
El 1 de agosto de 1991, Mar del Plata vivió una escena que parecía imposible para una ciudad acostumbrada al viento del mar, la arena húmeda y los inviernos fríos, pero no necesariamente blancos. Aquella madrugada, una nevada intensa cubrió calles, techos, autos, plazas y playas, transformando a La Feliz en una postal digna de la Patagonia. Más de tres décadas después, el recuerdo volvió a encenderse este 2 de julio, cuando la ciudad registró nuevamente la caída de nieve y aguanieve en distintos sectores, en medio de una ola polar que hizo inevitable la comparación con aquella jornada inolvidable.
La nieve de 1991 comenzó a caer durante la madrugada y se mantuvo hasta cerca de las 9 de la mañana, con una acumulación promedio estimada en 8,5 centímetros, aunque en algunos sectores de la ciudad se habrían registrado valores superiores, incluso cercanos a los 20 centímetros.
Para miles de vecinos, fue la primera vez que vieron nevar en su propia ciudad. Al abrir las ventanas, muchos se encontraron con una imagen difícil de creer: la costa atlántica cubierta por un manto blanco, los barrios en silencio y las playas convertidas en un escenario completamente inusual.
Un fenómeno que sorprendió a todos y quedó en la memoria colectiva
La nevada histórica de 1991 no fue un episodio aislado de frío común. Durante los días previos, una masa de aire polar había afectado a la región y ya se anticipaba la posibilidad de nevadas, aunque pocos imaginaban la magnitud que alcanzaría el fenómeno.

La jornada comenzó con temperaturas bajo cero: distintos registros periodísticos señalan una mínima cercana a-1,5 °C y una máxima de apenas 3,7 °C, una marca extremadamente baja para la ciudad. Además, la sensación térmica llegó a niveles muy severos, lo que intensificó el impacto de aquella mañana helada.
Pero el frío quedó en segundo plano frente al asombro. Los marplatenses salieron a las calles para tocar la nieve, sacarse fotos, armar muñecos y jugar como chicos. Las escuelas alteraron su rutina y muchos alumnos terminaron viviendo una clase inesperada al aire libre: la de ver cómo la ciudad se convertía, por unas horas, en un paisaje blanco.
Las playas blancas, la imagen que Mar del Plata nunca olvidó
Si hubo una postal que resumió aquel día fue la de las playas marplatenses cubiertas de nieve. La arena, habitualmente asociada al verano, las sombrillas y el turismo, apareció tapada por una capa blanca que generó una imagen tan extraña como fascinante.

La Rambla, el centro, las plazas, los autos estacionados y los techos de las casas quedaron cubiertos por el fenómeno. En una época sin celulares ni redes sociales, las cámaras fotográficas se convirtieron en protagonistas: muchos vecinos corrieron a comprar rollos para inmortalizar una escena que sabían irrepetible.
A diferencia de otros registros de nieve en la ciudad, como los de 1964, 1972 o 1975, la nevada de 1991 quedó marcada como una de las más intensas y recordadas por su duración, acumulación y alcance visual.
Por qué nevó en Mar del Plata aquel 1 de agosto
La explicación meteorológica combina varios factores poco frecuentes en simultáneo: una masa de aire polar intensa, temperaturas muy bajas en superficie y en altura, humedad proveniente del mar y condiciones atmosféricas favorables para que la precipitación llegara en forma de nieve.

En una ciudad costera como Mar del Plata, la presencia del mar suele moderar las temperaturas, por eso una nevada de semejante intensidad resulta tan excepcional. Para que ocurra, no alcanza solamente con que haga frío: también deben coincidir humedad, inestabilidad y una atmósfera lo suficientemente helada para sostener los copos hasta el suelo.
El Servicio Meteorológico Nacional recordó años después aquel episodio como una de las nevadas más espectaculares registradas en la ciudad y señaló que a las 9 de la mañana ya había alrededor de 9 centímetros de nieve acumulada.
El día en que todos volvieron a ser chicos
Más allá de los datos, la nevada de 1991 permanece viva porque fue una experiencia colectiva. Familias enteras salieron a la calle, los chicos hicieron guerras de nieve, los adultos se sorprendieron como si vieran la ciudad por primera vez y Mar del Plata se permitió detener su ritmo habitual para mirar hacia arriba.

La ciudad, acostumbrada a recibir turistas en verano, tuvo aquel invierno su propio espectáculo natural. No hubo mar cálido ni reposeras, pero sí emoción, sorpresa y una postal que todavía ocupa un lugar privilegiado en los álbumes familiares.
El 2 de julio volvió a nevar y el recuerdo de 1991 se hizo presente
La caída de nieve y aguanieve registrada el 2 de julio volvió a emocionar a Mar del Plata y despertó una comparación inevitable con la nevada histórica de 1991. Si bien el fenómeno reciente no tuvo la misma magnitud ni dejó una ciudad completamente cubierta de blanco como ocurrió aquel 1 de agosto, sí alcanzó para que muchos vecinos miraran al cielo con sorpresa y compartieran imágenes de un episodio poco frecuente.

En distintos sectores de la ciudad y la región se reportaron copos, aguanieve y postales invernales, con especial impacto en zonas como Sierra de los Padres, donde el paisaje volvió a teñirse de blanco. Para quienes vivieron la nevada de 1991, la imagen trajo nostalgia; para las nuevas generaciones, fue una oportunidad de acercarse a una historia que durante años pareció pertenecer solo a fotos familiares, recortes de diarios y relatos de padres y abuelos.
Una postal eterna de La Feliz
A más de tres décadas de aquella mañana, la nevada histórica de 1991 sigue siendo mucho más que un fenómeno meteorológico. Es una memoria compartida, una historia que se cuenta en familias, escuelas y redes sociales cada vez que el frío se instala sobre la costa atlántica.
La nieve que volvió a caer el 2 de julio demostró que Mar del Plata todavía puede sorprender en pleno invierno, aunque la nevada de 1991 conserve un lugar único por su intensidad, duración y carga emocional.
Mar del Plata fue blanca por un día, pero ese día alcanzó para quedar grabado para siempre. Porque hay imágenes que no necesitan repetirse para seguir vivas: basta con que una ciudad entera las recuerde.
















