
Durante años, las islas de cocina cada vez más grandes se convirtieron en el sueño de quienes renovaban su casa. Sin embargo, varios diseñadores de interiores empezaron a cuestionar si realmente aportan funcionalidad o si solo suman impacto visual.
Vanessa Katzen, fundadora de Vanessa Katzen Design, explicó que las cocinas fueron incorporando islas “cada vez más grandes”, muchas veces convertidas en verdaderos centros escultóricos, con piedras llamativas y proporciones exageradas. Para ella, “muchas han empezado a sentirse más performativas que prácticas”.
La diseñadora Laura Stephens coincidió en que durante años predominó la idea de que “más grande era mejor”, pero ahora muchos propietarios se preguntan si esas dimensiones realmente funcionan para la vida cotidiana. Stephens sostiene que las alternativas más compactas y multifuncionales pueden resultar más útiles en cocinas de distintos tamaños.
Cuando el tamaño de la isla complica la cocina
El problema no es tener una isla, sino forzar una demasiado grande en un espacio que no la necesita. Maureen Gomez, diseñadora con estudio en Londres, fue tajante: aseguró que nunca pondría en su propia cocina una isla sobredimensionada “simplemente por tener una”.

Según Gomez, la lógica de que “cuanto más grande, mejor” puede perjudicar el flujo general del ambiente. Esto se nota especialmente en cocinas chicas, donde una isla enorme puede ocupar casi todo el espacio y volver incómodo el ambiente.
La diseñadora también criticó la tendencia de instalar dos islas en una misma cocina: “Ni me hagan empezar con la horrible tendencia de instalar dos islas”, disparó.
Desde la funcionalidad, Yvonne Harty advirtió que las islas grandes, si no están bien planificadas, pueden generar “más desplazamientos entre las distintas tareas” y hacer menos eficiente el trabajo. Además, una isla demasiado profunda puede dejar zonas centrales difíciles de alcanzar y limpiar.
La cocina de 2026: circulación y proporciones antes que tamaño
La tendencia para los próximos años no es eliminar la isla, sino dejar de elegirla solo por su tamaño. Los diseñadores apuntan a una cocina donde la circulación, las proporciones y el uso real del ambiente tengan tanto peso como la estética.
Así, las islas gigantes pierden protagonismo y dan paso a soluciones más prácticas, adaptadas a la vida cotidiana y a los espacios reales de cada casa.















