
Una imagen tomada desde la Estación Espacial Internacional sorprendió a miles de personas en todo el mundo. En ella se observa una gigantesca mancha naranja y rojiza que destaca sobre una superficie blanca en pleno Altiplano de Bolivia. Aunque la escena parece salida de otro planeta, los científicos aseguran que se trata de un fenómeno natural provocado por la combinación de procesos biológicos y químicos que ocurren en uno de los ecosistemas más extremos de Sudamérica.
La fotografía fue difundida por el Observatorio de la Tierra de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) de Estados Unidos y muestra con claridad la Laguna Colorada, un cuerpo de agua que desde hace décadas fascina a investigadores, fotógrafos y turistas por sus particulares tonalidades.

Qué es la Laguna Colorada y dónde se encuentra este ecosistema extremo
La Laguna Colorada se encuentra en el departamento de Potosí, en el suroeste de Bolivia, cerca de la frontera con Chile. Forma parte de la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa y está ubicada a unos 4.300 metros sobre el nivel del mar.
Se trata de un lago hipersalino, es decir, con una concentración de sal muy superior a la de la mayoría de los cuerpos de agua. Además de la elevada salinidad, la región se caracteriza por temperaturas extremas, fuertes vientos y una intensa radiación ultravioleta producto de la altitud.
Estas condiciones convierten a la laguna en un ambiente hostil para la mayoría de los organismos. Sin embargo, algunas especies especialmente adaptadas lograron prosperar en este entorno.
La importancia ambiental del lugar es tal que en 1990 fue reconocido como humedal de importancia internacional bajo la Convención Ramsar. Además, constituye uno de los principales refugios para especies emblemáticas como el flamenco andino, el flamenco chileno y el flamenco de James.

Algas y sal: cuál es la explicación química y biológica detrás del fenómeno naranja
El llamativo color rojizo y anaranjado de la Laguna Colorada es el resultado de una combinación entre microorganismos y minerales presentes en el ecosistema.
Uno de los protagonistas es la microalga Dunaliella salina, una especie capaz de sobrevivir en ambientes extremadamente salados. Cuando las condiciones son favorables, estas algas se multiplican en grandes cantidades y liberan pigmentos que tiñen el agua.
El fenómeno se vuelve aún más espectacular debido al contraste con el paisaje circundante. Alrededor de la laguna existen extensos depósitos de bórax, una sal compuesta principalmente por tetraborato sódico. A lo largo de miles de años, la reducción gradual del tamaño del lago dejó expuestas capas de sales blancas que hoy generan una imagen impactante cuando son observadas desde grandes alturas.

Desde el espacio, la combinación del agua coloreada y las superficies blanquecinas produce el efecto visual de una enorme mancha naranja extendiéndose sobre el terreno.
Además, la tonalidad de la laguna no es permanente. Dependiendo de factores como la temperatura, la evaporación y la concentración salina, el agua puede adquirir matices rojizos, anaranjados e incluso verdosos.
Qué son los carotenoides y cómo protegen a los microorganismos de la radiación
Los carotenoides son pigmentos naturales presentes en numerosas plantas, algas y microorganismos. Son los responsables del color naranja de las zanahorias, el rojo de los tomates y los tonos amarillos de muchos frutos.
En el caso de la Dunaliella salina, estos compuestos cumplen una función vital: actuar como un escudo protector frente a la intensa radiación ultravioleta que caracteriza al Altiplano boliviano.
Gracias a los carotenoides, las algas pueden reducir el daño que provoca la exposición constante a los rayos solares y sobrevivir en un entorno donde muchas otras formas de vida no podrían hacerlo.

Estos pigmentos también tienen un papel clave dentro de la cadena alimentaria de la laguna. Los flamencos que habitan el lugar consumen algas y pequeños crustáceos ricos en carotenoides, incorporando esos compuestos a su organismo. Como consecuencia, desarrollan el característico color rosado que los distingue.
De esta manera, un mismo pigmento es capaz de colorear el agua de la laguna, contribuir a la supervivencia de microorganismos extremófilos y otorgar su tonalidad a algunas de las aves más emblemáticas de los Andes.











