la extracción de recursos naturales por un modelo basado en el turismo, la conservación y la observación de fauna.
Actualmente, Puerto Pirámides es el único puerto argentino habilitado para realizar avistajes embarcados de ballenas. También ofrece actividades como buceo, kayak, trekking, ciclismo y navegación.
De antiguo puerto salinero a paraíso natural de la Patagonia
La transformación se consolidó en 1999, cuando Península Valdés fue declarada Patrimonio Mundial por la Unesco debido a la importancia de su biodiversidad.
El pueblo todavía conserva fragmentos de rieles, sectores del antiguo terraplén y restos del muelle utilizado para embarcar la sal. Estas huellas permiten reconstruir una historia que permanece escondida detrás de las postales de ballenas y acantilados.
A pocos kilómetros de Puerto Madryn, Puerto Pirámides es mucho más que un destino turístico: es un pueblo que nació gracias al ferrocarril, estuvo cerca de desaparecer y logró reinventarse aprovechando la riqueza de su entorno natural.
Donde alguna vez circulaban locomotoras cargadas de sal, hoy miles de viajeros llegan para contemplar uno de los mayores espectáculos naturales de la Argentina.





















