
Hay barrios de Buenos Aires que se recorren con un mapa y otros que también necesitan memoria. Villa Devoto pertenece al segundo grupo. Detrás de sus veredas amplias, sus árboles añosos y sus antiguas residencias se esconden historias que forman parte de la cultura popular argentina.
Conocido como “el Jardín de la Ciudad”, este rincón del oeste porteño quedó asociado a dos figuras que alcanzaron una dimensión extraordinaria. Allí transcurrió parte de la infancia y juventud de Miriam Alejandra Bianchi, la mujer que años después adoptaría el nombre de Gilda y transformaría la música tropical. También fue el barrio elegido por Diego Armando Maradona para vivir junto a su familia en una etapa decisiva de su carrera.
Este 7 de septiembre se cumplen 30 años de la muerte de Gilda, ocurrida en 1996 cuando tenía apenas 34 años. Tres décadas después, su voz continúa sonando en fiestas, estadios y reuniones familiares. Mientras tanto, Villa Devoto, el paisaje porteño ligado a sus primeros años, se convirtió en uno de los barrios más buscados para vivir, invertir y disfrutar de su creciente oferta gastronómica.
Villa Devoto, el barrio donde creció Gilda
Mucho antes de los vestidos brillantes, las giras y las canciones convertidas en himnos, Gilda era simplemente Miriam. Había nacido el 11 de octubre de 1961 y creció entre Villa Lugano y Villa Devoto, aunque este último barrio quedó especialmente relacionado con su historia familiar.

Una de las propiedades vinculadas con la artista estuvo ubicada en Benito Juárez al 3200, dentro de un entorno residencial caracterizado por sus casas bajas, jardines y calles tranquilas. En aquellas cuadras transcurrió la vida de una mujer que todavía estaba lejos de imaginar que se convertiría en una de las cantantes más queridas de la Argentina.
Gilda estudió para ser maestra jardinera y también comenzó el profesorado de Educación Física. Tras la muerte de su padre en 1977, debió interrumpir parte de su formación para colaborar con su familia. Con el paso de los años se casó, tuvo dos hijos y trabajó como docente, pero la música siempre ocupó un lugar central en su vida.

Su destino cambió cuando respondió a un aviso clasificado que buscaba una cantante para una agrupación tropical. Aquel gesto comenzó a transformar a Miriam en Gilda, nombre artístico inspirado en el célebre personaje interpretado por Rita Hayworth.
La mujer que rompió los moldes de la cumbia
El camino artístico no fue sencillo. Gilda debió abrirse paso en una escena dominada mayoritariamente por hombres y atravesada por fuertes estereotipos sobre las intérpretes femeninas.
Durante los años 90 construyó una identidad diferente. Su voz melodiosa, su imagen cercana y sus letras sobre el amor, el desengaño y la fortaleza personal contrastaban con varias de las fórmulas habituales de la bailanta.
Entre sus trabajos más recordados aparecen “De corazón a corazón”, de 1992; “La única”, de 1993; “Pasito a pasito con... Gilda”, de 1994; y “Corazón valiente”, publicado en 1995. Canciones como “Fuiste”, “Corazón valiente” y “No me arrepiento de este amor” superaron el circuito tropical y fueron reinterpretadas por artistas de diferentes géneros.
Su carrera profesional fue breve, pero su influencia creció después de su muerte. Sus canciones llegaron a nuevas generaciones, ingresaron en las canchas de fútbol y se instalaron como una parte indispensable de las celebraciones argentinas.
La tragedia que convirtió a Gilda en un mito popular
El 7 de septiembre de 1996, Gilda viajaba junto con familiares y músicos rumbo a Chajarí, Entre Ríos, donde debía presentarse. En el kilómetro 129 de la Ruta Nacional 12, el vehículo que trasladaba al grupo chocó contra un camión.
La cantante murió junto con su hija Mariel, su madre Isabel “Tita” Scioli, tres integrantes de su banda y el conductor del micro. Tenía 34 años y atravesaba un momento de fuerte crecimiento artístico. Lo que parecía el final de una carrera se convirtió, de manera inesperada, en el nacimiento de una leyenda.

Con los años, el lugar del accidente se transformó en un santuario popular. Seguidores de diferentes provincias comenzaron a acercarse para dejar flores, cartas, fotografías y objetos personales. Algunos incluso le atribuyeron favores y milagros, consolidando la imagen de Gilda como una santa popular, aunque sin reconocimiento religioso oficial.
Las huellas de Maradona en Villa Devoto
Gilda no es la única figura inolvidable relacionada con el barrio. Diego Armando Maradona también vivió en Villa Devoto, y algunas de las direcciones vinculadas con el futbolista se convirtieron en puntos de referencia para vecinos y fanáticos.
En 1981, después de su llegada a Boca Juniors, Maradona compró una casa para sus padres en José Luis Cantilo al 4500. Allí vivió durante aproximadamente un año junto con Claudia Villafañe, Don Diego, Doña Tota y algunos de sus hermanos. Más tarde se trasladó al recordado departamento de la zona de Segurola y Habana, una esquina que quedó inmortalizada en el lenguaje popular argentino.

La presencia del Diez reforzó la fama de Devoto, aunque el barrio nunca perdió su espíritu residencial. Sus casas con jardines, pequeñas plazoletas y comercios de cercanía conservaron durante décadas una vida de pueblo dentro de la gran ciudad.
El boom gastronómico e inmobiliario de Villa Devoto
En los últimos años, Villa Devoto atravesó una notable transformación. El área cercana a Plaza Arenales se consolidó como un importante corredor gastronómico, con restaurantes, cervecerías, cafeterías de especialidad, heladerías y propuestas de reconocidos cocineros. Los nuevos establecimientos conviven con confiterías tradicionales que forman parte de la identidad del barrio.

Ese crecimiento también impulsó el mercado inmobiliario. Las casas antiguas comenzaron a compartir las cuadras con edificios modernos de baja altura y emprendimientos destinados a personas que buscan tranquilidad sin abandonar la Ciudad de Buenos Aires.
La disponibilidad limitada de terrenos y las restricciones constructivas de determinadas zonas aumentaron el interés por las propiedades. El fenómeno también alcanzó a barrios cercanos como Villa del Parque, Villa Pueyrredón, Agronomía y Villa General Mitre, donde todavía pueden encontrarse alternativas más accesibles.
El “Jardín de la Ciudad” donde todavía respira la historia
Villa Devoto recibe su apodo por la gran cantidad de árboles, jardines y espacios verdes que forman parte de su paisaje. Su nombre homenajea al empresario italiano Antonio Devoto, propietario de una importante extensión de aquellas tierras hacia finales del siglo XIX.
Hoy, caminar por sus calles permite unir distintas capas de la historia porteña. Allí están las antiguas casonas, el movimiento de Plaza Arenales, las huellas de Maradona y el recuerdo de aquella joven maestra que se animó a perseguir un sueño artístico.



















