
Muchos conductores creen que mantener el motor a bajas revoluciones ayuda a prolongar la vida útil del auto y a reducir el desgaste. Sin embargo, el mecánico Juan José Ebenezer advirtió que esta costumbre puede ser contraproducente y, en algunos casos, terminar dañando el motor.
En una entrevista con La Vanguardia, Ebenezer sostuvo: “Existe la idea de que llevar el coche siempre a bajas revoluciones es cuidarlo, y eso no es así”. Según el especialista, cada motor está diseñado para funcionar dentro de un rango específico de revoluciones, por lo que no todos los autos deben conducirse igual.
Por qué manejar siempre a bajas revoluciones puede ser un error
El mecánico explicó que, por ejemplo, “un gasolina moderno no se conduce como un diésel antiguo”. Si un motor está pensado para trabajar a 2.500 o 3.000 vueltas y se lo mantiene constantemente a 1.200 revoluciones, pueden aparecer problemas en otros sistemas del vehículo.
Para Ebenezer, el conductor no debería obsesionarse con llevar siempre el motor al régimen más bajo posible. “Hay que aprender a sentir el coche y adaptarse a él, no obligar al coche a adaptarse a ti”, recomendó.

El arranque en frío y el mito del mantenimiento exacto
Otro hábito que cuestionó Ebenezer es el de arrancar el auto y salir de inmediato. Aunque algunos fabricantes lo sugieren por cuestiones de emisiones, el mecánico explicó que “en frío los fluidos están más viscosos, no lubrican igual y los metales trabajan con holguras distintas”. Por eso, aconsejó esperar unos segundos tras el arranque para que el aceite circule correctamente antes de exigirle al motor.
En cuanto al mantenimiento, Ebenezer fue tajante: “Mucha gente cree que hace un buen mantenimiento porque sigue lo que dice el fabricante, pero para mí eso es cargarte el coche más lentamente”. Destacó que no alcanza con elegir una buena marca de aceite o una determinada viscosidad, sino que es fundamental usar la especificación adecuada para cada motor.
Las claves para cuidar el auto y evitar averías costosas
Para el especialista, conocer el comportamiento del vehículo y realizar un mantenimiento adecuado son dos factores esenciales para evitar que pequeños hábitos terminen en averías graves y costosas. Prestar atención a cómo responde el auto y adaptar la conducción, junto con un control riguroso de los fluidos y repuestos, puede marcar la diferencia en la vida útil del motor.














