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San Martín y los próceres: amistades, traiciones y la polémica decisión que todavía divide a la Argentina

Lejos del bronce, José de San Martín tuvo vínculos decisivos con Belgrano, Pueyrredón, Alvear, Sarmiento y Alberdi. Pero una decisión final, entregarle su sable a Rosas, sigue generando debate casi dos siglos después.

San Martín y los próceres
San Martín y los próceres Foto: Archivo
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José de San Martín no fue un héroe aislado ni una estatua inmóvil en el bronce. Fue un hombre de carne y hueso que tejió alianzas, sufrió desencuentros, despertó admiración y también generó incomodidad entre los grandes nombres de la historia argentina. Su relación con Belgrano, Pueyrredón, Alvear, Sarmiento, Alberdi y Rosas revela un costado mucho más humano, complejo y fascinante del Libertador.

San Martín y Belgrano: el abrazo que cambió el rumbo de la Independencia

Cuando se habla de los grandes encuentros de la historia argentina, pocos tienen tanta fuerza simbólica como el de José de San Martín y Manuel Belgrano. Ambos ya se conocían por cartas antes de verse cara a cara, y ese intercambio había generado una relación marcada por el respeto, la admiración y una misma obsesión: salvar la Revolución.

El encuentro se produjo en enero de 1814, asociado tradicionalmente a la Posta de Yatasto, aunque algunas investigaciones ubican la reunión en la zona de Algarrobos. Allí, Belgrano cedió el mando del Ejército del Norte a San Martín tras las duras derrotas de Vilcapugio y Ayohuma.

José de San Martín y Manuel Belgrano
José de San Martín y Manuel Belgrano

Lo impactante no fue solo el traspaso militar, sino la grandeza política de Belgrano. Lejos de aferrarse al poder, entendió que San Martín podía darle al ejército una organización más eficaz. Incluso llegó a escribirle palabras de enorme humildad, pidiéndole que viniera no solo como amigo, sino como“maestro” y “jefe” si fuera necesario.

Esa frase resume una virtud poco frecuente entre los poderosos: saber dar un paso al costado cuando la patria lo exige.

Pueyrredón, el aliado clave: sin recursos no había cruce de los Andes

Si Belgrano fue el prócer de la confianza, Juan Martín de Pueyrredón fue el hombre que hizo posible la maquinaria de guerra sanmartiniana. En 1816, tras la declaración de la Independencia, San Martín necesitaba algo más que coraje: requería dinero, armas, mulas, caballos, uniformes, alimentos, artillería y respaldo político.

Juan Martín de Pueyrredón
Juan Martín de Pueyrredón

Pueyrredón, como Director Supremo, se reunió con él en Córdoba y apoyó la formación del Ejército de los Andes, una fuerza pensada para cruzar la cordillera, liberar Chile y avanzar hacia Perú.

La relación entre ambos quedó inmortalizada en una carta famosa de Pueyrredón, donde, agotado por los pedidos de San Martín, le responde que le envía sables, tiendas y todo lo que puede, rematando con una queja tan dramática como argentina:“Va el mundo, va el demonio, va la carne”.

Más allá del tono, el mensaje revela un dato decisivo: la gesta de los Andes no fue una aventura romántica, sino una operación logística monumental.

Alvear y San Martín: de compañeros de causa a rivales políticos

La relación con Carlos María de Alvear fue mucho más incómoda. Ambos llegaron al Río de la Plata en 1812, compartieron espacios de poder y estuvieron vinculados a la Logia Lautaro. Sin embargo, sus caminos se separaron con rapidez.

Carlos María de Alvear, historia
Carlos María de Alvear, historia

Mientras San Martín concentraba su energía en la estrategia continental de independencia, Alvear quedó asociado a una ambición política fuerte, al control de Buenos Aires y a disputas internas que terminaron enfrentándolo con otros sectores revolucionarios.

El contraste entre los dos es casi cinematográfico. San Martín pensaba en Chile y Perú, en romper el núcleo del poder español en Lima y asegurar la emancipación sudamericana. Alvear, en cambio, fue visto por muchos contemporáneos como un dirigente más pendiente del mando inmediato.

La tensión creció hasta convertirse en rivalidad abierta, con acusaciones, intrigas y panfletos que alimentaron una grieta temprana dentro del movimiento revolucionario.

Sarmiento frente a San Martín: admiración, choque y política

Otro encuentro cargado de tensión ocurrió décadas después, lejos del campo de batalla. El 24 de mayo de 1846, Domingo Faustino Sarmiento visitó a San Martín en Grand Bourg, Francia.

El sanjuanino tenía 35 años y estaba exiliado por su oposición a Rosas. San Martín tenía 68, vivía retirado junto a su hija Mercedes y cargaba con la gloria, el cansancio y el silencio de quien había liberado medio continente.

Domingo Sarmiento Foto: Archivo

Sarmiento quedó impactado. Según sus propios textos, pasó con él “momentos sublimes” y escuchó de primera mano relatos sobre el Ejército de los Andes, Chacabuco, Perú y la entrevista de Guayaquil.

Pero el encanto no fue absoluto. Cuando apareció el tema Rosas, el sanjuanino chocó con la mirada del Libertador. Para Sarmiento, opositor feroz del rosismo, resultaba incomprensible que San Martín valorara la defensa de la soberanía frente a las potencias extranjeras.

Alberdi y San Martín: el joven que vio al héroe sin maquillaje

Juan Bautista Alberdi también tuvo su propio cruce con San Martín en Europa. El tucumano, que más tarde sería una de las grandes mentes constitucionales del país, dejó una mirada menos solemne y más humana del Libertador.

No vio solamente al militar invencible, sino a un hombre austero, reservado, marcado por el exilio y por una vida de renuncias. Esa observación es clave porque rompe con la imagen escolar del héroe perfecto y muestra a San Martín en su dimensión más real.

Día del Abogado, Juan Bautista Alberdi
Día del Abogado, Juan Bautista Alberdi

Alberdi entendió algo que muchos tardaron años en aceptar: San Martín no buscaba brillar en la política cotidiana. Su figura pesaba justamente porque había sabido retirarse. No quiso ser caudillo, presidente ni árbitro permanente de la Argentina.

Prefirió el silencio antes que participar en guerras civiles que, para él, podían destruir aquello que tanto había costado liberar.

El sable a Rosas: la decisión que todavía incomoda

De todas las decisiones de San Martín, pocas generaron tanta polémica como su voluntad de legarle su sable corvo a Juan Manuel de Rosas.

La historia del sable corvo y cómo llegó a Rosas
La historia del sable corvo y cómo llegó a Rosas

En su testamento, el Libertador dispuso que el arma que lo había acompañado en las guerras de independencia fuera entregada a Rosas como reconocimiento por la firmeza con que, según él, había sostenido el honor de la República frente a las pretensiones extranjeras.

Ese gesto abrió una disputa histórica que todavía arde. Para algunos, fue una reivindicación de la defensa de la soberanía durante los bloqueos extranjeros. Para otros, una contradicción difícil de digerir, porque Rosas también quedó asociado al autoritarismo, la persecución política y la violencia interna.

Lo cierto es que San Martín no lo premió por su política doméstica, sino por una cuestión que consideraba superior: la defensa nacional frente a potencias extranjeras.

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