
Mucho antes de que Julio Argentino Roca llegara a la presidencia, su padre ya era una figura extraordinaria: combatió en la campaña libertadora del Perú, estuvo en Pichincha, Junín, la guerra del Brasil, las guerras civiles argentinas y hasta marchó al frente en la Guerra del Paraguay con más de 60 años. Su historia, atravesada por el amor, la política y la muerte, parece salida de una novela y, sin embargo, fue real.
Quién fue José Segundo Roca, el hombre que estuvo en casi todas las guerras del siglo XIX
La historia argentina está llena de nombres inmensos, pero también de figuras que, sin ocupar siempre el centro de la escena, atravesaron todos los grandes acontecimientos de su tiempo. José Segundo Roca fue una de ellas: nacido en Tucumán en junio de 1800, ingresó muy joven en las milicias y terminó construyendo una carrera militar que lo llevó desde la independencia sudamericana hasta la Guerra del Paraguay.

Hijo de Pedro Roca y María Antonia Tejerina, se formó en una época en la que la frontera entre la política y la guerra era casi inexistente. Su trayectoria sorprende incluso hoy porque fue uno de los pocos oficiales argentinos que enlazó, en una sola vida, la campaña al Perú, la guerra contra el Imperio del Brasil, los enfrentamientos entre unitarios y federales y el conflicto contra Paraguay.
De Tucumán al Perú: el joven militar que peleó en la campaña de San Martín
Roca se incorporó muy joven al servicio militar y pasó luego al Batallón 11 del Ejército Libertador, integrado a la expedición que partió desde Chile hacia Perú en 1820. Ese movimiento formó parte del plan continental de José de San Martín para quebrar el poder realista en el Pacífico sur y abrir el camino de la independencia peruana.
Durante aquella campaña participó en la llamada Campaña de la Sierra, una de las operaciones más complejas de ese período, y se destacó en la batalla de Cerro de Pasco, librada el 6 de diciembre de 1820. Las fuentes coinciden en que su comportamiento en combate le valió un ascenso, en un contexto donde enfrentarse a unidades realistas como el Regimiento Talavera implicaba alto riesgo y gran exposición personal.

Su nombre también aparece vinculado a Pichincha en 1822 y a Junín en 1824, dos hitos fundamentales del proceso emancipador sudamericano. Años más tarde, incluso dejó por escrito recuerdos sobre la campaña del Perú en una obra póstuma, lo que demuestra que no fue solo un hombre de armas: también fue testigo consciente de estar viviendo una etapa decisiva de la historia continental.
La guerra del Brasil y el salto a una fama silenciosa
Terminada la campaña independentista, su carrera no se detuvo. Ya en la guerra con el Brasil se desempeñó junto a jefes como Lucio Mansilla, Carlos María de Alvear y Juan Antonio Lavalleja, y estuvo presente en acciones terrestres que incluyeron la decisiva batalla de Ituzaingó, uno de los principales enfrentamientos del conflicto entre las Provincias Unidas y el Imperio del Brasil.
Sin embargo, lo llamativo en Roca no fue una celebridad ruidosa, sino su capacidad de permanecer. A diferencia de otros nombres más recordados, él siguió enlazando campañas, ascensos, derrotas, exilios y regresos. Su biografía demuestra hasta qué punto el siglo XIX rioplatense fue una sucesión de guerras casi ininterrumpidas para quienes habían hecho de las armas una forma de vida.
El día en que iba a ser fusilado y una joven cambió su destino
Si su hoja de servicios ya parecía extraordinaria, hubo un episodio personal que transformó su vida en una auténtica novela de época. Tras la derrota de la invasión unitaria a Tucumán en 1836, José Segundo Roca cayó prisionero y estuvo cerca de ser fusilado, en medio del clima feroz que dominaba la pelea entre unitarios y federales.

Fue entonces cuando apareció Agustina Paz, una joven tucumana de familia influyente, hija de Juan Bautista Paz, ministro del gobernador Alejandro Heredia. Según las versiones históricas recogidas por distintas fuentes, ella intercedió para salvarle la vida y comprometió su casamiento con el militar, una decisión que terminó inclinando la balanza a favor del indulto.
La escena tiene todos los ingredientes de un drama romántico del siglo XIX: un derrotado a punto de morir, una joven decidida a desafiar el curso de los hechos y una boda concreta pocos meses después. Se casaron el 20 de abril de 1836 y formaron una familia numerosa de nueve hijos, entre ellos Julio Argentino Roca, que décadas después llegaría dos veces a la presidencia argentina.
Padre, viudo y militar: la vida austera detrás del apellido Roca
Lejos de la imagen solemne que suelen dejar los retratos militares, la vida cotidiana de José Segundo Roca estuvo marcada por estrecheces materiales. Las fuentes señalan que los sueldos castrenses no alcanzaban y que, además de su carrera, debió trabajar en el campo y administrar fincas para sostener a su familia, especialmente después de enviudar en 1855.
Ese costado doméstico ayuda a entenderlo mejor: no era solamente un veterano de campañas memorables, sino también un padre preocupado por la educación y el futuro de sus hijos. Parte de la documentación conservada y recopilada en torno a la familia Roca muestra a un hombre atento a la disciplina, al estudio y a la suerte de cada uno de los suyos, en una Argentina todavía inestable y violenta.
La última marcha: por qué fue a la Guerra del Paraguay con 65 años
Cuando muchos habrían elegido el retiro, José Segundo Roca volvió a vestir el uniforme para sumarse a la Guerra del Paraguay. Tenía alrededor de 65 años y, según la reconstrucción histórica, decidió incorporarse porque sentía que aún podía prestar servicio al país, un gesto que revela tanto su identidad militar como la lógica épica con la que esa generación entendía el deber.
No llegó a ver el desenlace de aquella campaña. Murió en marzo de 1866 en Ensenadita, cuando servía como coronel de caballería y jefe de una división del Ejército. Su muerte ocurrió en pleno frente, y su despedida tuvo honores militares, cerrando una trayectoria excepcional que había atravesado medio siglo de historia rioplatense.



















