
El 7 de junio no es una fecha más en la Argentina. Cada año, el Día del Periodista recuerda la salida de la Gazeta de Buenos Ayres, el periódico que nació en medio de la Revolución de Mayo y que se convirtió en una herramienta clave para informar a la sociedad sobre los pasos de la Primera Junta. Aquella publicación no solo marcó un punto de partida para la prensa nacional: también dejó una idea fundacional que todavía hoy atraviesa al oficio periodístico, la de que el poder debe rendir cuentas y el pueblo tiene derecho a saber.
A más de dos siglos de su primera edición, la Gazeta sigue siendo mucho más que una reliquia histórica. En sus páginas se puede leer el pulso de un momento decisivo: el nacimiento de una nueva vida política, la necesidad de construir legitimidad y la urgencia de comunicar en una época donde la palabra impresa empezaba a tener un peso decisivo. Por eso, entender cómo fue aquella primera publicación es también volver al origen de una pregunta que sigue vigente: ¿para qué sirve el periodismo en tiempos de cambio?
Qué pasó el 7 de junio de 1810 y por qué esa fecha se convirtió en el Día del Periodista
La historia comenzó pocos días después del 25 de Mayo de 1810. La Primera Junta resolvió crear un periódico semanal que permitiera comunicar sus decisiones, explicar sus medidas y acercar a las provincias las novedades del nuevo escenario político. El primer número apareció el jueves 7 de junio de 1810, una fecha que más de un siglo después, en 1938, fue elegida en el Primer Congreso Nacional de Periodistas, realizado en Córdoba, para establecer el Día del Periodista en la Argentina.

El nombre elegido fue Gazeta de Buenos Ayres y su impulso estuvo ligado a Mariano Moreno, secretario de la Junta, quien entendía que la legitimidad de cualquier gobierno también dependía de la información pública. En la primera edición apareció una frase que hoy sigue siendo poderosa: “El pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes”. No era una consigna vacía, sino un programa político y periodístico a la vez.
Así fue la primera edición de la Gazeta de Buenos Ayres que dio origen a una tradición
La primera publicación fue impresa en la Real Imprenta de Niños Expósitos, la imprenta más importante de Buenos Aires en ese tiempo, activa desde 1780 y considerada por la UNESCO como una pieza clave del patrimonio documental de la región. De hecho, la colección vinculada a esa imprenta fue reconocida en 2024 por su valor histórico, ya que sus impresos acompañaron la transformación cultural y política del espacio rioplatense entre la etapa colonial y la independentista.
Según distintas reconstrucciones históricas, el primer número de la Gazeta tuvo una tirada de 500 ejemplares, algo considerable para la época. Su frecuencia era semanal, aunque muy pronto aparecieron números extraordinarios cuando la coyuntura política así lo exigió. El primero de esos extras salió apenas dos días después, el 9 de junio, una señal clara de que el nuevo gobierno necesitaba una vía de comunicación rápida y directa con la población.

En sus páginas convivían decretos, noticias del exterior, disposiciones oficiales, debates políticos y textos orientados a formar opinión pública. La Junta había decidido, además, que las contribuciones y escritos fueran dirigidos al vocal Manuel Alberti, quien tuvo un rol central en la edición del medio, aunque el peso simbólico y doctrinario siguiera asociado a Mariano Moreno. También colaboraron figuras como Manuel Belgrano y Juan José Castelli.
Las curiosidades menos conocidas de la Gazeta que hoy sorprenden a los historiadores
Uno de los detalles más llamativos de la Gazeta de Buenos Ayres era su lema, tomado del historiador romano Cornelio Tácito: “Rara felicidad la de los tiempos en que pensar lo que se quiere y decir lo que se siente, está permitido”. La elección no era casual. Funcionaba como una declaración de principios en un momento en que el control de la palabra escrita había sido una herramienta central del poder colonial. La Gazeta nacía, entonces, no sólo para informar, sino también para instalar una nueva relación entre política, ciudadanía y libertad de expresión.
Otra curiosidad histórica tiene que ver con los recursos materiales de aquella impresión. Parte de los tipos de imprenta y del papel que hicieron posible el trabajo de la publicación habrían sido obtenidos tras las Invasiones Inglesas, cuando quedaron en Buenos Aires materiales que terminaron reforzando la capacidad de impresión local. En otras palabras: una crisis militar previa ayudó, indirectamente, a que años más tarde pudiera consolidarse el primer gran órgano de prensa de la etapa revolucionaria.

También se sabe que, en algunos casos, la Gazeta llegó a leerse públicamente al finalizar la misa de los domingos, una práctica que permite imaginar hasta qué punto la circulación de la información no dependía sólo del papel impreso, sino también de la lectura compartida en una sociedad donde el acceso directo al periódico todavía era limitado. La escena resume una época: pocos ejemplares, mucha expectativa y una enorme necesidad de saber qué estaba pasando.
Por qué la primera Gazeta de Buenos Ayres sigue explicando el sentido del periodismo
La importancia de aquella publicación no radica solamente en haber sido la primera gran voz periodística de la etapa independentista. Su verdadero legado fue instalar la idea de que informar es un acto político en el mejor sentido del término: permitir que los ciudadanos conozcan, evalúen y discutan lo que hacen sus representantes. Esa convicción aparece con claridad en el texto inaugural y explica por qué la Gazeta se convirtió con el tiempo en un símbolo del periodismo argentino.
La publicación siguió editándose, con cambios de formato, de nombres y de dirección, hasta 1821, cuando fue reemplazada por el Registro Oficial. Pero su huella ya era indeleble. Había fijado una tradición, había legitimado la palabra pública y había dejado una certeza que no perdió vigencia: sin información, no hay ciudadanía plena. Por eso, cada Día del Periodista no sólo recuerda una efeméride, sino una idea que nació en 1810 y todavía interpela al presente.
En tiempos de sobreinformación, algoritmos y consumo veloz, volver a la primera edición de la Gazeta de Buenos Ayres es recordar que el periodismo puede cambiar de soporte, de lenguaje y de velocidad, pero no de esencia. Desde aquel primer número quedó escrito un principio que atravesó generaciones: la sociedad necesita saber para poder decidir. Y en esa frase, dos siglos después, todavía late el corazón del oficio.


















