
En 2020, mientras la pandemia obligaba a millones de personas a permanecer en sus hogares, dos técnicos de Neuquén comenzaron a trabajar con computadoras que otros habían descartado. No tenían una fábrica ni grandes instalaciones: su primer taller funcionaba dentro de un departamento.
Allí desarmaban equipos, revisaban componentes y buscaban recuperar materiales que todavía podían aprovecharse. Así, lo que parecía una actividad pequeña terminó convirtiéndose en un proyecto que, seis años después, había logrado recuperar más de 70 toneladas de residuos electrónicos. Detrás de ese crecimiento está REN, una cooperativa neuquina que encontró una oportunidad donde muchos veían objetos sin valor.
Su historia demuestra que una computadora vieja no necesariamente debe terminar en un basural. En ocasiones, puede volver a funcionar, convertirse en una fuente de repuestos o aportar materiales para fabricar nuevos productos.
De un departamento a una cooperativa: cómo comenzó REN en Neuquén
El proyecto nació durante un período en el que las computadoras se habían vuelto indispensables para estudiar, trabajar y mantener el contacto con otras personas. Sin embargo, también aumentaba la cantidad de dispositivos que dejaban de utilizarse por desperfectos técnicos o porque habían quedado desactualizados.
Los impulsores de REN comenzaron reparando equipos, pero pronto se encontraron con un problema: ¿qué podían hacer con aquellos que ya no tenían arreglo?

Juan Morillas, uno de los integrantes de la cooperativa, recordó aquellos primeros pasos en una entrevista difundida por Neuquén Informa. “Empezamos en un taller muy casero, literalmente en un departamento. Trabajábamos con lo que teníamos, desarmando equipos y buscando la manera de aprovechar cada material”, explicó.
Con el paso del tiempo, el espacio quedó pequeño. Primero trasladaron sus actividades a un garaje y después consiguieron instalarse en un taller más amplio. La iniciativa surgida en 2020 se constituyó formalmente como cooperativa en 2022 y actualmente funciona en Centenario, provincia de Neuquén.
Recuperaron más de 70 toneladas de residuos electrónicos y multiplicaron su capacidad
El crecimiento de REN puede medirse a través de cifras concretas. Según información difundida por el Gobierno de Neuquén en agosto de 2026, la cooperativa pasó de procesar aproximadamente 15 toneladas anuales de residuos electrónicos a cerca de 30 toneladas por año. Además, el volumen acumulado de materiales recuperados superó las 70 toneladas.
El equipo también creció: de los dos técnicos que comenzaron trabajando en un departamento, ahora el equipo pasó a contar con siete integrantes. Actualmente reciben computadoras y otros dispositivos electrónicos procedentes de hogares, empresas e instituciones de la región.
Estos residuos, conocidos como RAEE (Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos), requieren una gestión adecuada porque pueden contener materiales aprovechables y componentes que necesitan un tratamiento especial. Por eso, el objetivo de REN no consiste únicamente en desarmar equipos, sino en recuperar la mayor cantidad posible de recursos.
Una de las conexiones más interesantes de REN es su vínculo con Punto Verde Gráfico, el emprendimiento neuquino de Francisco Martinenghi, conocido por transformar botellas de plástico en filamento para impresoras 3D. La iniciativa también colaboró con la cooperativa mediante la entrega de impresoras y componentes electrónicos en desuso para su reciclaje. Así, dos proyectos nacidos en la misma provincia, aunque dedicados a recuperar materiales diferentes, encontraron una forma de contribuir a la economía circular y evitar que más residuos terminen en la basura.
El 13,6% de las computadoras y equipos recibió una segunda oportunidad
Uno de los aspectos más interesantes del trabajo de la cooperativa es que el reciclaje no representa siempre la primera opción. Cuando un dispositivo llega al taller, los técnicos evalúan su estado para determinar si puede volver a funcionar.
Si la reparación es posible, intentan extender su vida útil. Cuando no tiene solución, recuperan los componentes que todavía sirven y separan los materiales restantes.
Este procedimiento permitió que el 13,6% de los equipos recibidos pudiera volver a utilizarse, mientras que otro 12% se aprovechó como fuente de repuestos. La diferencia es importante: reparar una computadora evita que sea descartada prematuramente y puede facilitar el acceso a tecnología para otras personas.

Para Morillas, esa posibilidad representa una de las mayores satisfacciones del proyecto. “Lo que más nos impulsa es ver que una computadora que iba a terminar en un basural pueda llegar a una escuela o a un comedor y seguir siendo útil. Ahí entendimos que íbamos por el camino correcto”, expresó.
De reciclar computadoras en casa a proyectar una planta para toda la Patagonia
La transformación de REN también estuvo acompañada por instituciones educativas y organismos públicos. Escuelas técnicas, la Universidad Nacional del Comahue, municipios y el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) colaboraron en distintas etapas de su desarrollo.
La cooperativa también participó del programa Impacta Neuquén, donde recibió nueve meses de capacitación y financiamiento para ampliar sus capacidades.
Según informó el Gobierno provincial en agosto, parte de esos recursos se destinó a comprar una trituradora de cables que permitiría separar cobre y plástico para su posterior aprovechamiento.

El siguiente objetivo es avanzar hacia una planta especializada en el tratamiento de residuos electrónicos del Alto Valle, con mayor capacidad de procesamiento y posibilidades de generar nuevos puestos de trabajo. Aunque todavía queda camino por recorrer, el proyecto ya consiguió transformar una idea nacida en un departamento en una actividad productiva con impacto ambiental y social.
Sin embargo, la importancia de este trabajo va más allá de recuperar materiales. Desde REN advierten sobre los riesgos ambientales de desechar incorrectamente computadoras, celulares y monitores, ya que algunos dispositivos contienen sustancias peligrosas, como plomo, mercurio y cadmio, que pueden contaminar el suelo y el agua si no reciben un tratamiento adecuado.
La historia de REN comenzó con dos técnicos, computadoras descartadas y un espacio reducido. Seis años después, aquellas primeras reparaciones dieron paso a una cooperativa que recuperó más de 70 toneladas de residuos y busca demostrar que incluso la tecnología que parece obsoleta puede tener una nueva utilidad.





















