
En la costa del río Uruguay existe una ciudad argentina que tuvo que empezar desde cero. Sus habitantes se despidieron de sus casas, abandonaron los recorridos cotidianos y vieron desaparecer gran parte del lugar donde habían crecido.
Se trata de Federación, en la provincia de Entre Ríos, una comunidad que fue trasladada casi por completo a fines de la década de 1970. La formación del embalse de la represa de Salto Grande condenó al antiguo asentamiento, que terminó parcialmente cubierto por el agua.
Sin embargo, Federación no desapareció. Sus vecinos levantaron una nueva ciudad a pocos kilómetros y, con el paso del tiempo, la convirtieron en uno de los destinos termales más reconocidos del país.
Federación, la ciudad argentina que tuvo tres comienzos
La historia de Federación se remonta al siglo XVIII. En 1777, Juan de San Martín, padre del general José de San Martín, intervino en la organización de la estancia Mandisoví. El lugar funcionó como posta y como punto estratégico en las comunicaciones entre los pueblos misioneros y Buenos Aires.
Por sus caminos circulaban viajeros, correos y carretas cargadas con yerba, tabaco, algodón, cueros y otros productos regionales. Aquel territorio fue ganando importancia hasta convertirse en un pequeño centro comercial y ganadero.

El 16 de noviembre de 1810, Manuel Belgrano reconoció terrenos a los habitantes de Mandisoví y estableció disposiciones para organizar la población. En ese momento, la zona contaba con aproximadamente 650 habitantes.
Pero ese no sería su emplazamiento definitivo. En 1847, durante el gobierno entrerriano de Justo José de Urquiza, la población fue trasladada hasta la barranca del río Uruguay. Allí recibió el nombre de Pueblo de la Federación, en homenaje a la causa federal.
La represa que cambió su historia para siempre
Durante décadas, Federación creció impulsada por el comercio, la ganadería y la actividad maderera. No obstante, su ubicación quedó comprometida cuando Argentina y Uruguay avanzaron con el proyecto para aprovechar el potencial hidroeléctrico del río Uruguay.
La construcción del Complejo Hidroeléctrico de Salto Grande comenzó oficialmente en 1974. Para entonces, miles de personas vivían en Federación y sabían que la creación del embalse obligaría a abandonar el pueblo.

La nueva ciudad comenzó a construirse en 1977, a unos cinco kilómetros del asentamiento anterior. Antes de levantar las viviendas se instalaron servicios de agua corriente, electricidad, telefonía y red cloacal.
Aunque el proyecto representaba una oportunidad para acceder a instalaciones modernas, ninguna planificación podía reemplazar los vínculos, recuerdos y espacios compartidos durante generaciones.
Una mudanza marcada por el dolor y el desarraigo
El traslado se concretó en marzo de 1979. Las familias llegaron a una ciudad con calles nuevas, pocos árboles y barrios en los que todavía no existían los lazos comunitarios del antiguo pueblo.
No fue solamente una mudanza. Los habitantes tuvieron que dejar viviendas, comercios, escuelas, plazas, iglesias y recorridos cotidianos. También se separaron vecinos que habían compartido gran parte de sus vidas.

Numerosos edificios fueron demolidos antes de que avanzara el agua. Con el llenado del embalse, parte de la Vieja Federación quedó sumergida, mientras que algunos sectores permanecieron visibles como testimonio de aquella transformación.
El 25 de marzo de 1979 quedó establecido como la fecha emblemática de la nueva ciudad. Desde entonces, la memoria del traslado ocupa un lugar central en la identidad de sus habitantes.
El edificio histórico que fue trasladado pieza por pieza
Uno de los principales símbolos de esa memoria es el actual Museo de los Asentamientos. El edificio, levantado entre 1846 y 1847, había funcionado como capilla en la antigua Federación.
Antes de la inundación, la construcción fue desarmada cuidadosamente y trasladada pieza por pieza. Posteriormente, se reconstruyó en la nueva ciudad utilizando sus materiales originales.

El museo conserva fotografías, herramientas, documentos, objetos domésticos y recuerdos donados por las familias. Su recorrido explica las tres grandes etapas de la comunidad: Mandisoví, la Vieja Federación y la Federación actual.
De la producción tradicional al turismo: el hallazgo que cambió a Federación
En sus comienzos, la nueva ciudad buscaba impulsar su economía. Aunque la industria maderera y el cultivo de cítricos mantuvieron su relevancia, el verdadero giro histórico ocurrió en la década de 1990.
El surgimiento de las termas y la expansión turística
La aparición de aguas termales abrió un camino insospechado para el desarrollo local, desencadenando una rápida transformación comercial:
- Infraestructura en crecimiento: surgieron de forma progresiva hoteles, complejos de cabañas, restaurantes y diversas ofertas de servicios.
- Referente provincial: la localidad se posicionó entre las zonas termales más visitadas de Entre Ríos.
- Atractivos complementarios: a sus piletas se sumaron playas sobre el lago Salto Grande, la práctica de deportes náuticos y recorridos históricos enfocados en el antiguo asentamiento.
Reconstrucción de la identidad a orillas del río
Más allá de su imagen enfocada en los visitantes, la ciudad resguarda un trasfondo de profunda solidez histórica:
- Proceso de resiliencia: una comunidad que enfrentó la pérdida de su trazado urbano original y el impacto del desarraigo.
- Identidad redefinida: sus habitantes lograron refundar sus raíces e historia frente al mismo curso de agua que transformó su rumbo en forma definitiva.





















