
La Anmat alertó sobre la venta ilegal en redes sociales de Retatrutide, un fármaco experimental para adelgazar rápidamente.
Hace algunos días, Sofía “La Reini” Gonet había relatado su mala experiencia con esta sustancia inyectable: “Creía que iba a morir”.
Según la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica, el fármaco aún no cuenta con las aprobaciones pertinentes y el desconocimiento de su origen representa un “alto riesgo para la salud”.

“En la actualidad ‘Retatrutide’ es una sustancia en etapa de investigación clínica administrada a pacientes que padecen diabetes tipo II y control inadecuado de la glucemia”, se detalla en la comunicación emitida por el ente que depende del Ministerio de Salud.
A partir del análisis, el organismo aseguró que en las publicaciones donde se ofrece el producto se hace mención a su “potencialidad para el control de peso, regulación del consumo calórico y mejora de la función metabólica”, como también “modula la saciedad, la sensibilidad a la insulina y el gasto energético“.
En tanto, aseguró que “se desconocen datos de los presuntos fabricantes y como han sido elaborados y formulados los productos ofrecidos”.

Asimismo, en la publicación del organismo se explica que “los productos destinados a aplicarse por la vía de inyección poseen como factor de riesgo adicional la facilidad de diseminación de una infección al torrente sanguíneo en caso de encontrarse contaminado por la falta de controles en su elaboración, lo que podría llevar a la muerte”.
El duro testimonio de La Reini
Sofia Gonet detalló que, luego de la primera colocación de la dosis, comenzó a tener temblores, fiebre, náuseas y mareos.
Por la sumatoria de síntomas, la influencer tuvo que ser trasladada de urgencia a un centro de salud.
“Me lo inyecté un lunes a las 14. Las tres primeras horas, todo bien. Y a las 18 empezó el martirio absoluto. Fui a la cocina a comer una pechuga de pollo y, al bocado dos, empecé a sentir cómo todo dentro de mi cuerpo empezaba a fallarme”, narró la influencer.

“Creía que iba a morir”, dijo y agregó: “Decía: ‘Me inyecté no sé qué cosa’, y pensaba que la quedaba”.
“Pedía perdón por lo que había hecho y el médico me intentaba tranquilizar. Ni él podía chequear qué era”, reconoció.
“Estuve una semana con náuseas absolutas, rechazo absoluto a cualquier comida y un mes sin tener un antojo y sin comer en cantidad. Solo con una inyección. La comida había dejado de darme bienestar. Pensaba en una hamburguesa y me daban ganas de vomitar. La pasé muy mal”, cerró.




















