
Uno de los mayores miedos a la hora de que una persona va creciendo tiene que ver con problemas cognitivos que pueden ser generados con enfermedades del cerebro como el Alzheimer.
Para esto, especialistas hablan de “entrenamiento del cerebro”: además de los ya conocidos juegos de letras o crucigramas, también es importante sumar experiencias intelectuales como leer, escribir, aprender otro idioma, jugar al ajedrez, resolver acertijos y visitar museos, entre otros.
Esto es un trabajo que se debe realizar desde la infancia hasta la vejez, generando mejores posibilidades para mantenerse mentalmente ágiles.

La salud física también es importante para la salud cerebral. Por eso los expertos recomiendan igualmente el ejercicio físico intenso, controlar la presión arterial, dormir bien e incluso vacunarse en etapas avanzadas de la vida.
La presión arterial alta, por ejemplo, daña los vasos sanguíneos, lo cual perjudica al corazón y reduce el flujo sanguíneo al cerebro. La diabetes mal controlada puede provocar una inflamación dañina en el cerebro.
El estudio que dio reveladores detalles
El reciente estudio elaborado por Zammit sobre el aprendizaje a lo largo de la vida incluyó a casi 2.000 adultos mayores –de entre 53 y 100 años– que al inicio no tenían demencia y fueron seguidos durante ocho años.

Los investigadores les preguntaron sobre actividades educativas y cognitivamente estimulantes en su juventud, mediana edad y vejez, y les realizaron una batería de pruebas neurológicas.
Algunos fueron diagnosticados posteriormente con Alzheimer, pero este apareció cinco años más tarde en quienes habían tenido el mayor nivel de aprendizaje a lo largo de la vida, en comparación con quienes tuvieron el menor, según el equipo de Zammit en la revista Neurology. Además, mantenerse más activo mentalmente en la mediana edad y más allá se asoció con un ritmo más lento de deterioro cognitivo.
Otros datos interesantes fueron los hallazgos de las autopsias de 948 participantes que fallecieron durante el estudio: incluso cuando sus cerebros presentaban los marcadores característicos del Alzheimer, las personas cognitivamente más “enriquecidas” mostraban mejores habilidades de memoria y pensamiento, y un deterioro más lento antes de su muerte.

A esto los científicos lo llaman reserva cognitiva. Significa que el aprendizaje fortaleció las conexiones neuronales en diversas regiones, ayudando al cerebro a ser más resiliente y capaz de compensar el daño causado por el envejecimiento o la enfermedad, al menos durante un tiempo.

















