
En la esquina de Segurola y Habana, en el barrio porteño de Villa Devoto, se encuentra un edificio que podría pasar inadvertido entre las construcciones de la zona. Sin embargo, su dirección quedó grabada en la memoria popular por una frase pronunciada por Diego Armando Maradona en octubre de 1995.
“Segurola y Habana 4310, séptimo piso” dejó de ser una simple ubicación para convertirse en un símbolo del folclore futbolero argentino. El desafío nació después de un partido caliente entre Boca Juniors y Colón de Santa Fe, pero tuvo un desenlace inesperado: el jugador invitado a pelear terminó compartiendo equipo con Maradona.
El regreso de Maradona a Boca que terminó en escándalo
El 7 de octubre de 1995, Maradona volvió oficialmente a vestir la camiseta de Boca Juniors después de casi 14 años. También regresaba a la actividad profesional tras cumplir una suspensión de 15 meses, impuesta luego del control antidopaje positivo registrado durante el Mundial de Estados Unidos 1994.
La expectativa era enorme. La Bombonera estaba repleta y el equipo dirigido por Silvio Marzolini enfrentaba a Colón por la novena fecha del Torneo Apertura. Maradona apareció como capitán, lució un recordado mechón rubio y recibió una bienvenida multitudinaria.

Boca ganó 1 a 0 con un gol de Darío Scotto, aunque el resultado quedó relegado por un enfrentamiento ocurrido durante el primer tiempo.
El conflicto comenzó después de una fuerte infracción de Claudio Caniggia sobre Dante Unali. Varios futbolistas de Colón rodearon al árbitro Francisco Lamolina para reclamar, entre ellos Julio César Toresani, quien ya estaba amonestado.
Maradona intervino en la discusión, se produjeron empujones y protestas, y Toresani recibió la segunda tarjeta amarilla. El jugador de Colón fue expulsado y responsabilizó al Diez por la decisión arbitral.
La respuesta que convirtió una dirección en leyenda
Después del partido, Toresani declaró ante los periodistas que quería encontrarse cara a cara con Maradona. Molesto por lo ocurrido, aseguró que estaba dispuesto a buscarlo incluso en su casa.
La respuesta llegó frente a las cámaras. Lejos de bajar el tono, Maradona reveló públicamente la dirección donde vivía con su familia. Mencionó Segurola y Habana 4310, aclaró que su departamento estaba en el séptimo piso y desafió a Toresani a presentarse allí.

El Diez también sostuvo que quería comprobar si su adversario podía resistirle “treinta segundos”. La pelea nunca ocurrió: Toresani no se presentó en el edificio y el enfrentamiento quedó reducido a las declaraciones televisivas.
Aunque todavía no existían las redes sociales, la frase se multiplicó rápidamente en programas de televisión, radios y diarios. En pocas horas, una dirección particular de Villa Devoto pasó a formar parte del lenguaje popular argentino.
Cómo era la propiedad de Maradona en Villa Devoto
En aquel séptimo piso, Maradona vivió durante parte de la década de 1990 con Claudia Villafañe y sus hijas, Dalma y Giannina. El inmueble también estuvo asociado con una importante colección de camisetas, trofeos, medallas y recuerdos deportivos del campeón mundial.
El piso habría contado con aproximadamente 400 metros cuadrados totales, un amplio living comedor, balcón corrido, dormitorios en suite, vestidor, sauna, hidromasaje, cocina y cocheras cubiertas.

La propiedad conservó diferentes objetos relacionados con la trayectoria del Diez. Entre ellos había botines, camisetas, regalos y piezas obtenidas durante sus etapas en Argentina, España, Italia y la Selección nacional.
De enemigos públicos a compañeros en Boca
La historia dio un giro inesperado en 1997. Dos años después del desafío televisivo, Toresani llegó a Boca y se convirtió en compañero de Maradona. La pelea quedó atrás y ambos compartieron un plantel que también reunió a figuras como Claudio Caniggia, Martín Palermo, Juan Román Riquelme y Guillermo Barros Schelotto.
El 25 de octubre de 1997, los dos quedaron unidos por otro episodio histórico. Boca visitó a River en el Monumental y comenzó perdiendo por un gol de Sergio Berti.

Maradona fue reemplazado en el entretiempo por Riquelme. En la segunda parte, Toresani marcó el empate y Palermo convirtió el 2 a 1 definitivo. Aquel Superclásico fue el último partido oficial de Maradona como futbolista profesional.
Después de su muerte, seguidores comenzaron a dejar flores, camisetas, cartas y fotografías en Segurola y Habana. La esquina recibió una placa con la inscripción “Esquina Diego Armando Maradona”.
Así, Segurola 4310 se transformó en parte de la geografía sentimental del fútbol argentino: allí nació una pelea que nunca ocurrió, pero también una frase que jamás fue olvidada.















