
A unos 35 kilómetros de Santa Rosa, sobre la Ruta Nacional 35, existe un territorio donde la naturaleza y la historia argentina se encuentran. Actualmente se lo conoce como Reserva Provincial Parque Luro, pero a comienzos del siglo XX fue una extensa estancia perteneciente a una de las familias más poderosas de la época.
El origen de la propiedad se remonta a Ataliva Roca, quien recibió grandes extensiones de tierra en la región pampeana. Una parte de esos campos, alrededor de 23.700 hectáreas, quedó en manos de su hija Arminda Roca y de su esposo, el médico, empresario y político Pedro Olegario Luro.
La pareja llamó al establecimiento San Huberto, en referencia al santo europeo considerado protector de los cazadores. El nombre anticipaba el ambicioso proyecto que Luro planeaba desarrollar en medio del bosque de caldenes.
El primer coto de caza organizado de la Argentina
En 1907, Pedro Luro introdujo ejemplares de ciervo colorado y jabalí europeo. Su intención era reproducir en La Pampa las grandes jornadas de caza realizadas por la aristocracia del Viejo Continente.
De esta manera surgió el primer coto de caza organizado de la Argentina. Con el paso de los años, los animales escaparon de los límites de la estancia y se expandieron por distintos sectores de la provincia.

La decisión tuvo consecuencias duraderas. El ciervo colorado y el jabalí son actualmente considerados especies introducidas, debido a su capacidad para alterar la vegetación y competir con la fauna autóctona.
San Huberto también funcionaba como establecimiento agropecuario y forestal. Allí se cultivaban alimentos, se criaban animales y se explotaba la madera de caldén, que era transportada hasta la estación ferroviaria de Naicó para continuar su recorrido hacia Bahía Blanca.
El castillo construido en medio del caldenal
Sobre una colina cercana a una laguna, Pedro Luro mandó construir una residencia que pasó a ser conocida como El Castillo. El edificio presentaba características inspiradas en las construcciones centroeuropeas y estaba rodeado por un paisaje de caldenes, médanos y senderos.
La primera estructura fue realizada en madera, aunque posteriormente se incorporaron ampliaciones de ladrillo. Sus habitaciones recibieron a empresarios, dirigentes políticos y personalidades destacadas de principios del siglo XX.

El castillo también fue escenario de reuniones relacionadas con la provincialización de La Pampa. Pedro Luro defendió la autonomía del entonces territorio nacional, pero murió en 1927, sin llegar a presenciar aquel cambio político.
La propiedad pasó a manos del Estado
En 1939, el establecimiento fue adquirido por Antonio Maura, quien reconstruyó sectores del parque de caza, reformó el edificio principal y utilizó las caballerizas para criar caballos de carrera y ponis de polo.
Después de su muerte, ocurrida en 1964, su hija decidió vender la propiedad al Gobierno de La Pampa. Finalmente, en 1966, el parque y su histórico castillo pasaron a manos provinciales.
Habían transcurrido 59 años desde la llegada de los primeros ciervos y jabalíes. El antiguo espacio privado comenzó entonces su transformación en un lugar abierto al público y dedicado a la protección ambiental.
En 1978 se delimitaron aproximadamente 7.600 hectáreas. Cerca de 1.600 fueron destinadas al turismo y la recreación, mientras que otras 6.000 quedaron reservadas para la conservación y la investigación científica.
De coto privado a reserva natural protegida
En 1996 se creó formalmente la Reserva Provincial Parque Luro, destinada a preservar el ecosistema del caldenal. Al año siguiente, el castillo fue declarado Monumento Histórico Nacional.
La reserva reúne tres ambientes característicos de La Pampa: el bosque de caldén, el salitral y el medanal. Allí viven pumas, zorros, ñandúes, reptiles, anfibios y más de 160 especies de aves.
Actualmente, El Castillo forma parte del Museo Complejo Parque Luro. En su interior se conservan muebles, carruajes y objetos personales que permiten reconstruir la vida de la familia Luro.
Más de un siglo después, el lugar conserva una transformación notable: las tierras creadas como símbolo de poder y exclusividad terminaron convertidas en un espacio destinado a proteger la naturaleza, la arquitectura y la memoria histórica de La Pampa.




















