
El telescopio espacial Neil Gehrels Swift enfrenta uno de los mayores desafíos desde su lanzamiento hace más de dos décadas. Debido al deterioro de su órbita, el observatorio de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) corre el riesgo de reingresar de forma incontrolada a la atmósfera terrestre antes de que finalice el año, una situación que pondría fin a una de las misiones científicas más importantes para el estudio del universo.
Para evitar ese escenario, una empresa aeroespacial desarrolló una misión inédita que busca rescatar el telescopio mediante una nave robótica capaz de capturarlo en el espacio y elevar nuevamente su órbita.

La operación no solo pretende prolongar la vida útil del observatorio, sino también demostrar que el mantenimiento de satélites en órbita puede convertirse en una alternativa viable para futuras misiones espaciales.
¿Cómo será la misión para rescatar al telescopio Swift?
La misión estará a cargo de Katalyst Space, que utilizará un vehículo robótico de servicio denominado LINK para interceptar al telescopio una vez que ambos se encuentren en órbita.
El lanzamiento está previsto para realizarse desde el atolón de Kwajalein, en la República de las Islas Marshall, a bordo de un cohete Pegasus XL, fabricado por Northrop Grumman.

Una vez desplegado en el espacio, el satélite robótico deberá acercarse de manera completamente autónoma al observatorio, acoplarse a él y comenzar un proceso gradual de elevación orbital que se extenderá durante varios meses.
De concretarse con éxito, será la primera vez que una nave robótica comercial logre capturar un satélite gubernamental que nunca fue diseñado para recibir tareas de mantenimiento en el espacio.
¿Por qué el telescopio de la NASA corre peligro?
El observatorio Neil Gehrels Swift fue lanzado en 2004 para estudiar algunos de los fenómenos más energéticos del universo, especialmente los estallidos de rayos gamma.
Sin embargo, el telescopio no cuenta con un sistema propio de propulsión que le permita corregir su trayectoria. Durante los últimos años, el rozamiento con las capas superiores de la atmósfera provocó una pérdida progresiva de altitud.

Desde su órbita inicial, cercana a los 600 kilómetros de altura, el telescopio descendió hasta aproximadamente 400 kilómetros, una distancia que incrementa el efecto del arrastre atmosférico.
Si no recibe asistencia, continuará perdiendo altura hasta ingresar nuevamente en la atmósfera terrestre, donde terminaría destruyéndose por efecto del calor generado durante el reingreso.
La misión de rescate busca evitar ese desenlace y extender la vida útil de un observatorio cuyo valor supera los 500 millones de dólares.
Un paso clave para el futuro del mantenimiento espacial
Más allá del rescate de Swift, la operación representa una prueba tecnológica con implicancias para toda la industria espacial. Katalyst Space explicó que el proyecto busca demostrar la capacidad de responder rápidamente ante problemas orbitales, diseñando y ejecutando una misión completa en menos de un año desde la detección del riesgo.

Este tipo de tecnologías podría transformar la forma en que se administran satélites y telescopios en el futuro. En lugar de reemplazar equipos que aún funcionan correctamente, sería posible extender su vida útil mediante vehículos robóticos capaces de reparar, reabastecer o modificar sus órbitas.
La iniciativa también abre la puerta al desarrollo de nuevos servicios comerciales de mantenimiento espacial, una actividad que despierta un creciente interés tanto para aplicaciones científicas como para misiones civiles y de seguridad.















